Análisis
Cae el DS 5503: Parte de daños y señalados
La debilidad técnica del decreto, la nula planificación política y la infantil estrategia comunicacional de llamar masista a todos quienes observaran su contenido ha acabado por sentenciar la iniciativa
Lunes de paños fríos y control de daños luego de que la semana “horribilis” de Rodrigo Paz Pereira acabara en una derrota sin paliativos tras apenas una semana de movilizaciones. En un mensaje emitido al filo de la media noche Paz Pereira asumía el traspiés reclamando una victoria parcial por la retirada de la subvención, pero la mayoría de los ciudadanos ya se había acostado con la valoración hecha.
Las protestas las ha capitalizado la Central Obrera, con todo su descrédito ganado a pulso y todos los intentos de criminalización, pero no el éxito: La COB es obviamente solo la punta de lanza de una corriente popular mucho mayor que es parte indivisible del país y que cada día aumentaba bloqueos.
La semana comenzó con un Rodrigo Paz enfatizando que no darían “un paso atrás ni para tomar impulso” y un operativo en las instalaciones de la Central Obrera antes de instalar el diálogo y ha acabado con el ministro de Economía redactando la capitulación en El Alto bajo la atenta supervisión de dos ponchos rojos y un casco minero. Es la imagen de la jornada.
La línea oficial de comunicación del gobierno intenta posicionar que se ha “salvado” la retirada de la subvención a los combustibles, como si de una victoria se tratara. Ya hace unos días el “oráculo” del Gobierno, Samuel Doria Medina, había puesto un post en esa línea: lo importante era “salvar” la subida de precios del combustible. Basta dar dos pasos atrás para que un político identifique lo inapropiado del “festejo”.
La Central Campesina mantendrá bloqueos mientras se cumple el acuerdo transaccional: llevar a un nuevo decreto solo los artículos referidos a “la subvención a los combustibles, la reprogramación de créditos al sistema financiero, la mejora de bonos sociales y el ordenamiento de la política salarial”. Es un extracto literal de lo acordado y nadie se fía de que la tramitación del nuevo decreto sea sencillo: en Río Seco, El Alto, se instaló en pocos minutos un bloqueo en rechazo a ese acuerdo, porque lo de la subvención, efectivamente, no es un tema tan cerrado.
La lista de damnificados
El desgaste evidente lo sufre el presidente Rodrigo Paz Pereira, que ha asumido en carne propia el giro de su gobierno hacia posiciones más conservadoras rompiendo puentes con el bloque popular que lo apoyó en la elección. La ruptura con Edmand Lara ahonda esta situación.
Paz Pereira asumió en primera persona la presentación del decreto el 17 de diciembre y también su defensa en varios momentos con frases de esas que pretenden ser lapidarias y acaban pesando como una losa: “Un paso atrás ni para tomar impulso”.
Errores técnicos
Por otro lado, ya había quedado señalado el ministro de Economía, Gabriel Espinoza, responsable técnico al final de la confección del decreto tipo “ómnibus” pero que acabó pareciendo un “mamarracho” con múltiples errores de redacción, ortografía, artículos inexistentes, anexos fantasmas y que fue cambiado de tapadillo en la Gaceta Oficial del Estado para corregir los errores más gruesos, pero muchos persisten.
Espinoza se ha perdido en el argumentario político, culpando a los gobiernos anteriores de la situación financiera – que no explica con claridad – y hablando de diversos pasajes de corrupción, y no ha logrado explicar técnicamente las diferentes medidas del acuerdo.
Errores políticos
El otro gran señalado es José Luis Lupo, ministro de la Presidencia, cuatro veces ministro en los 80 y 90 y desde entonces, tecnócrata ejemplar en grandes organismos multinacionales que discuten con gobiernos, no con organizaciones sociales.
Al ministro de la Presidencia se le atribuyen dos papeles en este tipo de “momentos definitorios”: la elección del momento oportuno para llevar adelante la medida, que normalmente implica una socialización previa y otras estrategias de posicionamiento; y después, la gestión de los “amarres” suficientes para viabilizarla, en este caso movimientos sociales, pero también fuerzas políticas, parlamentarias y económicas.
Es posible que este gobierno haya subestimado la capacidad de reacción de los movimientos sociales, pero desde luego no se ha logrado ni respaldo parlamentario – Tuto criticó la medida tras su presentación y desapareció – y apenas de organizaciones empresariales, que se limitaron a poner algún comunicado.
El hecho de que se optara por un Decreto alegando una Emergencia poco justificada para sortear disposiciones constitucionales muy claramente definidas, como en el caso del “Fast Track”, es un error político de magnitud. Varias de las reformas encubiertas en el decreto podían haberse trabajado vía ley, aun con procedimiento de urgencia, permitiendo su socialización y enriquecimiento en una Asamblea que en principio, es sensible a las tesis de Paz Pereira.
Al que se le ocurrió hacer coincidir la pelea por el decreto con otras acciones como el ingreso en la Reserva Natural de Tariquía, ejemplificando muy claramente lo que podría pasar con esa parte del decreto, no tendrá un recorrido muy largo en el Gobierno.
Errores comunicacionales
En estos tiempos en los que la comunicación se prioriza en cualquier acción política, no parece que la presentación del decreto y su defensa posterior se haya acompañado de las medidas necesarias para alcanzar el éxito.
El decreto tiene más de 100 artículos, pero todos sabían que la atención inicial se concentraría sobre el tema del precio del combustible, un tema que está más o menos socializado: Morales intentó su gasolinazo, Arce planteó un referéndum y en campaña todos los presentaron como algo casi inevitable, aunque no guste.
Alguien pensó que bastaba con criminalizar la protesta y tildar de masista al que se opusiera, pero lo cierto es que la protesta no dejó de crecer, y ha bastado una semana hábil para que las estrategias comunicacionales volaran por los aires.
Paz Pereira emitió un mensaje al filo de la media noche en el que reincide en la criminalización y en la polarización entre buenos y malos, conmigo o contra mí, muy del estilo de su asesor de cabecera, Fernando Cerimedo, pero lo cierto es que el movimiento popular en Bolivia tiene vida propia, un olfato fino para detectar estafas, y capacidad de resistencia contrastada.
El pulso no ha terminado.





