Análisis
Los disgustos de Lupo
José Luis Lupo fue apartado del ministerio de la Presidencia y asumirá la embajada de la OEA; su reemplazante es Fernando Aramayo, que deja la Cancillería
Era cuestión de tiempo que la cabeza de José Luis Lupo rodara por las escalinatas de Palacio Quemado. Nueve meses después de su posesión, se podría hacer una tesis sobre el extraño rol que ha jugado en el gabinete, no solo por su escasa influencia como ministro de la Presidencia, sino sobre la propia función de ese Ministerio.
Lupo llegó al gabinete como parte del pacto entre Rodrigo Paz y Samuel Doria Medina para la segunda vuelta. La candidatura del excementero había fracasado, pero no tardó en aferrarse a Paz como tabla de salvación, ofreciendo soporte logístico, cuadros intermedios, respaldo legislativo y unos cuantos nombres de primera línea. Ni Gabriel Espinoza ni José Luis Lupo podían considerarse fieles gregarios de Samuel, pero Lupo tenía una mayor simbiosis ideológica con él, así que luego de ser derrotado como Vicepresidente, podía poner en práctica sus convicciones desde el Ministerio de la Presidencia.
Más que de Samuel, Lupo era un hombre de los grandes organismos multilaterales; cuatro veces ministro y 25 años pasando por el Banco Interamericano, el Mundial, la CAF, etc., tenía clara la receta y una extraña predestinación: llegar al gabinete.
“Curiosamente” su reemplazante, Fernando Aramayo, canciller hasta hoy mismo, viene del mismo “mundo de la cooperación internacional”, las ONUs, las grandes ONG, Fundaciones y demás multilaterales que son los que definen la línea que los otros financian.
¿Qué es la Presidencia?
Uno de los grandes problemas que ha enfrentado Lupo en estos tiempos y que lo ha acabado devorando ha sido la indefinición de su cartera. En tiempos recientes con sujetos como Juan Ramón Quintana, pero también con María Nela Prado o Yerko Núñez, el papel estaba muy claro: era el supergerente del país que cuidaba todo lo que entraba y salía del gabinete, incluso de la Asamblea; Lupo no ha estado ni cerca de ese rol.
De entrada le cargaron algunos viceministerios clave y organismos complejos como el INRA; después tuvo que abrir el paraguas y acoger Justicia tras la tormenta que prepararon Lara y Camacho a cuenta de la cabeza de Freddy Vidovic. Después asumió todo lo que le quitaron al Vicepresidente – del centro de datos a la Biblioteca del Bicentenario – y se hizo cargo de la relación con la Asamblea con un pequeño gran problema: no había propuestas de Ley que negociar.
Lupo estuvo en contra del DS 5503 desde el primer momento, porque el decreto no solo elevaba el precio del combustible unilateralmente sin plan B y congelaba salarios, sino que aprovechaba para meter numerosas medidas de corte ideológica, como el fast track, que auguraba un despropósito.
Al final fue Lupo quien se sentó en el Coliseo de El Alto y liquidó el decreto salvando los asuntos emergentes, eso sí, con agujeros en la redacción (no tantos como el original que hasta en inglés estaba) pero que trajeron disgustos después.
En aquel momento ya quedó marcado. Unas semanas después habló de la “gasolina basura” y los contratos, desbaratando la estrategia comunicacional del gobierno que pasaba por hablar de boicot y culpar a la herencia recibida.
Apenas unos días después la Dirección de Comunicación dejó el Ministerio de la Presidencia y se acomodó directamente en la Oficina del presidente, el órgano que coordina el asesor personal del presidente, Fernando Cerimedo, desde donde sale el lineamiento político y se busca la coordinación interministerial.
Desde entonces Lupo ha sido una suerte de Pepito Grillo, una suerte de “crítico desde dentro”, pero con “buenas maneras” a diferencia de lo sucedido con Edmand Lara, con quien por cierto fue el único que intentó un acercamiento.
El ministro de la Presidencia fue el gran ausente en la crisis de los 55 días de bloqueo. Apenas participó de alguna mesa social con la Iglesia y la Vicepresidencia – que fue la efectiva – pero no hizo declaraciones, ni mediaciones, ni planteó soluciones.
En las últimas semanas, con Samuel Doria Medina anunciando su retirada del Gobierno, Lupo recorrió algunos canales cuestionando los ritmos y dando algunas pistas – o revelaciones envenenadas – sobre el rol del propio Cerimedo y su influencia sobre Paz Pereira.
Finalmente Lupo dejó el gabinete y asistió al acto de posesión de Aramayo. Paz enumeró sus principales funciones: coordinar gabinete, ordenar prioridades y etc., algo que desde luego Lupo, por acción u omisión, no hizo. Como sea, su próximo destino es la Organización de Estados Americanos.








