Urnas cerradas: ADN y UCS, al borde de la extinción
No es el MAS el único partido que probablemente pase al olvido, salvo que el Tribunal Supremo Electoral vuelva a sorprender con alguna determinación extraordinaria o se registre un giro total de los resultados respecto a las encuestas, también serán cadáver Unión Cívica y Solidaridad y ADN, dos partidos históricos del último cuarto del siglo XX.
A Unidad Cívica Solidaridad (UCS) lo enterraría Johnny Fernández, heredero de la sigla que fundó su padre, Max Fernández, en 1989 y que materializaba de alguna forma una corriente populista más conservadora frente a la emergencia social de Conciencia de Patria (Condepa) y se constituía en una de esas experiencias políticas ligadas al carisma, y sobre todo a la fortuna, de una sola persona, y que después se ha seguido replicando.
Johnny nunca fue Max, pero se quedó con la sigla y le dio para ser alcalde de Santa Cruz en dos oportunidades y candidatear en 2002 obteniendo un 5,51% de los votos y una bancada de cinco diputados.
Después de aquella experiencia, Johnny se dedicó más a los negocios y dejó la sigla a medio gas, hasta que en 2019 volvió a aparecer con Víctor Hugo Cárdenas de candidato en solitario. Aquellas elecciones fueron anuladas y en 2020 le prestó la sigla a Luis Fernando Camacho para armar su Creemos. Las diferencias ideológicas no fueron problema para aquel canje, y de hecho, Fernández se presentó a alcalde de Santa Cruz en 2021 y Camacho, que ganó con facilidad la Gobernación, no presentó candidato para la comuna.
Fernández se presentaba como representante del sector cruceño más popular, aunque diferente del masismo; en los últimos años sin embargo ha dado pasos hacia aquel lado. Inicialmente se le acusó de hacerle el juego a Luis Arce desde el municipio y al final se le consideraba como posible facilitador de la candidatura de Evo Morales, por el medio intentó auspiciar un pacto con Andrónico, Eva Copa y el propio MAS y mantuvo su sitio disponible en la vicepresidencia hasta el último día. Finalmente las negociaciones no cuajaron y UCS, salvo que el TSE cambie la normativa – que todo puede ser – ha pasado a mejor vida.
ADN, otra caída
También Acción Democrática Nacionalista (ADN) se aboca a su desaparición salvo cambio de normativa. La aventura electoral nunca tuvo demasiado tino, se barajaron varios nombres – de Jaime Dunn a Chi Hyun Chung – y hasta en tres ocasiones se presentaron titulares diferentes.
Primero se le intentó dar un toque más libertario, con uno de sus paladines en Bolivia, Antonio Saravia, como vicepresidente, pero aquello naufragó aireando incluso los costos de la operación. Finalmente asumió Pavel Aracena: “Soy Pavel, soy ingeniero, soy de derecha, soy creyente” que tuvo algún momento de trending topic en redes y poco más.
ADN recuperó su sigla perdida a través de diferentes pleitos en un momento de transición, en este embate, sin embargo, no han sabido gestionar el momento y Pavel Aracena saltó al vacío sin red. Del partido que utilizó Hugo Bánzer para darse patina democrática, que gestionó Tuto con múltiples pulsos paralelos, que acogió a McLean o Canedo, que cruzó los ríos de sangre, literalmente, ya no queda ni ADN.





