Rumbo al 18-O
Bola extra para Áñez
Retrasar un mes y doce días las elecciones le permite al Gobierno volver a organizar sus acciones para tratar de presentarse como exitoso en la lucha contra la pandemia. La vacuna y las decisiones que afectan a la curva de contagios pasan a ser claves.
La modificación de la fecha electoral no es aséptica. Un mes y diez días pueden ser claves para culminar un relato triunfalista o quedarse atrapado en la derrota. Así coinciden estrategas de uno y otro color y la mayoría de los analistas, que además advierten que el clima lo marcan los datos, y los datos los administra el Gobierno.
No hay ninguna evidencia científica que sustente lo que dijo Salvador Romero como motivo para retrasar las elecciones del 6 de septiembre al 18 de octubre, pero una parte importante de los candidatos quiere que así sea. En septiembre se preveían 130.000. Algunas universidades independientes estiman que en octubre habrá 180.000 y 8.000 fallecidos. Romero, Juntos y demás consideran que el virus estará de bajada.
Candidatear desde el Gobierno tiene sus pros y sus contras y eso lo sabe bien el equipo de Jeanine Áñez, que no dudó en dar el salto cuando vio a su alrededor todas esas herramientas de poder y cajas de resonancia, pero también tiene sus contras, que no son pocas de ordinario, y que se multiplican por 10.000 en caso de pandemia.
Hasta principios de julio, el Gobierno había asumido la derrota contra el virus luego de una planificación estratégica dirigida por el científico – ya huido – Mohammed Mostajo y administrada con un acentuado calor político.
El virus entró al país el 10 de marzo e inicialmente el equipo científico recomendó paciencia, pero vida normal, e incluso se enfrentó a las autoridades orureñas que rápidamente declararon cuarentenas y cierres de colegios. Dos días después, la presidenta Jeanine Áñez suspendía clases en todos los niveles en todo el país. Después dictó una media cuarentena y el 22 de marzo, con 37 casos positivos en el país, Bolivia ingresaba en una cuarentena total y en emergencia sanitaria tres días después. La efervescencia de las redes fue decisiva en unas medidas adoptadas por decisión política, no médica.
Por entonces, Mostajo aún era de perfil bajo, pero fue creciendo a medida que el Gobierno necesitó voceros. Mostajo estuvo en la compra de respiradores, en la instalación de laboratorios, en el equipo que rechazó el uso de pruebas rápidas como estrategia y también se permitió rechazar la donación de plasma como método experimental de curación. Mostajo, antes de salir del país, asumió que él había coordinado la estrategia.
El resultado es conocido, los casos empezaron a crecer, los respiradores nunca llegaron y los que llegaron fue con un sobreprecio mayúsculo, y en el momento en el que el asunto requería mayor dedicación, el gabinete inventó la cuarentena dinámica para mayo y finalmente, eliminó la emergencia sanitaria en el decreto de junio dejando toda la responsabilidad a los Gobiernos subnacionales.
La deserción le costó caro. Así lo indican las encuestas publicadas, que han mantenido a Juntos abajo, más que en enero cuando anunció sus intenciones, sin llegar al 20 por ciento y muy lejos de Carlos Mesa y Luis Arce. A partir de la lectura consciente, no pública, en Juntos ha empezado a cambiar la estrategia para tratar de recuperar terreno, algo que exige máxima atención.
Objetivo 1: Atrasar las elecciones. Ir a votar en medio del peor pico de la pandemia era una derrota segura y los estrategas y operadores se han dedicado en cuerpo y alma para atrasarla, algo que finalmente han logrado. Minar la confianza en el TSE y amenazar incluso los pactos de pacificación no han sido problema, que ha jugado sus órdagos y aún cuenta con la carta de la inhabilitación de Arce bajo la manga.
Un mes y doce días después del 6 de septiembre la situación puede ser más favorable para sus intenciones de poder aprovechar “otra batalla vencida”, o al menos a punto de ser superado. El exitismo es clave en la política populista.
Objetivo 2: Recuperar el control. La sensación de renuncia es generalizada y el plan de responsabilizar a los gobiernos subnacionales no ha funcionado en un país acostumbrado al centralismo. Lo de los positivos entre los miembros del gabinete también ha penalizado entre una población que quiere un Gobierno “fuerte”.
En las últimas semanas, el Gobierno ha empezado a dar pasos para recuperar el control al menos coyuntural y ya mirando a los ojos a las elecciones. Ahí se enmarca el nuevo bono, que además polariza con la Asamblea a quien le exige aprobar el crédito del FMI, pero también otras medidas
El Ministerio de Salud, por ejemplo, ha dejado de contemplar lo que sucede y ha distribuido ya un tratamiento ambulatorio básico para pacientes leves y un protocolo para la admisión de pacientes considerados positivos sin prueba PCR. También para las altas médicas. El objetivo es ahorrar reactivos, pero también le ha servido para recuperar presencia más allá de pelear con los ultras del dióxido de cloro o la ivermectina.
Objetivo 3: Doblar la curva. El siguiente paso para que el plan sea exitoso es lograr “doblar la curva” de contagios, un concepto importado a nuestro país y que no tiene para nada en cuenta la evolución de la enfermedad sino, esencialmente, la capacidad diaria de hacer test.
En ese campo hay un problema, pues con el rebrote en Europa y el estallido en Asia Central – India, la demanda de reactivos se ha vuelto a disparar y Bolivia ha vuelto a quedar en curva. Con todo, el potencial de testeo está entre los 2.500 y 3.000 test diarios.
El Ministerio ya considera nuevos protocolos para sumar positivos sin PCR y sin PCR individualizada, lo que evidentemente mantendrá altos los números en las próximas semanas. Identificar más supone aislar más y recuperar más, y cuando haya más recuperados que contagiados y, sobre todo, más aislados, la curva se empezará a doblar.
Eso, o que se hagan menos pruebas. Entonces también se empezará a doblar, pero no será real.


