La rodilla de Evo y esos giros fatales
Hugo Chávez cantaba rancheras, recitaba poemas y jugaba beisbol. Bill Clinton tocaba saxofón y salía a trotar con impecable trajecito deportivo. Vladimir Putin ha hecho gala de su buena voz cantando jazz,
incluso tocando algunos acordes en piano, y ejecutó demostraciones de judo junto con el equipo olímpico ruso. Evo Morales, de cuando en cuando, suele recordar sus épocas de trompetista folklórico de la banda Imperial y, especialmente, ha jugado fútbol en todo el país y diversas partes del mundo.La construcción de la imagen de líderes populares constituye un arte delicado y peligroso. Hubo momentos estelares, especialmente en campañas proselitistas, cuando este tipo de retoques pulieron la obra. Ahí queda un Chávez declamando el poema dedicado al guerrillero Maisanta ante un auditorio enfervorizado. Está el propio Putin cuando apareció durante una gala de beneficencia en San Petersburgo y, delante de decenas de estrellas cinematográficas, cantó en inglés. Suma Evo tocando la trompeta en el conmovedor concierto de las bandas que cada año inicia el carnaval orureño.Líderes que a ojos de las multitudes completan su popularidad mostrándose a la vez como uno más de todos, pero virtuosos y seguros de sí mismos. Algunas veces, ciertos “accidentes” les subieron valiosos puntos en las encuestas. Entre los más célebres figura aquella aparición de John John, el hijo de John Kennedy en medio de una conferencia de prensa. El candidato había recibido a los periodistas en su casa y el pequeñito de tres años de edad apareció con un bacín en las manos y le dijo: “Dady, I want to make pee”.Curiosamente, no había ningún colaborador oficioso, ni tampoco haría falta. Kennedy suspendió durante un minuto sus declaraciones y protagonizó junto a su retoño la meada asistida más fotografiada de la historia. “Era el padre hogareño, que privilegia a sus hijos, el hombre que toda mujer querría tener”, relata en su texto Lavadores de cerebros, Ivan Petrovich. “Para entonces quienes trabajaban la imagen de aquel candidato sabían que su talón de Aquiles era una desastrosa conducta hogareña cargada de infidelidades y escándalos”. Y Kennedy subió en las encuestas para luego resultar elegido Presidente en noviembre de 1960. La figura doméstica les sirvió también, por ejemplo, a los socialistas chilenos. En 2004 habían desgastado ya a sus principales figuras varoniles en los gobiernos de la Concertación de partidos. La derecha crecía en las encuestas con candidatos jóvenes y de verborragia seductora. El Partido Demócrata Cristiano planteaba tomar la posta en la Concertación con una candidata mujer de finos modales, Soledad Alvear. Y entonces apareció aquella señora, Ministra de Salud, que reflejaba a la tradicionalmente dominante ama de hogar chilena, con verbo a momentos cálido y a momentos firme. “Ella, Michelle Bachelet, debía poner en orden la casa”, virtualmente dijeron las encuestas. Superó a Alvear en las internas, a la derecha en las nacionales y hasta se dio el lujo de retornar al poder ocho años más tarde. La ingeniería de imagen, aunque con extremo esfuerzo, pudo hacer incluso que personajes detestados por multitudes y de escaso carisma tomen democráticamente el poder. Un clásico ejemplo podemos hallarlo en Bolivia con el posicionamiento del ex dictador Hugo Banzer, primero como candidato, y luego como Presidente. Aquel proceso tomó cerca de 19 años (1978 – 1997). Y en las dos ocasiones Banzer dejó el país en medio de desastres económicos, políticos y sociales. Quienes le trabajaron la imagen tuvieron la habilidad de relacionar su temperamento déspota con el orden que da estabilidad a un país. Supieron articular la bonanza (alta deuda e ingresos altos) que derrochó la dictadura con el desastre (hiperinflación) que Banzer dejó a sus sucesores. “Cuando el general mandaba las cosas estaban bien, el general deben volver”, era el estribillo. El otro ejemplo constituye el de Sánchez de Lozada. En 1993, su aureola de bromista y potentado exitoso le permitió privatizar el país a favor de sus socios internacionales. Su operación retorno al gobierno de un país al borde de la eclosión, en 2002, se halla detalladamente mostrada en el documental Our Brand is Crisis. Ganó a duras penas, prometiendo luchar contra la corrupción y empleos, también lanzando golpes arteros a sus rivales. Su sonrisa se desdibujó en menos de seis meses sin golpe de imagen que pueda devolvérsela y salió huyendo de Bolivia en octubre de 2003. Así, la delicada imagen de un líder requiere de ser construida, preservada y hasta sujeta a una cirugía estética. Adicionalmente, los asesores de imagen deben estar alertas ante los golpes que esa imagen pueda recibir del enemigo, del propio líder o hasta del destino. En 2005, un aguerrido sindicalista, contestón, “vivo”, vestido con “su chompa a rayas”, señalaba la “obra” de Goni, Banzer y de todos los que les habían hecho el coro. Con lisura se burlaba hasta el mismísimo embajador de EEUU, su “jefe de campaña”. Andaba rodeado de reporteros con los que se trataba de “tú” y se despedía en medio de risotadas. Millones de parecidos, con chompas y melenas hirsutas y otros que no tanto se identificaron con él. La gente le llamaba “el Evo” y le dio las mayores victorias electorales de la historia. Este 2016, a la imagen de Evo Morales le llegaron los golpes más duros de la década, incluidos varios a su complementario vicepresidente. Los casos Zapata, Fondioc y “licenciado”, entre otros, con sus verdades y mentiras, con sus intrigas añadidas, golpearon como nunca al Mandatario.Los golpes han sido tan duros que los asesores de imagen o lo que se les parezca andan despistados en sus respuestas. Se han reiterado las cursi adulaciones que definen a Evo entre lo divinal y lo infalible, incluso en voz de la propia Presidenta de Diputados. Dos diputados han llegado a asegurar que es un líder mundial. Paralelamente, los voceros presidenciales asumieron conductas soberbias, agresivas e intolerantes. Mientras que hasta el propio Presidente no deja de reiterar el cansino discurso de que es discriminado por ser indígena en tono de autovictimación. También se dedica a denunciar conjuras y complots sin tregua. ¿Qué imagen está construyendo?Probablemente, sus actuales asesores olvidaron a aquel Evo triunfador y popular o no tienen el poder para recordárselo al resto del MAS. Para colmo, una feroz rotura de ligamentos lo sacó de las canchas futboleras. Lesión delicada que ha hecho que la mayoría de los crakcs dejen el balompié para siempre, salvo brillantes intervenciones de sus médicos.


