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Mediterráneo: El límite
Este texto forma parte del Boletín Mediterráneo que cada viernes distribuye el director Jesús Cantín repasando la agenda internacional y su conexión con Bolivia, si quieres recibirlo directamente en tu correo, suscríbete
Queridos lectores de Mediterráneo, he vuelto. Je.
Si recién te has suscrito o te acercas por primera vez a esta newsletter, me presento: Soy Jesús Cantín, director del diario El País, que se edita desde Tarija, pero con mucha ambición nacional. En estos tiempos de cacerías mediáticas, de desinformación salvaje y de narrativas apocalípticas, este boletín nació hace ya tres años con la humilde intención de conectar las cosas que pasan por el mundo con lo que pasa cada día en Bolivia, porque, aunque vivamos rodeados de tierra y sigamos siendo muy endogámicos y cerrados en la lectura del mundo, todo está conectado, y a veces la distancia te da la medida necesaria para enfocar con mayor precisión.
Este, claro, es un producto editorial y también personal. Cada viernes repaso tres o cuatro temas, les pego enlaces y videos cuyo contenido no siempre comparto pero que me han ayudado a (intentar) entender en la semana y les comparto mis reflexiones. Trato de ser breve pero rara vez lo consigo. En estos tiempos de la inmediatez es un producto contracultural, pero que disfruto escribir.
He vuelto, digo, porque hice un largo parón no tan vacacional y de hecho muy poco relajante, aunque muy bien acompañado. No se desató ninguna Guerra Mundial, aunque lo de Irán volvió a fojas cero y no se sabe cuántas amenazas más se han cruzado en este mes, y España salió campeona del mundo en el Mundial más geopolítico de la historia y que acabó dando uno de los mejores ejemplos prácticos de lo que es la postverdad y todos estos temas que a menudo comento en este espacio: El mundo entero vio el partido y puede repasar las estadísticas, pero una enorme cantidad de gente en las redes, incluso muy influyentes, prefirió creer en teorías de conspiración, boicot, y otras cosas extrañas. ¿Qué nos sorprende entonces de cómo se interpretan pactos y acuerdos políticos firmados entre cuatro paredes?
En política el Gobierno aun trata de recomponerse de los 55 días de bloqueo, pero casi le está yendo peor. Primero insistió en la estrategia de Bolivia en el mundo y el mundo en Bolivia; le dio el Cóndor de los Andes al presidente; nombró embajadores a Lupo y Camacho y finalmente el Canciller se convirtió en Ministro de la Presidencia, pero con competencias en Planificación, para poder seguir asistiendo a los foros multilaterales. En paralelo cerró el ministerio de Turismo que él mismo creó nueve meses antes y colocó Cultura en el limbo.
Los problemas son dos: el dólar y el combustible, que pueden ser el mismo pero que no lo son. El resto no son problemas en sí, sino desinteligencias graves producto muchas veces de la soberbia o la vanidad y que han dejado al aire un hígado ya destrozado en la pelea. Y queda muchísimo. Solo quedan seis de los 15 ministros que empezaron la aventura de gobernar hace solo nueve meses. Uno cuestionado por opacar el valor de sus bienes; otro al que el Comandante de la Policía le corrige la agenda; otro aferrado a la DEA…
Es verdad que el FMI no es lo que era. Primero porque ya no acepta cargar con todas las culpas y le exige a los gobiernos que antes de solicitarle ayuda, al menos muestren buena voluntad con las reformas que saben que les van a pedir. En Bolivia subieron el combustible, congelaron salarios, liberaron el dólar y se pusieron en la fila con un paquete de leyes de la que solo ha mostrado la de Inversiones, que tiene un espíritu más híbrido de lo que se temía, y que parece envolver en el capítulo de Alianzas Público – Privadas el asunto del recorte del déficit fiscal.
Hay otro asunto clave en esa relación con el Fondo, y es esencialmente la ausencia del “Estado del Bienestar”. En su receta, recortar servicios públicos – además de subir el IVA y congelar jubilaciones – es un clásico, pero en Bolivia apenas hay de donde cortar. En ese sentido, el manual que pueda desplegar cuando se aprueben los 1.900 millones de dólares a priori ya pactados pero que deben refrendarse en Asamblea, es un misterio. Con seguridad habrá ajuste, pero nadie asegura por donde vendrán las reacciones.
Visto dentro del bloque continental, Bolivia está avanzando en la línea marcada que electoralmente se va imponiendo. Perú finalmente volvió a la derecha más oscura, la del fujimorismo, después de tres intentos fallidos que no le impidieron seguir manejando los resortes del poder, y Colombia, pendular de manual, voló de Petro al otro extremo con un Abelardo de la Espriella que tiene una hemeroteca que asusta, pero que no ha asustado a los colombianos.
Lo difícil no es llegar, sino mantenerse. Solo José Antonio Kast en Chile compite con Paz Pereira como líder de la destrucción del apoyo popular en tiempo récord gracias a su afán reformista que ha beneficiado esencialmente a las élites y hecha sin remordimientos. Javier Milei no atraviesa su mejor momento luego de la fallida aventura de privatizar la Patagonia e incluso en Paraguay, donde el partido Colorado es hegemónico desde siempre, empieza a haber síntomas de agotamiento. Así de rápida va la política hoy. La indignación. Las redes. La mala gestión.
En este Mediterráneo voy a abordar el extraño caso de Pedro Sánchez y su política migratoria, que resiste contra viento y marea, y las proyecciones en Colombia del nuevo gobierno de ultraderecha. Además, asentamos Brasil y más abajo, recomendaciones.
Ceuta y el extraño caso español con la migración
¿Qué pasó?
El 30 de julio, Ceuta vivió la mayor entrada masiva de migrantes de su historia reciente. En apenas unas horas, decenas de miles de personas intentaron cruzar desde Marruecos por tierra y, sobre todo, a nado. Las estimaciones actuales sitúan el número en torno a 72.000 personas, aunque las primeras cifras manejadas por las autoridades españolas fueron inferiores.
La dimensión humana de la crisis fue brutal. Al menos 96 personas murieron durante los intentos de entrada, principalmente por ahogamiento y avalanchas.
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Pero hay otro dato que explica mejor que cualquier discurso la naturaleza del fenómeno: unas 65.000 personas han regresado ya voluntariamente a Marruecos. Apenas unas 5.000 permanecen en Ceuta, entre ellas miles de menores.
Es decir, la entrada masiva no se convirtió en una llegada definitiva a España. Cuando quienes habían cruzado comprobaron que no podían simplemente instalarse en territorio español, una enorme mayoría decidió regresar.
¿Ahora qué?
El asunto de los saltos multitudinarios ya había sido utilizado en otras ocasiones porque neutraliza a las fuerzas del orden europeas que se ven sobrepasadas. Esta vez el “motivo” era una reciente sentencia judicial que cuestionaba las llamadas “devoluciones en caliente”, un trámite introducido hace unos años. Hasta entonces, las leyes garantistas obligaban a seguir un proceso largo que, casi siempre, acababa facilitando la instalación del migrante irregular en Europa al excederse en la tramitación de la expulsión.
La acción ha puesto en evidencia a los servicios de inteligencia español, que no estaban ni enterados de lo que sí sabían más de 70.000 marroquíes.
Además, vuelve a enrarecer las relaciones entre España y Marruecos – hay acusaciones de complicidad, invasión, etc., - que tiene su propia derivada en las relaciones con la OTAN y con Trump, azote de Pedro Sánchez.
El rey Mohamed VI es sin duda el mejor amigo de Trump en el estrecho y uno de sus socios en la interlocución con los países árabes y el conflicto en Oriente Medio. Trump hace tiempo que le tiene ganas a Pedro Sánchez, que no solo fue el más crítico con la operación en Palestina y se negó a ceder bases en la guerra con Irán, sino que opera desde la UE y la OTAN una voz diferente.
- Aquí el podcast de El Orden Mundial: Así influye Marruecos en España
Sánchez ya cedió el Sáhara – considerado una traición por los propios socialistas españoles – para cerrar una vía de chantaje permanente, por ello ahora son Ceuta y Melilla el tema de conversación.
En la interna europea, también ha habido consecuencias con la UE, y en particular con el tratado Schengen: El principio europeo es sencillo: libertad de circulación interior a cambio de unas fronteras exteriores eficaces. Cuando un país considera que esas fronteras exteriores han dejado de funcionar, reaparece la tentación de levantar controles internos. Y eso es exactamente lo que está ocurriendo.
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Italia ha utilizado Ceuta como argumento para justificar sus controles sobre viajeros procedentes de España. El Gobierno de Meloni sostiene que una entrada masiva de personas en territorio europeo puede tener consecuencias de seguridad y migratorias para el conjunto del espacio Schengen. España considera que esa reacción es desproporcionada y que convierte una crisis localizada en una disputa contra un socio europeo.
El problema es que Italia no está completamente sola. Alemania, Austria, Países Bajos, Polonia, Francia y otros países europeos mantienen o han reintroducido controles temporales en distintas fronteras interiores por razones vinculadas a migración, seguridad o terrorismo. La propia Comisión Europea admite que el funcionamiento de Schengen está sometido a una presión creciente.
Vienen elecciones, y la Migración da votos, pero mientras la inmensa mayoría de líderes europeos, norteamericanos, e incluso ¡sudamericanos y africanos! apuestan por la criminalización, el gobierno español acaba de apostar por una regularización masiva que ha justificado con datos de empleo, de aportes a la seguridad social y de integración exitosa.
Sánchez tiene elecciones, como tarde, en julio de 2027.
¿Qué hay de lo nuestro?
Ceuta queda muy lejos de Bolivia, pero la discusión nos alcanza de lleno.
Bolivia ha sido históricamente un país expulsor de población. Millones de bolivianos han buscado oportunidades en Argentina, España, Estados Unidos, Chile y otros destinos. Y buena parte de ellos no se marchó por razones ideológicas ni por deseo de abandonar su país: se marchó porque en otro lugar podía ganar más, trabajar mejor o construir un futuro que no encontraba aquí.
La misma lógica funciona a la inversa. Por eso conviene mirar la crisis europea también desde una perspectiva económica y no únicamente desde la seguridad.
La migración es, en buena medida, un mercado laboral funcionando a escala internacional. Donde faltan trabajadores, llegan trabajadores. Donde sobran trabajadores y faltan oportunidades, salen trabajadores.
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El Estado puede regular ese movimiento, establecer requisitos, combatir las mafias, proteger sus fronteras y garantizar derechos. Lo que difícilmente puede hacer es abolir las diferencias de oportunidades que generan los desplazamientos, porque la desigualdad en el mundo, amigos, sigue siendo enorme.
La gente migra buscando una vida mejor, y mientras esa vida mejor siga estando en otro sitio, seguirá existiendo migración.
Colombia: De la Espriella y la política del «orden»
¿Qué pasó?
Lo sucedido en Colombia ejemplifica lo que es el péndulo, pero radical. Tan ruidoso y trascendente ha sido el gobierno de Gustavo Petro como su recambio. De un extremo a otro.
Abelardo de la Espriella llegó a la Presidencia con un discurso de derecha radical, mano dura y ruptura total con el proyecto de Gustavo Petro. Obtuvo 12,96 millones de votos, el 49,66%, frente a los 12,71 millones de Cepeda, el 48,70%. Apenas 250.000 votos separaron a los dos candidatos.
Esta semana además Colombia fue sacudida por un fuerte terremoto con el nuevo gobierno apenas asentado.
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¿Ahora qué?
El resultado no fue simplemente el regreso del uribismo. De la Espriella llegó desde fuera de las estructuras tradicionales y consiguió capitalizar simultáneamente el rechazo a Petro, el miedo a la inseguridad y una creciente demanda de autoridad. Su propuesta de «Patria Milagro» se construyó alrededor de la seguridad, la defensa de la propiedad privada y una reducción drástica del Estado.
El nuevo presidente propone recuperar el control territorial en 90 días, terminar con la «paz total», combatir militarmente a los grupos armados, fumigar los cultivos de coca y construir hasta diez megacárceles inspiradas en el modelo salvadoreño. En economía promete reducir impuestos, recortar el gasto estatal y llevar el crecimiento hasta el 7% anual.
El 7 de agosto, ya como presidente, confirmó el tono. Su discurso de posesión estuvo marcado por la defensa de la autoridad, la propiedad privada, la austeridad fiscal y una política de «combate definitivo» contra los grupos armados.
La cuestión, por tanto, no es solamente que Colombia haya girado a la derecha. Ha girado hacia una derecha que considera que los problemas complejos pueden resolverse fundamentalmente mediante autoridad, disciplina y capacidad coercitiva del Estado. Más de lo mismo.
La receta se presenta como una reducción del Estado, pero necesita un Estado mucho más fuerte para aplicarse. Se propone reducir burocracia y gasto público mientras se incrementa la capacidad militar, policial, penitenciaria y de inteligencia. Se habla de libertad económica mientras se pretende ejercer un control territorial mucho más intenso.
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Y, sobre todo, se promete resolver en meses problemas que Colombia lleva décadas sin resolver: narcotráfico, guerrillas, etc.
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La propuesta de De la Espriella llega acompañada de una fuerte personalización del poder y de una concepción de la política en la que la eficacia parece justificar buena parte de los instrumentos. Ese es precisamente el terreno en el que el modelo Bukele resulta atractivo: resultados visibles, comunicación directa, cárceles gigantescas, enemigos claramente identificados y una narrativa política extraordinariamente sencilla. Ojo que Lara lo idolatra.
De la Espriella, como Bukele, seguramente acabe topando con la Constitución en sus aspiraciones y formas, que distan poco de lo dictatorial. La cuestión es que en Colombia todos lo saben, e igual lo votaron. En algún momento se alcanzará un punto de no retorno, y deberá demostrar no que “es duro”, sino que es “eficaz”.
Lo más probable (aquí me aventuro) es que entré en un ciclo de desgaste rápido como los otros experimentos de la región y acabe pactando con el uribismo clásico la defensa y con los liberales la economía. Pero también cabe la posibilidad de que transforme el país en una dictadura. De momento la DEA ya celebra su libertad de movimientos.
¿Qué hay de lo nuestro?
Para Bolivia, Colombia es particularmente importante porque funciona como uno de los grandes laboratorios políticos de América Latina.
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Lo ocurrido allí confirma una tendencia que ya analizábamos en Perú y que también aparece en Chile, Argentina, Ecuador y otros países: el electorado está dejando de organizarse exclusivamente alrededor de izquierda y derecha y empieza a hacerlo alrededor de otra pregunta: ¿Quién puede devolverme el control?
En Bolivia el experimento no ha salido bien, pero la pregunta sigue en el aire, y los “viejos políticos” que muestran discrepancias ya van tomando posiciones.
En la relación de estos nuevos gobiernos con la democracia y con la necesidad de erosionar las instituciones para legitimarse están parte de las respuestas.
Para seguir: Brasil entra en campaña
Brasil entra este domingo 16 de agosto oficialmente en campaña para unas elecciones presidenciales que tendrán su primera vuelta el 4 de octubre y, si nadie supera la mitad de los votos válidos, una segunda vuelta el 25 de octubre. El Partido de los Trabajadores ya oficializó a Luiz Inácio Lula da Silva, que busca un cuarto mandato, mientras Flávio Bolsonaro se ha consolidado como el principal candidato de la derecha y heredero electoral de su padre, Jair Bolsonaro, aunque con polémicas.
- Chequea tendencias aquí: Seguimiento de encuestas: Elecciones presidenciales de Brasil de 2026
Las encuestas mantienen a Lula por delante, pero la distancia comienza a estrecharse. La última de Folha de Sao Paolo le da 38% frente a 31% a Flávio en primera vuelta y 43%-40% en una eventual segunda vuelta, dentro del empate técnico. CNT/MDA mantiene una ventaja mayor: 42,4% contra 28,7% en primera vuelta y 48%-39,1% en el balotaje. En cualquier caso y como siempre: nadie cree en las encuestas, pero todos las leen.
La polarización es evidente, pero hay más jugadores y Brasil ha tenido tradicionalmente un parlamento muy atomizado, con muchas fuerzas que miran por los intereses de sus propios Estados, así que una de las incógnitas es qué ocurrirá con el voto de la derecha si candidatos como Ronaldo Caiado, Romeu Zema o Renan Santos siguen en carrera. Por ahora, ninguno alcanza el 5%, pero pueden ser decisivos en una segunda vuelta.
Polémicas no van a faltar. Las campañas se juegan en las redes, en la televisión y en el puerta a puerta, pero siempre en el terreno de las emociones. Flávio tuvo problemas para registrar su candidatura después de que el sistema electoral lo mostrara afiliado a otro partido, un episodio que su entorno calificó de sabotaje aunque las autoridades lo atribuyen a un error interno del partido.
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Al mismo tiempo, tanto Donald Trump como Javier Milei han entrado “indirectamente” en la disputa: el primero por su enfrentamiento comercial con Brasil y el segundo por su respaldo explícito a Flávio que ha incluido insultos variados contra el mandatorio brasilero. Lula mientras tanto intenta convertir esa presión externa en una bandera de soberanía nacional que muchas veces le ha funcionado, aunque va perdiendo fuelle como en todo lado.
Brasil es prácticamente el último reducto de la izquierda en Sudamérica junto al diminuto Uruguay. Corren apuestas.
LAS RECOMENDADAS
Parece que no ha sido muy breve, así que les dejaré solo unas pocas para el fin de semana.
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