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Mediterráneo: Mediterráneo: La unilateralidad y otros detalles menores
Este texto forma parte del boletín Mediterráneo, que cada viernes distribuye el director Jesús Cantín conectando la actualidad internacional con la coyuntura nacional. Si quieres recibirlo directamente en tu correo, suscríbete
Estimados y estimadas
Me quería regalar una larga vacación de este boletín pensando en retornar capaz después de Carnaval pero prometí volver en caso de guerra mundial o colapso internacional y bueno, no, pero casi.
El pasado viernes no me había acostado todavía cuando varios medios empezaron a reportar “explosiones y sonidos en el aire sobre Caracas” para acabar confirmando lo que era la primera operación armada contra un país sudamericano en este siglo: después del despliegue en el Caribe y los bombardeos impunes a lanchas presumiblemente con droga en el que murieron casi un centenar de sudamericanos, el presidente de los Estados Unidos autorizaba la operación en tierra que apenas ningún analista de estos temas había concedido como factible, peor en tan corto plazo.
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La operación, cuentan, fue rápida y quirúrgica. Las defensas antiaéreas de Caracas no acertaron con un helicóptero, se cerraron las vías de escape y Maduro fue detenido junto a su esposa por un equipo de tropas especiales de esas de las películas que aparentemente liquidó a su guardia presidencial en un santiamén.
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Durante unas horas se desató el caos informativo sobre los siguientes pasos, pero pronto quedó en evidencia que no había habido el Golpe de Estado que algunos esperaban y que el gobierno de Maduro quedaba prácticamente intacto.
Ha sido el propio Trump el que ha ido dando explicaciones sin dejar un ápice de dudas: desahució a María Corina Machado como líder de la “transición” y empoderó a la vicepresidenta Delcy Rodríguez. Después, por si quedaban dudas, dejó en claro que todo estaría bien si le dejaban administrar el petróleo.
Hay poco margen de interpretación, pero aún así se han mantenido los debates acalorados sobre la relevancia de la operación, la naturaleza de la motivación y sus consecuencias.
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El régimen de Venezuela había perdido toda la legitimidad democrática, pero además las cuentas hacía tiempo que no cuadraban. El bloqueo ha impedido mantener los pozos operando y si el único obstáculo para que volvieran a bombear era Maduro, pues listo. Trump sabe hacer negocios.
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Los Rodríguez van a saber seguramente canalizar la situación para construir un relato que justifique el momento para que no pase demasiado en un país que perdió más del 30% de su población.
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Después llegaron las noticias sobre los argumentos mucho más moderados de la denuncia contra Maduro y la figura retórica del “cártel de los Soles”; el restablecimiento de las relaciones diplomáticas públicas y la liberación de los presos políticos.
Las conclusiones se van asentando, y ciertamente no son apacibles ni reconfortantes, sino más bien el corolario definitivo a una época donde la Ley del más Fuerte ha retornado con fuerza y la solidaridad está siendo desterrada. Estados Unidos lo puso negro sobre blanco en su documento estratégico a finales del año pasado: doctrina Monroe con corolario Trump y así lo ha operado.
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Al régimen bolivariano siempre le ha interesado sobrevivir, y esto no parece una excepción – de momento -; a Trump lo que más le importaba era sentar el precedente de que puede entrar a cualquier país a hacer lo que quiera y sobre todo, mandar un mensaje a China de que Sudamérica es SU burbuja de influencia y que todos fuera de allá. China se quedó en el molde, desde luego.
Se abre así un nuevo escenario hemisférico, continental y mundial, por si quedaba alguna duda, en el que la democracia desde luego no es lo más importante. Lo de denunciar fraudes y despreciar los derechos humanos es recurrente tanto a la izquierda como a la derecha, y además, gana elecciones, así que lo importante es quién cuenta al final la batalla y ahí volvemos al rizo: posiblemente Maduro perdió muchos amigos por su deriva autoritaria, pero muchos más porque ya no podía regalar petróleo.
El número de regímenes autoritarios en el mundo van en aumento en todos los continentes: volvieron los Marcos a Filipinas; se suceden los golpes en el África Subsahariana; las monarquías de Marruecos y Arabia Saudí, que no saben de DDHH, gozan de muy buena salud; Al Sisi cubre a la perfección Egipto; Erdogan no tiene rival en Turquía, porque van presos. En Europa el asunto también da votos: Giorgia Meloni ya protagoniza el periodo de mayor estabilidad en Italia de las dos últimas décadas; a Orbán nadie lo mueve de Hungría y han crecidos figuras similares en países “menores” como Eslovaquia y Rumanía, donde se llegaron a suspender elecciones alegando “injerencia rusa”. En los grandes países también crece: Vox en España, Le Pen en Francia y la AFD en Alemania han llegado ser alternativas reales de gobierno.
Sudamérica no es excepción, porque además siempre fuimos muy de caudillos. Ahora se lleva el tono Trump y ahí despuntan José Antonio Kast en Chile y los Bolsonaro en Brasil, más allá de Javier Milei, que tiene más candados democráticos que sortear. A esta línea medio despótica y bravucona se han afiliado otros presidentes como Daniel Noboa en Ecuador, y también parece quererla abrazar Rodrigo Paz, con sus argumentos beligerantes sobre corrupción y mano dura, que nadie sabe cómo se materializarán.
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El riesgo de estas líneas autoritarias; Dios, Patria y Familia y demás, sirven para la interna, pero cuando llega el verdadero matón del barrio, pues suele acabar en humillación.
Las reacciones oficiales a lo sucedido en Venezuela han sido, de nuevo, de un pragmatismo temerario que, en general, validan el procedimiento. El propio Trump lo ha corroborado. Colombia, México, Brasil y el presidente saliente de Chile han sido los más combativos de la región, y tanto Petro como Sheinbaum se han llevado su amenaza – aunque luego lo arreglan por teléfono -. En Europa los países grandes, incluyendo el Reino Unido, han firmado un comunicado pidiendo respeto con Dinamarca, propietaria a todos los efectos de Groenlandia, isla que Trump quiere anexarse y no ha dejado ninguna duda de ello. El hecho de que firmen tal comunicado da precisamente más verisimilitud a la amenaza.
Lo otro evidente es que Rusia y China han tomado nota. Rusia se ve más legitimada que nunca a continuar con la guerra en Ucrania, o donde quiera, y China constata que habrá menos resistencias ante cualquier movimiento sobre Taiwán y su política de “Una sola China”.
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Vivimos tiempos ásperos, pero son los nuestros. Para completar esta edición adelantada abordaré otro tema vital, como el de Tariquía, otro conflicto abierto desde el gobierno en un momento en el que ya tenía bastantes, ha considerado oportuno abordar. Además cierro con el asunto narco y sus efectos en la seguridad ciudadana, un asunto que ya ha traído de cabeza a países como Ecuador y Perú, y que tiene un caldo de cultivo – la pobreza, la falta de alternativas, la frustración de los proyectos de vida – que parece abonar el DS 5503 si no se introducen modificaciones profundas.
Tariquía y el debate de los Recursos Naturales
¿Qué pasó?
Como si el gobierno de Rodrigo Paz no tuviera bastantes problemas en este inicio de año que cierra su primera semana hábil con más de 50 puntos de bloqueo, el lunes 5 de enero mandó a la Policía a escoltar a las petroleras para ingresar al cantón de Chiquiacá, en las proximidades de la Reserva Natural de Flora y Fauna de Tariquía, para iniciar operaciones en el pozo (que se espera sea el descubridor) Domo Osso X3.
¿Y ahora qué?
El asunto está más o menos en punto muerto. Hay resistencia ecologista y de comunarios de la zona (no de todos ni de la mayoría) y en general, apoyo de todos aquellos que priorizan los dólares que daría un prospecto ya explorado en los 80 y al que se le estima una capacidad similar a la de Margarita.
Lo curioso del tema es cómo el nuevo gobierno ha abrazado sin ningún tipo de innovación los mismos argumentos que ya usaron los gobiernos del MAS: que la Reserva ya se deforesta; que el pozo X3 está fuera de la Reserva, y todo el resto de argumentos apocalípticos sobre el fin del gas y lo que representará para la vida en el país.
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El Domo Osso X3 es uno de la docena que contempla el desarrollo del área San Telmo Norte, adjudicada a Petrobras, y que atraviesa el corazón mismo de la Reserva, por lo que el argumento es de extrema cobardía: el X3 es solo el primero de todos los demás.
El asunto deja al descubierto, una vez más, que los dólares son prioridad y eso siempre está por encima del Medio Ambiente, pero también el enfoque nacional al respecto de las energías alternativas y la soberanía energética.
El asunto es recurrente en el continente y cada país lo resuelve a su manera.
En Brasil, por ejemplo, está al rojo vivo el asunto del “margen ecuatorial”, un conflicto en el que la estatal Petrobras busca perforar en la desembocadura del río Amazonas, una zona de altísima biodiversidad con arrecifes de coral y manglares.
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El IBAMA (la agencia ambiental) inicialmente negó el permiso por falta de estudios de impacto, pero tras fuertes presiones políticas y económicas del sector energético, Petrobras obtuvo licencias para iniciar perforaciones exploratorias en octubre de 2025.
En Bolivia el asunto se complejiza un poco más por el asunto de la consulta previa, mal planteado, que suele dejar en comunidades muy pequeñas y vulnerables la decisión final, lo que ya le permitió a un gobierno que como el de Lula se declaraba “ambientalista” priorizar la extracción para no perder la última oportunidad.
En Ecuador el asunto es aún más complejo y tiene nombre propio: Yasuní.
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En 2023, los ecuatorianos votaron por detener la extracción en el Bloque ITT dentro del Parque Nacional Yasuní, una decisión histórica. A lo largo de 2024 y 2025, el gobierno ha dilatado el cierre de pozos alegando que la pérdida de ingresos (unos $1.200 millones anuales) es insostenible en plena crisis de seguridad. Organizaciones denuncian que se siguen ampliando vías de acceso pese al mandato popular.
En Perú el conflicto se ha trasladado al Congreso – cuando no – donde los parlamentarios hacen piruetas para cambiar las normas y permitir el ingreso en Áreas Protegidas, algo que ya pasó en Bolivia en 2014 y 2015.
En julio de 2025 se presentó un proyecto de ley para modificar la Ley de Áreas Naturales Protegidas. El objetivo es permitir explícitamente la explotación de hidrocarburos en Parques Nacionales y Santuarios, áreas que antes se consideraban intocables (como el Bahuaja Sonene). El argumento es que el "interés nacional" y la seguridad energética deben primar sobre la conservación.
Es esencialmente un calco de los debates sobre la exploración en el Madidi o el Aguaragüe, donde la normativa se flexibiliza para atraer inversión.
El último en aparecer ha sido el conflicto en la Guyana, el nuevo gran Petroestado del Caribe gracias al petróleo offshore, pero a un costo ambiental incierto.
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Mientras el país vende sus bosques amazónicos como sumideros de carbono, sus exportaciones de crudo están inundando el mercado global. En 2025 se denunciaron quemas masivas de gas (flaring) que violan las licencias ambientales originales. La rapidez del negocio ha sobrepasado la capacidad de fiscalización del Estado, un asunto que también preocupa en Bolivia y las nuevas normas “Fast Track”.
¿Y qué hay de lo nuestro?
Hace 20 años el mundo estaba comprometido en el desahucio de las Energías Fósiles; se subvencionaban nuevas tecnologías y nuevas formas de generación para acabar con ello mientras la ONU hablaba de los efectos del Cambio Climático. Hoy ese consenso se ha roto y el debate vuelve a enfocarse estrictamente desde lo económico.
En la coyuntura, Sudamérica sigue contando con grandes recursos naturales y pocas inversiones alternativas para cambiar la matriz energética y ninguna fórmula en concreto parece apostar por ello, sino todo lo contrario. Las normas son suficientemente laxas como para que cada gobierno la acomode a sus compromisos.
En Bolivia, además, cada vez queda más en evidencia el error de la sacralizada “Consulta Previa”, que al final se reduce a un comercio de voluntades entre poderosísimas petroleras y comunidades vulnerables que difícilmente podrán calcular el impacto real del proyecto, que además nunca se limita a su comunidad sino a todo el país – sin entrar ya en lo que suponen proyectos de fractura hidráulica que pueden afectar al acuífero guaraní -.
El pulso puede ser más o menos largo, aunque no tengo ninguna duda de que si se diera un referéndum nacional por Tariquía, como se dio en Ecuador por el Yasuní, saldría un rotundo Sí a la exploración… Los compromisos públicos se rompen; qué sería de los votos secretos…
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Los primeros sobrevuelos del nuevo zar antidroga sobre el Trópico de Cochabamba y la forma en que Ernesto Justiniano los ha explicado, han generado los primeros conflictos locales; pero la dinámica del “cambio” ya ha dejado numerosas víctimas en el país.
En todos los países del mundo, peor en uno con una policía tan corrompida como la nuestra, los cambios de gobierno implican reacomodos de todos los sectores, incluidos los ilegales. Desde la retirada del ministro de Gobierno Eduardo del Castillo se han registrado asesinatos y ajustes de cuentas, incluidos videos amenazantes de Marset y otros narcos de renombre, que sugieren precisamente que se desató la batalla por el territorio. Justiniano ha confirmado que hay siete agencias antinarcóticos operando en Bolivia, incluida la DEA, lo cual no es sorprendente ni distópico.
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En Ecuador y en Perú, la agresividad del narco y la lucha por el territorio ha derivado en inseguridad ciudadana: robos, extorsiones, asaltos carreteros y demás. La sensación de impunidad en su máxima expresión. Ni Noboa ni Boluarte – el actual presidente ni lo intenta – lograron frenar la escalada y hoy parecen fuera de control. Ni a Ecuador ni a Perú les ayudó por cierto la participación de esas agencias internacionales en la lucha contra el narco en el territorio.
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Entre las muchas hipótesis que se manejan sobre la muerte de Mauricio Aramayo, hombre de confianza de Rodrigo Paz en Tarija, por el modus operandi y por ser en “su casa”, se baraja que sea un mensaje directo al presidente. Es solo una hipótesis.
El tema está sobre la mesa y hay que estar atentos a su resolución.





