Mediterráneo: Mundo subvencionado
Este texto es parte del boletín Mediterráneo que cada viernes distribuye nuestro director con el análisis de la información de coyuntura internacional y su impacto en Bolivia. Si quieres recibirlo directamente en tu correo, suscríbete
Estimados y estimadas
Este último Mediterráneo del año iba a tener por objetivo resumir las principales pulsiones geoestratégicas que han marcado el calendario, aunque es verdad que se resumen a una sola: el huracán Donald Trump y su frenético ritmo de trabajo que sobre todo le sirve para meterse en polémicas y apartar los límites del consenso hacia el más allá. Trump ha sido la acción y el resto ha sido pura reacción. Unos más pausados, como China; otros asustadísimos, como Europa; otros con la convicción de que esto también pasará, como en América Latina y otros con muchas ganas de probar nuevos límites y juguetes, como en el oriente próximo y medio.
El DS 5503 en Bolivia ha trastocado un poco los planes, pues el sacudón nacional es de envergadura y obliga a mirar al entorno para encontrar respuestas y hacer prospecciones.
Ecuador ha sido el último en atravesar una crisis de estas por la suba del combustible, que en realidad estaba integrado dentro de un plan de subidas graduales que se ha ido aplicando y que protege subsidiado, por ejemplo, el gas natural. Noboa bajó el porcentaje de subsidio y se fijó un precio en dólares alrededor de los cinco bolivianos por litro. El levantamiento popular fue inmediato y violento. Hubo muchos heridos y menos fallecidos, Noboa optó por la represión total y la coordinadora indígena acabó cambiando su estrategia, y aunque acabaron triunfando en la consulta popular rechazando un cambio constitucional, lo cierto es que el incremento se consolidó con todos los efectos esperados.
En Ecuador ha ayudado, sobre todo, su economía dolarizada y que el barril haya seguido cayendo de los 75 dólares con los que empezó el año a los 57 de esta semana. Ese criterio de oportunidad parece haber utilizado también el gobierno boliviano, aunque los precios fijados son altos y subirán si el barril de petróleo vuelve a subir. Es verdad que Trump lo quiere barato para apuntalar su proyecto de hegemonía occidental, pero hay muchos elementos en ese juego.
Roberto Ruíz recordaba en esta columna algunos planes de ajustes duros que se han gestionado en Sudamérica en los últimos años y las diferentes suertes que han ido corriendo: Ajustes económicos y protestas sociales: del “Rodrigazo” argentino al “Rodrigazo” boliviano.
Lo cierto es que a estas alturas nadie puede advertir qué sucederá con el plan de Rodrigo Paz que va más allá de liberar los precios de los combustibles, como la libre exportación total, la congelación salarial hasta finales de 2026, y que tiene mecanismos para acelerar la inversión extranjera por decreto y sin explicaciones en la Asamblea con contratos largos e inobjetables, entre otros detalles que no son menores y que aun así no ha gustado del todo a la corriente más liberal como señala en este análisis Carlos Jhansen
La medida se tomó como se toman estas medidas por mucho que se rasguen las vestiduras unos y otros sobre la socialización – aunque sorprenda que no se consensuara al menos con Tuto Quiroga -, con nocturnidad y cierta alevosía. La narrativa es más cuestionable: de un lado se culpa a la corrupción, que si fuera el problema real bastaría con detenerla, por lo que suena a excusa de mal pagador. La otra línea gira sobre lo “inevitable” de la medida pidiendo resignación cristiana, que difícilmente hará que nadie empatice.
Paz no prometió en campaña ajustes duros ni exhibió el sadismo de Javier Milei, que narrativamente le sigue funcionando aunque los datos evidencien que los esfuerzos en la Argentina los están pagando los de abajo y no los de arriba. Paz guardó la motosierra que Milei le trajo a El Alto y no se hizo foto ni nada – según varios colegas – y de hecho, empezó “salvando” al país encabezando una caravana de cisternas el 9 de noviembre y haciendo bajar el dólar, aunque poco después volvió a cambiar de estrategia.
La narrativa sobre subvenciones
Es curioso cómo la narrativa sobre subvenciones y bonos ha calado en Sudamérica y en particular en Bolivia, donde todos los bonos que se reparten son de cuantías ridículas y absolutamente nadie en este país vive de bonos, ni los reclama: La Renta Dignidad (agárrate el nombre) son 350 bolivianos al mes que subirán a 500; el Juancito Pinto una vez al año llegará a 300 y el Juana Azurduy, que se hizo para cubrir los controles prenatales y ha salvado muchísimas vidas, se va en el primer mes de pañales y potitos.
La única subvención que llegaba “a todos”, con lo cual pierde su propio sentido, era la de la gasolina, que mantenía precios artificialmente bajos beneficiando por tanto más al que más tiene. Esa es una realidad objetiva; como que la retirada afectará más a los que menos tienen por la misma razón.
Subvenciones e incentivos hay, sobre todo, en el primer mundo. Casi la mitad del presupuesto anual de Europa va a su Política Agraria Común (PAC), un programa común que se envuelve en hermosas palabras y objetivos: soberanía alimentaria, contribuir a la lucha con el cambio climático, eficiencia y sostenibilidad, etc., pero que se resume en sostener el nivel de vida de la gente en el campo para que el precio de la tonelada de trigo cueste lo mismo que en la bolsa de Rosario aunque sus agricultores ganen 70 veces más.
- Aquí lo dice la propia Comisión: La política agrícola común en pocas palabras
Estos días precisamente se reúne el Mercosur en Foz de Iguazú para tratar algunos temas del tratado de Libre Comercio con Europa, mientras que los agricultores europeos han vuelto a tomar Bruselas a bloqueo y destrozo limpio para oponerse al acuerdo porque obviamente, el Libre Comercio está muy bien cuando les beneficia a los grandes, pero no a los pequeños. Hace 40 años cuando se empezó a negociar, Europa soñaba con inundar Sudamérica de electrodomésticos y autos alemanes; hoy Asia se ha comido el mercado y Europa es cada vez más inviable. El auge de la extrema derecha anida sobre todo en el campo ante la amenaza de la pérdida de privilegios.
- Lea también: La PAC, un pilar europeo en cuestión
En Estados Unidos hay una infinidad de créditos fiscales, subvenciones energéticas, programas agrícolas y demás, de iniciativa tanto federal como estatal, que contribuyen en enorme medida a la competitividad de su producción agrícola, garantizando no solo precios bajos en sus alimentos, sino una producción a escala para copar mercados extranjeros. En México zapatean los productores de maíz, por ejemplo.
Solo en Iowa, un Estado con poco más de tres millones de habitantes y que es líder mundial en producción de maíz, se entregaron en 2025 2.740 millones de dólares en ayudas directas a los productores.
En Brasil se ha eliminado el subsidio directo a los combustibles fósiles pero se mantienen créditos subsidiados para la agricultura familiar – 16.300 millones de dólares en 2025 – y sobre todo, el programa Auxilio Gas que entrega incluso gratis la garrafa de GLP a familias de bajos recursos inscritos en el programa. El decreto 5503 ha elevado también estos precios al Gas Natural que todavía producimos.
El otro gran tema es el del déficit fiscal y el impacto que la subvención a los combustibles estaba perpetrando.
Estados Unidos ha cerrado con déficit fiscal todos los años desde 2000; en 2008 -6,61%; 2012 – 8,11%; 2020 -14,12% y cuentas que superan los dos billones de euros. Alemania, más austera, cerró 2024 con -2,70%; Reino Unido, casi siempre torie, lleva cerrando en déficits desde el 2000 con -5,75% en 2024. En Bolivia el MAS sumó superávit entre 2006 y 2013, hasta que empezaron a tambalearse las reservas de gas y sus precios internacionales. Desde entonces acumula déficits severos siendo el “año Áñez”, pandemia mediante, el más acusado con 12,72%. 2024 se cerró con un -10,62%.
- Lea también: El mito del “déficit cero”
Hoy el asunto de la disciplina fiscal es uno de los grandes tótems de la economía y hay mucha literatura al respecto, sobre todo desde principios de siglo y ligado a la creación de la Unión Europea, cuyos resultados son elocuentes. Curiosamente China ha sido uno de los países más disciplinados hasta 2018, cuando la abierta competencia de la hegemonía mundial le ha empujado a incrementar su deuda.
- Lea también: recortando los impuestos…y el estado del bienestar
La brecha del déficit se calcula en dólares, en la diferencia entre lo que se ingresa y se gasta. El gasto social es el que se encarga de la igualdad de oportunidad, del capital humano y de estabilizar la red de protección social. Obviamente si financia gasto corriente existe un problema. En ocasiones se justifica porque cubre el esfuerzo hecho ante eventos inesperados, como la pandemia. Levantar la subvención al combustible en Bolivia aparentemente permitirá un ahorro considerable – estiman unos 2.000 millones de dólares -, pero desde luego las medidas de protección social dictadas no sirven de emergencia para población vulnerable y generará otras brechas. Nadie parece tener contemplado este punto.
Como se ha hecho tarde y el asunto tendrá todavía mucho tiempo de maduración, les dejo tres “para seguir” al año que viene, que con seguridad tendrá tanta intensidad como el que cerramos en 11 días: Trump y el vuelco sudamericano; la migración como detonante y la “democratización” de la Inteligencia Artificial.
Para seguir: Trump y el vuelco latinoamericano
El primer año de Trump ha sido arrebatador: a polémica diaria, a retroceso diario; mucho ruido y pocas nueces, pero igualmente dominante. Ha abierto debates que eran tabú, como lo de destruir completamente Gaza y convertirlo en un tabú; lo de salirse de la OTAN y que Europa haga lo que pueda o lo de invadir un país sudamericano. No pudo cerrar la guerra de Ucrania, porque sigue sospechosamente condicionado por Putin, y en los últimos meses se ha colocado en un cómodo lugar de árbitro, eludiendo responsabilidades adquiridas sobre Ucrania, Taiwán y otros lugares clave, que rápidamente tienen que recomponer sus redes de relaciones y calcular fuerzas.
- Lea también: Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos 2025: ¿cómo impacta a Latinoamérica?
La publicación de su estrategia ha dejado claro que su interés es el de las zonas de influencia y que no tiene demasiadas ganas de ponerse a pelear con China en plan de verdad. Echarlos de Sudamérica sí. Bombardear sin preguntar embarcaciones en el Caribe es una barbaridad sobre la que todos callan. Los ojos de la Casa Blanca se han posado sobre el subcontinente, que parecía lo obvio tras nombrar a Marco Rubio como secretario de Estado, pero que durante meses pareció ser solo el convidado de piedra mientras Trump, Vance y el resto de los peces gordos se trompeaba con la OTAN.
La influencia electoral es ya evidente. Además de Javier Milei, este año han caído los gobiernos de Chile y Bolivia, supuestamente de izquierda, hacia posiciones mucho más derechistas y también ha revalidado el poder Daniel Noboa; el año que viene hay elecciones en Perú y Colombia en el primer semestre y en Brasil en el segundo. Decir que la derecha va ganando en los sondeos es una obviedad.
Los populismos de izquierda no funcionaron y el ciclo ha cambiado, toca estar atentos a las anotaciones de los resultados para que nadie haga trampas.
- Lea también: La década del malestar político en América Latina
Para seguir: La migración como detonante
Es el tema de moda y no solo en occidente. El racismo sigue siendo una pulsión natural muy vinculada al miedo que desde hace años se viene poniendo al servicio de la política para explicar fenómenos que tienen otros orígenes, como el empobrecimiento de las clases trabajadoras.
- Lea también: Nuevas perspectivas frente a la extrema derecha
Criminalizar al migrante es más viejo que la tos, pero se sigue utilizando de una forma tan tecnificada que produce ya corrientes de opinión que, al final, se convierte en votos. Europa, un continente de migrantes, ha endurecido hasta el límite de los derechos humanos sus políticas, y paga millonadas a Marruecos, Turquía y otros para que hagan de stoppers sin contemplaciones – nadie les pide que recuerden la convención -. Estados Unidos, tremendo país de migrantes, está persiguiendo incluso con su ejército a residentes, expulsando a migrantes de larga duración por fallas administrativas y firmando convenios para deportarlos a terceros países donde tampoco hay garantías.
Nadie entiende muy bien qué quieren Europa y Estados Unidos con esas políticas, primero porque necesitan migrantes para cubrir trabajos duros y de cuidado que nadie quiere hacer; segundo porque es obvio que mientras las diferencias sigan siendo tan grandes, pero tan grandes, que la gente se va a seguir echando al mar, dejando todavía sus países más vulnerables.
Lo que más me ha impactado últimamente es que el discurso anti inmigración haya calado también en este continente: gente que celebra en redes la expulsión de compatriotas; candidatos identificando migración con delincuencia sin asco o exigiendo a Bolivia que se quede con unas personas que no quieren ir a Bolivia, sino a otro lugar… La migración daña sobre todo al país que exporta a sus mejores jóvenes – los pobres de verdad, no pueden pensar ni en migrar -, y mientras no se establezcan políticas de soberanía claras – y no parece que sea lo que Trump lleva en mente – seguirá pasando.
Para seguir: La “democratización” de la IA
El otro gran tema del año y que seguirá vigente en 2026 es el de la Inteligencia Artificial. En este 2025, aparentemente, ha explotado y ha abierto muchas ventanas en hogares y oficinas. Se han sumado páginas, herramientas y motores, y también se han empezado a sistematizar los miedos: el inicial siempre es el de la pérdida de puestos de trabajo como reacción instintiva, y lo cierto es que aunque se han ido incorporando y normalizando el uso de determinadas funciones, los propios financiadores han empezado a alertar de una burbuja financiera que puede estallar.
El riesgo segundo sin embargo es el de la uniformización del pensamiento desde una manipulación evidente. Los creadores nos insisten en que podemos educar a nuestro chatbot para que sea más o menos libertario, más o menos anarquista, más o menos comunista, pero lo cierto es que la programación por defecto va en una dirección, y seguramente irá a más al primer descuido. Las reacciones ante la irrupción del chatbot chino DeepSeek dejó en evidencia que la neutralidad no existe.
Los esfuerzos de regulación suelen venir de Europa, a la que ya se le hace poco caso, mientras que en América Latina seguimos en la oscuridad tecnológica de lo que nos dicen serán las herramientas del futuro. Sin duda, un tema para seguir muy de cerca.
LAS RECOMENDADAS
Entre las recomendadas hasta fin de año
- Esto de BBC: El Departamento de Justicia de EE.UU. comienza a publicar miles de documentos y fotografías de los archivos de Jeffrey Epstein
- Y esto también de BBC: Cómo logró Colombia convertirse en una de las mejores economías de 2025 y qué retos afronta
- Esto de DW: La fuerza de paz que se perfila para dar seguridad a Ucrania
- Esto de El Orden Mundial: ¿Es Suiza realmente neutral?
- Y esto de Anfibia: Los tecno-oligarcas colonizan Washington





