El miedo, la pareja y el círculo de la violencia

La violencia en la relación de pareja es una condenable realidad que la humanidad soporta desde que existen el hombre y la mujer y que se ha mantenido constante en mayor o menor medida dependiendo de la cultura y las leyes de los países.

En Bolivia hace poco se han sentado las bases legales para reducir esta realidad que se ha vuelto más cruda y preocupante a raíz de la difusión cada vez mayor de los casos de feminicidio que se producen en Bolivia en general y en Tarija en particular.
Las causas de la violencia han cambiado muy poco y al hablar de ellas siempre surgen los términos machismo y sumisión. Pero lo que soporta y sufre una mujer que ha caído en manos de un maltratador solo ella puede entenderlo.

Lástima
“Los hombres son cobardes, son miedosos”, afirma Isabel, recordando las lágrimas de su esposo cuando llegó la citación para la audiencia en la que, según le dijeron sus abogados, se definirían las medidas cautelares, un año después de que ella presentó la denuncia.

“Por primera vez lo vi llorar en casi 30 años de matrimonio”, recuerda con una sonrisa esta mujer de 50 años, profesional y madre de cuatro hijos, todos varones.
Ella habla con un poco de amargura de esas tres décadas que considera perdidas pero que no dejó atrás aún, porque luego de pedirle insistentemente que se retractara de la denuncia, finalmente ella aceptó y firmó el desistimiento.

Las causas fueron varias, por un lado la tardanza del proceso que ella inició luego de que se enteró que él la engañaba con otra mujer y él la golpeara, como había hecho muchas veces en todos sus años de vida juntos.

“Esta vez fue diferente, yo estaba muy triste, me dolió mucho porque yo lo ayudé para poner su negocio, yo soporté tantas cosas por mis hijos, me dolió mucho su engaño y que además me pegue, me dio tristeza y por eso lo demandé”.

Isabel relata una historia que puede ser la de muchas mujeres en Tarija. Una historia que no es solo de los dos sino que involucra a terceros y a los hijos. “Dos de mis hijos, los mayores estaban de acuerdo en que lo haya denunciado porque ellos recordaban las veces que él me pegó pero los dos menores me reprochaban y me decían como lo vas a denunciar, lo van a meter preso y me insistían en que firme el desistimiento”.

Actualmente Isabel sigue viviendo con su esposo y considera que todo sigue igual, la violencia sigue siendo el pan de cada día de su relación, solo que ahora ya no es física. “El se contiene, me ofende, me trata mal pero no se atreve a tocarme porque le han explicado que el desistimiento que firmé es solo por una vez, que la próxima ya no se puede y que si lo demando él irá a la cárcel”.

Isabel sonríe con tristeza al recordar como lo enfrenta hoy y le dice que si quiere la golpee pero que lo va a demandar. “Tengo mucho miedo pero no se lo muestro, aunque por dentro estoy asustada”.

Explica cómo es difícil sentir sus propios derechos. “Yo sigo diciéndole a donde voy y dejo que me controle porque no tengo valor para hacer lo que yo quiera, no me arreglo mucho porque él se enoja y me dice porque te arreglas, a donde vas, y se pone desconfiado”. Isabel es una mujer en la que se percibe la inseguridad que tiene en sí misma, siente que si pierde a su esposo nunca podrá rehacer su vida que no concibe sin un varón al lado.

“La mujer tarijeña tiene muchos problemas de autoestima, la han educado de una forma que no puede imaginar vivir sin un esposo al lado-explica la psicóloga Zaira Naskarenow- quien ha atendido a muchas mujeres que recurren a ella en busca de apoyo. Llegan a su consultorio con muchas dudas, pero sobre todo con un historial de violencia que hace suponer cuan común es la violencia de pareja en Tarija.

“He atendido mujeres que vienen con el rostro deformado por los golpes y cuando en la terapia se plantea la necesidad de abandonar al esposo se asustan y dicen que no quieren perder a su marido.

“La mujeres llegan a un extremo de inseguridad y falta de amor propio que están dispuestas a auto inmolarse, a morir pero no a perder a su marido, esto es preocupante y hay que hacer un trabajo muy largo de terapia con ellas”.

“Sentí que iba a morir, uno siente que pierde las fuerzas de los brazos y ya no te resistes”, recuerda Isabel, quien ha vivido 30 años de violencia intrafamiliar, al recordar una ocasión en la que estuvo a punto de morir estrangulada a manos de sus esposo.
Fue una noche en que llegó borracho y se durmió y yo tenía trabajo-relata- yo escribía en la mesa y de rato en rato me levantaba a verlo porque el se movía y yo tenía miedo que él se levante y vuelva a salir.

Un rato de esos él se movió y yo me acerqué a verlo y él se despertó y miró la hora, eran como las tres, me vio y me dijo ¿por qué estás vestida? ¿De dónde vienes? Y vino para pegarme, entonces yo traté de correr pero me caí y ahí comenzó a golpear mi cabeza con el suelo y luego me agarró el cuello y comenzó a apretar”. En ese momento el hijo de Isabel, quien había despertado le agarró el brazo a su padre y la soltó.

“Por muchos días no podía tragar los alimentos, me dolía mucho”, recuerda. Hace tres décadas era impensable denunciar al esposo, por miedo, para que la gente no se entere, para que la familia no se entere. “Yo me callaba y no le decía a nadie”.

La mayoría de las veces en que Isabel fue golpeada por su esposo él estaba en estado de ebriedad por lo que generalmente luego de que todo pasaba aseguraba que no recordaba nada y que no quería lastimarla y se reconciliaban.

En el caso de Silvia, una joven de 35 años, la violencia ha estado en su vida desde la infancia. “Mi papá le pegaba a mi mamá, yo crecí viendo eso y lo veía como normal”.
Cuando Silvia tuvo su primer pareja sufrió violencia y para ella era una situación normal.

“Yo pensaba que él tenía la razón, que los hombres eran más inteligentes”.
Más adelante ella se casó con un hombre mayor que ella y la violencia continuó. “Él era muy celoso, me controlaba, me pegaba”. Vivió diez años con él y cuando se estaban separando él enfermó y murió.

Actualmente, Silvia ha superado sus sentimientos de inferioridad en relación al hombre y se rebela ante estas situaciones pero tuvo que pasar una serie de charlas que le ofrecieron en una iglesia cristiana y que le ayudaron a recuperar su autoestima.

En la consulta psicológica de Zaira Naskarenow los casos generalmente se repiten en cuanto a causas y formas de violencia que siempre incluyen la violencia psicológica mezclada con la violencia física en diferentes grados de gravedad.

“Hay casos en los que el hombre llega a dañar tanto la autoestima de la mujer acusándola de que no lo satisface en la intimidad que ellas buscan consejos para saber qué hacer, y cuando se les explica que deben valorarse y si es necesario abandonar al esposo… se niegan rotundamente”.

Según Naskarenow, es el miedo a la soledad uno de los principales factores que motivan a la mujer para tolerar la violencia.
“Es que los hombres tarijeños son machistas”, afirman las mujeres, como justificándolos.
Es precisamente el miedo a perder el esposo el que evita que ante los hechos de maltrato físico la mujer ponga la denuncia en la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (FELCV).
“Además está el miedo a quedarse sin la persona que sostiene el hogar, a los hijos”, explica Naskarenow, quien menciona que este es un punto muy importante a la hora de sostener una denuncia.

“En mi caso-comenta Isabel- yo estaba muy decidida pero luego de la demanda pasaron seis meses y no pasaba nada y yo hasta me olvidé de la demanda, entre tanto mi esposo mi pidió perdón y nos reconciliamos, pasó un año y recién llegó la citación con la que podían mandarlo a Morros Blancos”.

La retardación de justicia y la presión de los hijos jugaron un papel muy importante en que Isabel se retractara de la denuncia pero además ella reflexiona sobre sus sentimientos como mujer.

“Pienso como va a ser si lo dejo, ya no voy a conseguir otra pareja, pero si consigo mis hijos, la familia no lo van a aceptar, ya no vamos a poder reunirnos en familia, nada va a ser igual”, en los ojos de Isabel se percibe el miedo a un futuro incierto, incierto porque sabe que no quiere seguir una vida de maltrato pero siente que sola no puede.

“Pero solo esperaré dos años, que mi hijo menor termine la universidad y me voy, me iré a mi pueblo para vivir tranquila”, dice con firmeza pero luego mira el reloj, se da cuenta de que es tarde y debe correr a casa porque aún no vive su libertad.

Pese a las leyes, la violencia va en aumento

En el 2019 se presentaron cinco casos de feminicidios en el departamento de Tarija, a pesar de la declaratoria de alerta y emergencia por parte de las autoridades departamentales y municipales.

A pesar de la Ley Integral 348 para garantizar a las mujeres una vida libre de violencia; la Ley 243 contra el acoso y violencia política hacia las mujeres, el Decreto Supremo 1053 que declara el 25 de noviembre de cada año como el Día nacional contra todas las formas de violencia hacia las mujeres, el Decreto Supremo 1363 que refiere a la campaña de sensibilización y concientización dirigida a la población en general, a objeto de prevenir, luchar y erradicar toda forma de violencia hacia las mujeres, el Decreto Supremo 2145 que reglamenta la Ley 348, la Ley departamental 258 de implementación de políticas de lucha contra la violencia hacia la mujer en el departamento de Tarija y la Ley departamental 368 que declara en alerta a Tarija por violencia contra las mujeres en razón de género, no hay cambios.

La Fuerza Especial de Lucha Contra la Violencia (FELCV) atendió 25.686 casos de violencia hacia la mujer y 81 feminicidios a nivel nacional, entre enero y agosto de este año, informó este viernes el director nacional de esa unidad, Miguel Ángel Mercado.
Del total de casos atendidos, se reportaron 10.692 en Santa Cruz; en La Paz, 5.540; en Cochabamba, 3.383; en Oruro, 677; en Chuquisaca 792; en Beni, 606; en Potosí, 1.656; en Tarija, 2.034 y en Pando, 306.

De los 81 casos de feminicidios registrados por el Ministerio Público, la FELCV atendió 66, de los cuales, 23 en La Paz; en Cochabamba, 14; en Santa Cruz, 9; en Oruro, 6; en Potosí, 5; en Tarija, 5; en Beni,3; y en el departamento de Pando, 1.

La violencia psicológica ligada a la violencia física

En la consulta psicológica de Zaira Naskarenow los casos generalmente se repiten en cuanto a causas y formas de violencia que siempre incluyen la violencia psicológica mezclada con la violencia física en diferentes grados de gravedad. “Es el miedo a la soledad lo que lleva a la mujer a tolerar la violencia”.