Boca Ratón: La comparación no es explicación

La controversia por los tres días en las lujosas playas de Florida no se resuelve asegurando que hay peores o que logró hacer gestiones para engrosar la deuda como si merecieran premio

Hay momentos en los que un presidente tiene que entender que la discusión ya no es sobre él. Ni sobre sus antecesores. Es sobre el país.

Rodrigo Paz reapareció el lunes tras tres días en algún lugar de la Florida sin agenda pública a explicar su viaje a Estados Unidos y la controvertida permanencia del avión presidencial FAB-002 en Boca Ratón, una de las playas más lujosas del Estado. No negó que estuviera allí. Su respuesta fue que las escalas de la aeronave obedecen a decisiones técnicas y que él no elige los aeropuertos. También defendió el viaje asegurando que regresó con gestiones (él habla de inversiones seguras) por unos 10.000 millones de dólares en financiamiento para Bolivia que se convertirá, si fructifica, en deuda externa. Además habló de otros viajes en el pasado y hasta de la demanda de La Haya, un proyecto que fue de país y del que hoy nadie se hace cargo. Ninguna de esas respuestas resuelve completamente la pregunta.

¿Qué hizo el Presidente durante esos tres días?

La aeronave partió de Nueva York a Boca Ratón la noche del jueves 24 de septiembre y allí se quedó hasta el domingo 27 de septiembre. Hasta ahora, no se ha conocido una explicación detallada de la agenda correspondiente a ese tramo y no sirven vaguedades sobre la “continuada” de Urupabol, que ya tuvo su reunión formal en la ONU, donde se pactó una reunión para el siguiente semestre mientras los técnicos avanzan el trabajo.

Alguien puede considerar que el presidente tiene derecho a desaparecer los fines de semana, incluso a aprovechar que “pasando por ahí”, es buena idea pasar un fin de semana largo en Florida “a costo personal” estando como está el país. Son los riesgos de la política.

El presidente ha puesto a su familia en el centro de su actividad política y eso implica responsabilidad y transparencia, sobre todo en el manejo de los recursos y poderes del Estado. El presidente lleva toda la vida en política y recientemente se bajó el sueldo a algo más de 10.000 bolivianos con cuatro hijos, dos estudiando en Estados Unidos, una aparentemente trabajando ad honorem en Casa Grande del Pueblo y María Elena Urquidi ejerciendo de primera dama. No sería una mala política de transparencia saber cuales son las actividades complementarias que sostienen el tren de vida.

No basta con entrar en competencia de caras duras. Si hubo una agenda oficial en Florida, que se muestre. Si hubo reuniones, que se conozcan. Si alguien pagó la estadía, que se sepa quién, por qué y a cambio de qué. Si hubo razones operativas, que se expliquen. Si hubo actividades privadas, corresponde diferenciarlas claramente de las oficiales y explicar los costos que asumió el Estado. No hay ninguna necesidad de convertir una pregunta legítima en una batalla política. Los bolivianos tampoco necesitan que se los trate como si fueran incapaces de entender una explicación.

La comparación no es una explicación. Y tampoco lo son los 10.000 millones de dólares.


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