No conviertas el enojo en daño

No herir no significa volverte pasivo, aguantarlo todo o sonreír cuando algo te lastima. En la filosofía del yoga existe un principio llamado ahimsa, que suele traducirse como no violencia o no causar daño. Y va mucho más allá de no lastimar físicamente a alguien.

Ahimsa también aparece en la forma en que hablamos, juzgamos, reaccionamos y hasta en cómo nos tratamos cuando nadie está mirando. Puedes no levantarle la mano a nadie y, aun así, herir con una palabra dicha desde el enojo, con una burla, con indiferencia o incluso con esa voz interna que te repite que nunca eres suficiente.

Lo interesante es que no herir tampoco significa permitir que otros te hieran. Poner un límite, alejarte de una situación dañina o decir “no” también puede ser una forma de ahimsa. La intención no es evitar cualquier incomodidad, sino intentar que nuestras decisiones no nazcan del deseo de destruir, castigar o hacer sufrir.

Una forma de empezar a vivir ahimsa en lo cotidiano es prestar atención justo antes de reaccionar. Cuando algo te moleste, pregúntate: ¿Necesito responder de esta manera o puedo hacerlo sin lastimar?  No se trata de quedarte callado ni de evitar todos los conflictos, sino de aprender a expresar lo que sientes sin convertir el enojo en daño.

Ahí empieza una práctica mucho más profunda de paz: no en controlar a los demás, sino en hacernos responsables de lo que sale de nosotros.


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