El BCB y sus “reservas suficientes”
La prioridad debe ser proteger el poder adquisitivo de los hogares más vulnerables y distribuir de manera proporcional los costos de la crisis.
Hay una diferencia importante entre evitar un colapso cambiario y resolver una crisis económica. Que el Banco Central de Bolivia asegure contar con 1.134 millones de dólares en reservas de alta liquidez para intervenir ante eventuales sobresaltos es, sin duda, una señal que puede contribuir a reducir la incertidumbre. También es razonable que el ente emisor tenga herramientas para evitar movimientos especulativos que lleven el tipo de cambio a niveles descontrolados, pero conviene no confundir una herramienta con una solución.
El dólar ya se ha encarecido y la inflación acumulada ha reducido el poder adquisitivo de los bolivianos. Para una familia que vive al límite de sus ingresos, una nueva variación cambiaria no es una cifra que aparece en una pantalla del Banco Central: significa alimentos más caros, medicamentos más difíciles de comprar, transporte más costoso y mayores dificultades para llegar a fin de mes, por eso, la estabilidad cambiaria debe ser un medio y no el objetivo final de la política económica.
Los sacrificios deben ser proporcionales: el Estado debe ajustar sus gastos y quienes tienen mayor capacidad económica deben asumir una parte mayor del esfuerzo. La crisis no puede recaer siempre sobre los mismos
El Gobierno, despistado en sus propias luchas de poder, tiene la obligación de impedir que la corrección de los desequilibrios acumulados termine convirtiéndose en una transferencia de costos hacia quienes menos tienen. El ajuste es inevitable en alguna medida; lo que no es inevitable es que recaiga siempre sobre los mismos.
El dato de una inflación prevista de 9,22% para diciembre debería ser observado precisamente desde esa perspectiva. Aunque resulte inferior a los niveles extraordinarios registrados durante la crisis, continúa siendo una inflación elevada para una economía cuyos salarios y rentas de buena parte de la población no tienen capacidad para acompañar el incremento de los precios.
Y hay otro elemento que merece atención. Cuando se habla de intervenir para evitar que el dólar llegue a Bs 15 o Bs 20, se está hablando de impedir un escenario extremo. Pero entre una cotización descontrolada y una economía estable existe un territorio mucho más amplio en el que millones de ciudadanos pueden seguir perdiendo capacidad de compra. Considerar que la gente trabaja sólo para comer es un insulto y una destrucción de la esperanza vital que tendrá consecuencias. La política económica no puede conformarse con evitar el peor escenario.
Necesitamos medidas efectivas para proteger a los sectores vulnerables, pero también esfuerzos proporcionales de toda la sociedad. El Estado debe revisar sus gastos, mejorar la eficiencia de la administración pública y cerrar espacios de privilegio y despilfarro. Las empresas deben asumir su parte, procurando preservar empleo y producción. Los sectores con mayor capacidad económica deben contribuir de acuerdo con ella. Y los ciudadanos tendremos que asumir también cambios y sacrificios.
La economía hay que sincerarla, pero en todos los eslabones. Lo que no parece razonable es pedir el mismo esfuerzo a quien apenas consigue comprar la canasta básica que a quien dispone de patrimonio, capital o capacidad para protegerse frente a la inflación.
El Gobierno debe tener claro, además, que las reservas internacionales no son una fuente infinita. Su utilización debe responder a una estrategia y no simplemente a la voluntad de contener cada movimiento del mercado. Defender la estabilidad cambiaria requiere recuperar dólares de manera sostenible, aumentar la producción, estimular las exportaciones, recuperar la confianza y generar condiciones para que entren inversiones sin hipotecar el futuro.
También hace falta mucha más información. Si el Banco Central asegura que tiene la capacidad de intervenir, corresponde explicar bajo qué criterios lo hará, cuánto está dispuesto a utilizar, qué objetivos persigue y cómo evitará que una intervención temporal termine agotando recursos que el país necesita para garantizar importaciones esenciales. La transparencia, en este contexto, no es un complemento. Es parte de la política económica.
Bolivia atraviesa una etapa difícil y probablemente tendrá que aceptar decisiones incómodas. Pero una sociedad puede soportar sacrificios cuando entiende por qué se realizan, cuánto durarán y si quienes tienen mayor capacidad están aportando proporcionalmente más. Lo que no puede soportar indefinidamente es la sensación de que la crisis se administra desde arriba mientras sus consecuencias se acumulan abajo.





