El rol de la Asamblea Plurinacional
Rodrigo Paz y su gobierno se ganaron la posibilidad de gobernar y transformar el país, siempre que no se separe de lo que dictaron las ánforas
La nueva Constitución Política del Estado convirtió a Bolivia en un Estado absolutamente caudillista: un presidente que no debía dar explicaciones ante nadie y con amplios márgenes para tomar decisiones y una Asamblea Plurinacional prácticamente comparsa, sobre todo luego de que se trataran las Leyes Orgánicas que dieron forma al nuevo Estado y que a su vez, ahonda aún más en esas lógicas.
El asunto pasaba casi desapercibido durante dos legislaturas porque el MAS lograba fabulosas mayorías de dos tercios que, además, le permitían absoluta tranquilidad: cualquier decreto urgente se convalidaba sin más; cualquier nombramiento también, y nunca hubo sesiones incómodas.
Ya con Jeanine Áñez y luego con Luis Arce fue quedando claro que pese a no tener amplio respaldo legislativo, se podía seguir haciendo más o menos lo que se quisiera porque al final se rendirían cuentas en las ánforas. Tanto Áñez como Arce cayeron en el mismo error y la democracia los apartó de la presidencia.
Es probable que el gobierno de Paz Pereira, luego de haber topado con la realidad nacional, deba plantear en algún momento la apertura de la Constitución Política del Estado al menos de forma parcial
Las elecciones de agosto de 2025 dibujaron una Asamblea más plural, con hasta siete fuerzas en el hemiciclo, pero sobre todo una mayoría pragmática abrazada a los consensos liberales – PDC, Súmate, Libre y Unidad -, que suma más del 90% de los curules y que a poca gestión política que se hiciera, le permitiría al gobierno obtener grandes mayorías para respaldar por Ley sus proyectos en casi cualquier área.
Una de las grandes lecciones que deja el traspiés sufrido por el Decreto Supremo 5503 y su voluntad de ser “ómnibus” es precisamente la importancia de respaldar políticamente las decisiones a través de la Asamblea Plurinacional, que es al fin y al cabo la sede de la soberanía nacional y el instrumento que permite debatir y enriquecer los proyectos y visiones.
El Movimiento Al Socialismo agotó su etapa y acabó tocado de muerte. Rodrigo Paz y su gobierno se han ganado la posibilidad de gobernar y transformar el país, siempre que no se separe de lo que dictaron las ánforas. La composición del parlamento es lo que mejor lo refleja y ese es el camino que, al fin y al cabo, debe transitar el gobierno para legitimar sus acciones por muy a la baja que esté el poder legislativo en la nueva política mundial y todas las tesis que abogan por gobiernos fuertes y autoritarios que den seguridad a sus ciudadanos.
Es probable que el gobierno de Paz Pereira, luego de haber topado con la realidad nacional, deba plantear en algún momento la apertura de la Constitución Política del Estado al menos de forma parcial, lo que obligará a buscar consensos y acuerdos previos que permitan actualizar el marco de juego. El proceso deberá hacerse con transparencia y consensos y a un ritmo alejado de las urgencias, pero concreto: la reforma de la Justicia no es un asunto menor y más allá de la conversión del Ministerio en un Viceministerio, no parece haber un plan para ello.
Bolivia votó por el binomio Paz – Lara para liderar un cambio y ellos son precisamente quienes mejor pueden interpretar el mandato que se les otorgó. El tiempo dirá si se cambió un gobierno autoritario por otro, o si se restauró la democracia con todos sus mecanismos tan perfectibles como inevitables.


