Modernizar el Estado también es cuidar el tiempo

Ajuste, trabajo y cuidado: la modernización pendiente del Estado boliviano

Bolivia vuelve a discutir ajuste, gasto y sacrificios en el peor momento y con las peores herramientas. El Decreto Supremo 5503, con su combinación de incremento de combustibles, congelación salarial y recortes, ha vuelto a colocar el peso de la corrección económica sobre las espaldas de las clases trabajadoras. Pero más allá de la discusión fiscal inmediata, el debate ha dejado en evidencia una carencia más profunda: la incapacidad del Estado boliviano para modernizarse de verdad y organizar la vida laboral y familiar con criterios de eficiencia, cuidado y productividad.

En Bolivia se trabaja muchas horas, pero se produce poco. Se pierde tiempo en traslados interminables, en jornadas partidas que desgastan a las familias, en trámites redundantes y en una organización del trabajo pensada para otro siglo. La conciliación entre la vida laboral y la vida familiar sigue siendo un privilegio y no un derecho, especialmente para mujeres, hogares monoparentales y trabajadores del sector informal que viven al día. Cuando el ajuste aprieta, esa fragilidad se vuelve asfixiante.

La discusión por el Decreto 5503 ha vuelto a cargar el peso del ajuste sobre las clases trabajadoras, sin abordar una reforma estructural del tiempo, la productividad y los sistemas de cuidado. Principio del formulario

Hablar de modernización del Estado no puede limitarse a decretos “ómnibus” ni a discursos de eficiencia fiscal. Modernizar implica repensar cómo se trabaja y cómo se cuida. La jornada continua, ampliamente aplicada en otros países y en algunas instituciones del propio Estado, no es un capricho sindical ni una concesión ideológica: es una herramienta probada para mejorar productividad, reducir costos operativos, ordenar el tiempo familiar y aliviar la presión cotidiana sobre trabajadores y estudiantes.

A ello deben sumarse políticas de asistencia escolar reales y universales: horarios extendidos bien planificados, comedores, apoyo pedagógico y espacios de cuidado que permitan a madres y padres trabajar sin angustia permanente. No se trata de gasto superfluo, sino de inversión social inteligente. Un Estado que obliga a las familias a resolver solas el cuidado mientras les recorta ingresos y les encarece la vida no es austero: es ineficiente y socialmente irresponsable.

La polémica por el DS 5503 ha demostrado que el problema no es solo cuánto se ajusta, sino cómo y a quién. Congelar salarios sin ofrecer mejoras estructurales en la organización del trabajo, subir combustibles sin reducir tiempos muertos ni costos ocultos, y recortar gasto sin revisar la ineficiencia crónica del aparato estatal es una fórmula segura para el desgaste social y político.

Si el Gobierno quiere hablar en serio de productividad, debe empezar por el tiempo. El tiempo de las familias, el tiempo de los trabajadores y el tiempo que el propio Estado desperdicia. Apostar por la conciliación, la jornada continua y los sistemas de cuidado no es debilidad frente a la crisis: es una respuesta moderna y responsable.

Bolivia necesita un Estado que ajuste donde corresponde, pero que al mismo tiempo cuide, ordene y piense a largo plazo. Modernizar de verdad no es apretar más fuerte; es gobernar mejor.


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