Subnacionales: la democracia y la "chicana" electoral
En el cierre de un ciclo proselitista agotador, Bolivia encara unas elecciones departamentales de nuevo marcadas por la discrecionalidad
Aunque parezca que no se va a acabar nunca, la campaña electoral por las subnacionales, que cerrará el ciclo proselitista en Bolivia después de casi dos años intensísimos, ya ha entrado en su fase decisiva. Las alianzas han presentado a sus diferentes candidatos y con ello, los ciudadanos ya pueden hacerse una idea más o menos definitiva sobre sus preferencias, que al final es lo que pesa en la toma de decisiones frente a las ánforas.
Queda todavía algunos procedimientos burocráticos, como validar los datos y los documentos presentados, donde probablemente algunos de los inscritos serán sustituidos, un procedimiento que se ha convertido en el pan nuestro de cada día.
Sin entrar a valorar las diferentes candidaturas, va quedando claro que el cambio de ciclo es una realidad existente, aunque eso no garantiza ni la consolidación de la democracia ni de la institucionalidad. El evismo se ha quedado fuera en las principales plazas del país, pero también muchos de los satélites del “proceso de cambio”, que aunque tienen voluntad de depurar el ambiente y encontrar nuevos liderazgos, siguen topando con la realidad de la política.
En la misma dirección, se ha apostado por lo “institucional” y no por la democracia: docenas de nuevas agrupaciones electorales han quedado fuera por no cumplir un artículo de la Ley que no fue problema en las nacionales para que participara Morena, de Eva Copa, nacida menos de 90 días antes de que se convocara el proceso. Para más inri, la candidatura oficialista presentada en todos los departamentos reúne a Unidad Nacional, una agrupación departamental TARIJEÑA, y un MIR recién resucitado que no cumple ni de lejos la mínima normativa electoral, pero que figura.
En Bolivia nos vamos acostumbrando a este tipo de decisiones discrecionales de jueces y vocales electorales como si no pasara nada, pero pasa. En las nacionales se silenciaron dos opciones y en la actualidad más, mientras el poder sigue acomodando su voluntad.
El asunto es que parece depender de quien es el apestado castigado para que la opinión pública lo considere mejor o peor, pero lo cierto es que estas decisiones antojadizas ponen en cuestión los muchos esfuerzos realizados y los propios resultados electorales.
El país está convulsionado tras el cambio de Gobierno y la promulgación del decreto 5503, un baño de realidad acelerada que nadie esperaba tan profundo y tan rápido. Mientras, los departamentos siguen siendo un pilar fundamental para administrar la vida de la gente y sus servicios elementales. El debate profundo de ideas y propuestas va a ser más necesario que nunca en un contexto nuevo con nuevas lógicas y nuevos miedos. Ojalá que la política propiamente dicha sea lo central de la campaña que arranca y no las chicanas. Ojalá que gane la democracia.


