Feliz Navidad
Aunque el decreto 5503 ha trastocado los planes, los bolivianos han vuelto a dar muestras de saber acompasarse a las circunstancias y al calendario
¡Navidad, Navidad! La Navidad es sin lugar a dudas la gran fiesta de las familias bolivianas y tarijeñas, una fecha señalada en el calendario en la que las familias vuelven a reunirse, a encontrarse y a consolarse con un fin, que es religioso, pero que también es vital: en Navidad renace la esperanza, la luz, la fuerza de creer, que se simboliza en este caso en el nacimiento de Jesús y que incluso los menos creyentes han adaptado a sus propias convicciones.
La Navidad es tiempo de fe, que al final es esa capacidad humana de creer que las cosas pueden ir siempre a mejor, es tiempo de la esperanza, de ser positivos… y también de perdonar.
La Navidad es un tiempo de paz y de buenos propósitos, y siempre cabe recordar que no son las fechas sino la voluntad de los hombres la que moldea los destinos.
2025 ha sido un año tremendamente complejo, donde la institucionalidad del país ha caído varias veces por el precipicio y la economía ha aguantado de forma milagrosa; un año en el que se ha dado un vuelco político histórico – el MAS ha pasado de cuatro mayorías absolutas consecutivas a apenas dos curules en el parlamento – y todo se ha reordenado en base a estas nuevas lógicas: lo social, la política internacional, las convicciones primarias.
Se han cruzado varias líneas rojas: lo electoral ha sido un sucio campo de combate, el TCP implosionó al borde de la náusea, el parlamento sigue pareciendo un kínder donde dar rienda suelta a las pulsiones primarias y el nuevo gobierno parece improvisar a cada rato para cohesionar su acción sobre una narrativa a veces imposible y contradictoria.
El Decreto Supremo 5503, concentrado sobre el nuevo precio de la gasolina pero que contempla otros muchos motivos de alerta: desde la libre exportación total a la congelación salarial pasando por crípticos artículos que hablan de los ahorros de la Gestora y todo el andamiaje para firmar contratos con empresas extranjeras sobre recursos estratégicos en un abrir y cerrar de ojos, no ha logrado amargar el espíritu de la fecha, una calma tensa que bien podría interpretarse como una advertencia de lo que se viene y no tanto como una resignación cristiana ante lo inevitable.
Como todo se andará en esta viña del Señor, no conviene amargarse por adelantado, sino más bien concentrarse en el presente. En esta Navidad y en este fin de año, lo más importante siempre es rodearse de las personas queridas, poder compartir, poder entender y, de nuevo, hacer renacer en el corazón de cada uno la expectativa de poder y querer ser mejores. Es un compromiso que parte de lo individual y se convierte en colectivo y en el que todos acabamos ganando. La Navidad es un tiempo de paz y de buenos propósitos, y siempre cabe recordar que no son las fechas sino la voluntad de los hombres la que moldea los destinos.
Desde el diario El País les deseamos a todos ustedes, entrañables y amigos lectores, una muy Feliz Navidad, que la luz de la ilusión renazca en sus corazones todos los días.
Feliz Navidad


