Las MyPES y el ajuste: cuando la estabilidad se sostiene desde abajo
Las MyPES y el ajuste: cuando la estabilidad se sostiene desde abajo
El segundo volumen de “El costo social del ajuste”, elaborado por Oxfam antes de la promulgación del DS 5503 que sube el combustible, libera exportaciones y congela salarios, entre otras cosas, pone el foco donde rara vez se mira cuando se discuten reformas macroeconómicas: en la microeconomía real, la que sostiene el día a día de millones de hogares y amortigua, casi en silencio, los golpes de la crisis. Las micro y pequeñas empresas —y, de manera muy particular, las mujeres emprendedoras— aparecen en este informe no como un problema a corregir, sino como un pilar invisible de estabilidad social y económica.
El estudio demuestra, con evidencia empírica y trabajo de campo, que las mujeres al frente de MyPES están funcionando como un verdadero amortiguador sistémico. Frente al encarecimiento de insumos, la escasez de divisas y la presión inflacionaria, no trasladan plenamente los costos al consumidor. Ajustan por donde pueden: reduciendo márgenes, sacrificando ingresos propios y restringiendo el consumo familiar. Es decir, sostienen precios y empleo a costa de su bienestar. No es resiliencia romántica: es una transferencia silenciosa de costos desde la macroeconomía hacia los hogares.
Este hallazgo obliga a cuestionar una narrativa muy extendida en Bolivia: la que asocia informalidad, emprendimiento unipersonal o estructura familiar con ineficiencia. El informe es claro: esa forma de organización no responde a atraso cultural ni a falta de ambición, sino a una racionalidad económica frente a un entorno hostil. Altos costos de transacción, escaso acceso al crédito, débil capital social y una institucionalidad que castiga más de lo que acompaña explican por qué crecer, formalizarse o asociarse resulta, muchas veces, un riesgo y no una oportunidad.
En ese contexto, insistir en ajustes macroeconómicos sin una política activa hacia las MyPES no solo es socialmente injusto, sino económicamente miope. El informe plantea una tesis contundente: fortalecer a las mujeres emprendedoras —especialmente mediante redes asociativas, cooperación productiva y apoyo institucional— es una de las estrategias más eficientes para mitigar los efectos del ajuste y, al mismo tiempo, potenciar la productividad y la autonomía económica. No se trata de asistencialismo, sino de inversión inteligente.
Bolivia discute hoy reformas profundas en subsidios, tipo de cambio y ordenamiento fiscal. Pero el debate sigue atrapado en cifras agregadas y equilibrios contables, mientras el costo real se desplaza hacia los eslabones más frágiles del sistema productivo. Las MyPES no pueden seguir siendo el colchón que absorbe crisis ajenas sin reconocimiento ni respaldo. Menos aún cuando ese colchón tiene rostro femenino.
El mensaje del informe es inequívoco: si el ajuste se descarga sobre quienes ya operan al límite, el resultado no será estabilidad, sino descapitalización social, precarización crónica y menor capacidad productiva futura. Apostar por las mujeres emprendedoras y por la construcción de redes no es una concesión ideológica; es una condición mínima para que cualquier reforma tenga viabilidad económica y legitimidad social.
Ignorar este diagnóstico sería repetir un error conocido: exigir sacrificios a quienes ya sostienen el sistema sin voz ni protección. Y ningún ajuste, por técnicamente correcto que parezca, sobrevive cuando se apoya en ese desequilibrio.
Destacado: Mientras el debate económico se concentra en cifras fiscales y cambiarias, miles de mujeres emprendedoras funcionan como un amortiguador silencioso de la crisis.


