Los subsidios y la política

Paz respondió siempre con evasivas las preguntas directas sobre la subvención pero trató de dejar en claro que “siempre protegería a los más débiles”

La democracia es el nombre que le hemos dado al sistema de convivencia en las sociedades en este hemisferio occidental donde la política, el arte de hacer política, va marcando los tiempos y evoluciones. Es incompleta, pero hermosa: un grupo de personas plantea sus ideas y propuestas en el marco de juego constitucional, explica todo lo que quiere hacer y cómo lo va a hacer, y la gente, mediante el voto, acaba decidiendo a quien le entrega el poder. Un poder que no es un cheque en blanco, sino la posibilidad de desarrollar esas promesas que se hicieron en campaña.

La protesta es parte de la democracia, precisamente porque es imperfecta: los elegidos obtienen demasiado poder con muy pocos mecanismos de control popular y muy poca transparencia. Uno puede decir en campaña: no soy enemigo de los ricos pero soy más amigo de los pobres y luego quitar el impuesto a las grandes fortunas como primera medida y retirar el subsidio de la harina como segunda. La protesta es lo único que queda, y este país siempre ha sido muy consciente de ello.

Retirar la subvención de los combustibles es una medida política y como tal hay que tratarla. No son necesarias las apelaciones al apocalipsis ni a la resignación cristiana. Tampoco tiene sentido tildar de “masista” a cualquiera que la critique porque solo revela el miedo y el aislamiento respecto al sector popular que como demostró el 17 de agosto y el 19 de octubre, sigue siendo mayoría decisiva.

La subvención a los combustibles en este país ha beneficiado sobre todo a los que más tienen, y esto es verificable. Grandes volúmenes de diésel subvencionado se van a la agroindustria y a la minería que sacan sus productos al mercado de exportación a precio internacional y que revierte en sus considerables márgenes de ganancia, que además no se han reinvertido en desarrollo industrial, sino en todo caso, en bienes inmuebles contribuyendo a la burbuja inmobiliaria que está convirtiendo en inaccesible el sueño de techo propio.

También a nivel calle: la arroba de papa, el cuarto de pollo o el papel higiénico cuesta igual para todos y todos necesitan más o menos la misma ración para sobrevivir, pero para unos representa un 1% de sus gastos y para otros el 20% o más. El porcentaje de vagonetas en las grandes ciudades es desproporcionado respecto a otros países mucho más avanzados, etc., pero aun así, es de las pocas medidas que llegan a todos y que se sienten en el día a día.

Para algunos la medida no ha causado desarrollo alguno, y es probable que, en la medida en que apenas se ha generado industria, así sea, pero también es cierto que las familias bolivianas están hoy mejor que hace 25 años, aunque algunos de los de arriba estén igual.

Subvenciones, subsidios e incentivos hay en todos los países del mundo: en Europa, en China, en Ucrania, en Rusia y en Estados Unidos se protege directa o indirectamente la producción agrícola de una u otra forma

Las medidas políticas se sostienen con argumentos y por cierto: subir el precio del combustible en bolivianos no te garantiza dólares para importar y hace muchos meses que las empresas tenían posibilidad de traer su propio combustible. El problema sigue siendo el mismo, pero con la gasolina más cara.

Subvenciones, subsidios e incentivos hay en todos los países del mundo. La política básicamente consiste en eso, en aplicar programas y desarrollar ideas que garanticen una cohesión social más fuerte: en Europa, en China, en Ucrania, en Rusia y en Estados Unidos se protege directa o indirectamente la producción agrícola de una u otra forma, curiosamente en Sudamérica se ha interiorizado la demonización de esos instrumentos siendo uno de los graneros del mundo que amenaza precisamente su estabilidad.

Paz respondió siempre con evasivas las preguntas directas sobre la subvención pero trató de dejar en claro que “siempre protegería a los más débiles” ante una medida así, porque evidentemente entendía que era una medida lesiva. Las medidas que incluye ese paquete de protección: subir la renta de la  (in)dignidad 150 bolivianos o un bono de máximo 150 bolivianos cobrado como máximo tres veces es sin duda una medida humillante que deberían sonrojar al propio ministro cuando las cita en defensa de la protección social.

El pulso recién ha comenzado y el Gobierno no quiere mostrar cartas de negociación. Los movilizados tampoco.


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