Rodrigo Paz y las subnacionales
El gobierno, en alianza con Unidad y MIR, se presenta en todos los departamentos del país, en algunos con aliados locales fuertes
El mensaje lanzado por el presidente Rodrigo Paz Pereira con la inscripción de una agrupación a nivel nacional de la mano de Samuel Doria Medina y Jaime Paz Zamora es sin duda contundente, sobre todo para aquellos que habíamos pensado que Paz Pereira asumía el momento histórico de conducir el país del ostracismo económico y la angurria política hacia la recuperación y la institucionalidad con más vocación de servicio que de poder. Se trata esencialmente la política en estado genuino, donde el poder territorial y la hegemonía cultural siguen siendo el objetivo primordial.
En el cálculo seguro han pesado encuestas, proyecciones y también una lectura en la que se pondera la necesidad de tener alianzas sólidas en el terreno que favorezcan los diálogos, pactos y la viabilidad de soluciones en un tiempo que con seguridad, será complejo y ríspido.
La alianza tiene algunas contradicciones que el Tribunal Supremo Electoral deberá aclarar. Unidad Nacional no tiene observaciones; el MIR acaba de resucitar por orden judicial – casualidades del calendario – y Primero la Gente es un partido Departamental de Tarija, por lo que es posible que todo acabe concertado solo sobre la estructura de Samuel Doria Medina, y quizá sea solo darle visibilidad el objetivo de un Jaime Paz renacido a la política y del propio Paz Pereira, que vuelve a desafiar sus límites.
Es el tiempo de tomar decisiones y concentrarse en el presente inmediato; es también el tiempo de la política certera, de la que sirve para encontrar soluciones
El frente se ha denominado Patria con diferentes variaciones según departamento y tiene aliados potentes en varios departamentos clave, como Luis Fernando Camacho en Santa Cruz, Luis Revilla en La Paz y Adrián Oliva en Tarija. Todos van a enfrentar un cambio en sus planteamientos de campaña: siempre sobrevivieron a la contra del poder y ahora tocará remar a favor del oficialismo, lo cual en tiempos de incertidumbre como los actuales siempre supone una mayor dedicación.
Es verdad que uno de los asuntos centrales del Gobierno expresados en campaña es la distribución de recursos 50-50, un esquema que exige una reforma del marco competencial – al menos una ordenación sistemática – y seguramente una negociación de fondo para determinar no sólo el 50% de qué sino cómo se distribuye en los diferentes territorios. En ese marco es evidente que cuanto más cerca se pueda estar para asegurar el sonido de las tesis de Tarija es positivo, pero también se puede convertir en una trampa el hecho de tener demasiados socios previos.
El país sigue atravesando un momento extremadamente complicado. Más allá de las investigaciones por corrupción o ciertos cambios en la política internacional, el combustible sigue siendo un dolor de cabeza y la ausencia de dólares una suerte de extorsión permanente. El empleo escasea, los precios siguen golpeando y las oportunidades se disipan. Es el tiempo de tomar decisiones y concentrarse en el presente inmediato; es también el tiempo de la política certera, de la que sirve para encontrar soluciones y no marearlas.
La carrera está oficialmente lanzada.


