El poder de Lupo

La acumulación de funciones clave en el Ministerio de la Presidencia revelan su posición estratégica

Después de dos semanas y media del nuevo Gobierno, se van asentando los diferentes roles en el gabinete al margen del pulso irracional abierto con el vicepresidente Edmand Lara, que resulta inexplicable desde casi cualquier punto de vista.

El hombre fuerte es sin lugar a dudas José Luis Lupo, que sonó para casi todos los puestos fuertes del gabinete - Cancillería, Planificación, Economía – y por ende acabó en Presidencia, que es al fin y al cabo como él lo ha definido, el cerebro de la gestión tanto en el corto plazo como en el largo.

Lupo no solo es ministro de la Presidencia, que de por sí implica ser el gerente del país. Es también el vocero de los momentos delicados: él es quien tuvo que explicar el desastroso acto de posesión del gabinete del domingo 9 de noviembre; el que luego ordenó los viceministerios y el que ahora ha tenido que darle forma al súbito cierre del Ministerio de Justicia el día después de que se reorganizara por decreto todo el ejecutivo.

Desde supervisar la agenda legislativa a las denuncias de transparencia y la gestión del INRA dependen de Presidencia

En aquella desordenada posesión ministerial le cayó también el Ministerio de Desarrollo Rural y Tierras – el del INRA -, de forma interina que después convirtió en Viceministerio aunque posesionó más tarde que a los otros cuatro. Tierras es sin duda una de las competencias más codiciadas por diferentes grupos de poder del país con mayor o menos llegada al Presidente, y que de momento se quedó Lupo.

Lupo desdobló algunos viceministerios de Coordinación, llamando la atención precisamente uno: coordinación legislativa, tanto por sus competencias – similares a las del Vicepresidente, aunque con mayor grado operativo – y por su titular: Wilson Santamaría, diputado de largo aliento que también estuvo con Jeanine Áñez y Arturo Murillo y cuya proximidad con Unidad fue negada por el propio Samuel Doria Medina.

Como sea, Lupo además de gerenciar el día a día, y el gran objeto de deseo, asumió también la responsabilidad principal de lograr consensos en la Asamblea (que ya se ha visto que no será tan sencillo como lo anunciado), pero que además implica concertar la paz con el vicepresidente Lara.

Por si fueran pocas funciones, Lupo ha asumido también la interinidad transitoria del Ministerio de Justicia, pues con dos nuevos Viceministerios ha asumido las principales competencias de esa materia y todo apunta a que será también el tutor del “delegado” que nombre Paz Pereira para conducir esa transición hacia no se sabe muy bien qué, pues más allá de que los jueces se gobiernen entre ellos, que parece un disparate, el mandato era precisamente reformar la Justicia con este gobierno a los mandos y no dinamitar el Ministerio a las primeras pugnas.

De Lupo se han escrito ríos de tinta, pero es demasiado simple decir que es peón de Samuel Doria Medina, pues en los 90 ya hizo política – cinco veces Ministro – con Jaime Paz y con Tuto Quiroga, y después ha estado 20 años en organismos internacionales hasta que decidió retornar para asumir poder – era candidato a la Vicepresidencia por algo -. No es tan extraño entender que Rodrigo Paz le ha entregado las llaves de la gestión a Lupo si se entiende el todo, las partes y el conjunto.

Lupo es sin duda el hombre a seguir y de su éxito dependerá en buena medida el del Gobierno, aunque no necesariamente el del país.


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