La centralidad del Medio Ambiente

La idea de colocar a las carteras más contaminantes bajo tuición ecológica ha chocado de frente con la resistencia de los grandes lobbys económicos

Bolivia es uno de los países más biodiversos del mundo y también un enorme neutralizador de dióxido de carbono, pero es también un país pobre donde las urgencias se acumulan, y donde lamentablemente, no se ha desarrollado una verdadera conciencia ambiental ni siquiera en las dos décadas en las que se ha hablado a fondo de la Pachamama y sus derechos.

La depredación es la norma y si no tuviéramos más de un millón de kilómetros cuadrados de territorio con solo una ínfima parte poblada, capaz ya nos habíamos convertido en cementerio carbonizado.

Que no lo seamos todavía responde mucho más a la incapacidad que a la voluntad. Por lo general cada vez que se intenta controlar alguna de estas prácticas, el debate acaba siendo superado por lo pragmático: licencias, regalías, pegas, etcétera.

Hace unos años se bajaron los brazos, era algo así como la factura a pagar por ser precisamente un país pobre donde el extractivismo manda: se extrae el petróleo, se extrae el mineral, se extrae la madera, y últimamente ni siquiera: se arrasa nomás con todo en nombre de la expansión agroindustrial hacia donde sea.

En el discurso de investidura Rodrigo Paz señaló que el Medio Ambiente sería una prioridad en su gobierno

Muchos ambientalistas ya han asumido que es precisamente la industria petrolera y gasífera, antaño el coco mismo de las ONG, la única industria que ha sido capaz de controlar sus impactos, y además, la que menos impactos genera – si no hablamos de fracking y sísmicas agresivas -, pero a la vez se han quedado mudos ante el enorme poder que han venido adquiriendo mineros y agroindustriales en el país desde siempre, pero especialmente en los últimos años donde la escasez de dólares y la ambición de algunos han logrado influir en lo más profundo de la administración.

El Gobierno de Rodrigo Paz ya ensayó en campañas algunas líneas retóricas al respecto de la gestión del Medio Ambiente y se esforzó por explicar el valor intrínseco de la biodiversidad, aunque al final quedara reducido a su potencial turístico por un lado y en forma de bonos de carbono por otro.  Los grandes foros donde se arrancaron compromisos casi de forma extorsiva no fueron precisamente los verdes.

En el discurso de investidura Rodrigo Paz señaló que el Medio Ambiente sería una prioridad en su gobierno. Lo dijo ante la atenta mirada de uno de los negacionistas más activos: Javier Milei, y todo el poder agroindustrial, a los que además pareció dirigirles otro mensaje con aquella metáfora conceptual sobre “ser y estar boliviano”. En campaña ya había advertido que era necesario que las empresas que habían sacado sus dólares – lo que cifró en 7.000 millones de dólares – las repatriaran. Ser y estar boliviano. La CAO tardó apenas 48 horas en emitir un mensaje en el que le pidió celeridad al presidente para cumplir sus promesas.

El caos del domingo, donde no se leyeron los responsables precisamente de las carteras de Medio Ambiente y Minería y sí la interina de Tierras y Desarrollo Productivo, puede estar a punto de mandar al traste una idea arriesgada, pero necesaria: colocar bajo tuición verde a las dos o tres áreas más conflictivas con lo que al medio ambiente se refiere. Para unos: mala suerte, para otros; boicot. Los mineros ya han asegurado su supervivencia y la agroindustria tiene dos carteras, por el momento.

El asunto no es fácil y Paz Pereira tiene que asegurar sus apoyos sin traicionar sus palabras y sin duda, queda muchísimo por discutir.


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