Paz, Lara y los entornos

El compromiso con la transparencia ha sido nítido y nadie debería exigirle a una parte que se muerda la lengua sino, más bien, hacer los esfuerzos para que no haya motivos

Por alguna razón, probablemente opaca, en ciertos círculos políticos del país se ha instalado un debate sobre quién ganó realmente las elecciones tanto el 17 de agosto como el 19 de octubre. El debate no deja de ser curioso, pues los mapas de color con los resultados por regiones, pero también a detalle en cada uno de los municipios deja poco margen de interpretación, pero además, este tipo de debate de naturaleza filosófica sirven en la previa a modo de definir una estrategia ganadora – como perfectamente se hizo en la campaña del Partido Demócrata Cristiano (PDC) -, pero una vez que se obtiene la victoria, el ganador pasa a ser el presidente (y vicepresidente) de todos los bolivianos, y en esa naturaleza debería operar el gobierno.

La política antigua permitía muchos giros de cintura, pactos entre cuatro paredes e incluso, instalar narrativas con calma que allanaran el camino para decisiones incómodas o críticas. La hemeroteca digital actual no: todos los compromisos han sido no solo públicos y grabados, sino convertidos en memes, canciones, videos épicos, etc. Hoy nadie puede asegurar con certeza quien ha votado a quién por qué, pues a cada uno le ha podido impactar un momento distinto que ha desembocado en la misma acción: votar a un binomio concreto.

No se suele perder por una cosa concreta sino por una suma de razones, pero lo que es objetivo es, por lo general, que el que pierde, no gana

Pasa más o menos lo mismo con los perdedores. No se suele perder por una cosa concreta – por un tuit racista de hace una década, por ejemplo, - sino por una suma de razones. Sin embargo, lo que es objetivo es la derrota, y por lo general el que pierde, no gana.

El binomio Paz – Lara venía de muy atrás y por lo tanto, prometió una enorme cantidad de beneficios – de salario universal a las mujeres y créditos al 3% hasta Rentas Dignidad de 2.000 bolivianos – que cualquier boliviano está seguramente dispuesto a olvidar si se dan las explicaciones pertinentes – aunque se guarde el tema en la memoria y en la hemeroteca -, pero no así los pilares donde se dijo que se asentaba la candidatura, y en el caso de Paz – Lara es la lucha contra la corrupción que, por encima de todos, embandera el ex capitán de la Policía.

En 20 años no hubo una fórmula capaz de derrotar electoralmente al MAS en las elecciones nacionales, algo que se ha logrado en medio de la descomposición del partido y del país, pero la memoria permanece.

Rodrigo Paz conoce el Estado y todos sus resortes desde dentro desde hace muchos años, mientras que Edmand Lara ha conocido también las miserias cotidianas que nos rodean. Ambos están condenados a entenderse, y por ambos se entiende que no son solo las dos personas, sino todo el entorno que parasita a su alrededor y por cuyo desempeño serán juzgados.

El compromiso con la transparencia y la lucha contra la corrupción ha sido nítido y nadie debería exigirle a una parte del binomio que se muerda la lengua sino, más bien, hacer los esfuerzos para que no haya motivos. El nuevo gobierno ya está en marcha y la paciencia popular, ciertamente, está cada vez más agotada.


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