Un gabinete para un desafío

Rodrigo Paz posesionará hoy a su equipo de ministros en función de una agenda expuesta y que enfrentará múltiples desafíos

En unas pocas horas el presidente electo Rodrigo Paz Pereira nombrará gabinete de ministros y este editorial quedará obsoleto, pero lo cierto es que hay mucha expectativa por conocer la composición, ponderar los criterios que ha barajado y reconocer las prioridades que se marcará en el corto plazo.

Hay unos cuantos nombres que se vienen repitiendo recurrentemente, como José Luis Lupo y Gabriel Espinoza, importados desde el equipo de Samuel Doria Medina, a quien parece que se les entregará el timón de la economía – algunos señalan que Lupo será el Canciller precisamente para abrir las puertas de los organismos multilaterales en los que lleva trabajando media vida, aunque lo podría hacer también desde Planificación -.

El resto son prácticamente un misterio, y aunque Paz ha hablado de un “gabinete técnico”, no se necesita el mejor en la especialidad en cada Ministerio – siempre habrá disparidad a la hora de saber quién es el mejor – sino también un buen gestor con capacidad política para llegar a acuerdos. Vale esto como criterio general.

Quizá incluso antes de la Economía, la principal urgencia es la de Justicia: recuperar la institucionalidad y plantear una reforma de fondo es una cuestión que debe pilotar el Ministerio de Justicia, aunque al final se elimine o se integre en Presidencia. La necesidad de que sea una persona con probada solvencia moral, más allá de que sea un jurista reconocido con muchos títulos.

Otro de los grandes debates es saber qué hará con Medio Ambiente. La tendencia general en los gobiernos “modernos” – y Paz quiere uno de esos – es fusionarlo con otras carteras dedicadas a la producción y demás para hablar de Desarrollo Sostenible. La vicepresidencia de la UE, por ejemplo, se llama de “Transición Ecológica” y unifica competencias sobre bosques y electricidad mientras que Argentina es poco más que una subsecretaría. Enmarcar hidrocarburos dentro de una cartera “verde” también tendría sentido, aunque la clave pasa por la vinculación del titular con los dos grandes negocios del país que impactan en su sostenibilidad: mineros y agroindustria, pues tanto el Ministerio de Minería como el de Desarrollo Rural y Tierras, e incluso el de Desarrollo Productivo, se pueden enmarcar ahí.

En los ministerios de Gobierno y de Defensa no se esperan demasiados cambios, aunque aquí planea la incertidumbre de si quedarán en manos de alguien vinculado a Edmand Lara o a la vieja guardia del MIR.

Fusionar Educación, Cultura y Deporte es un clásico en los gabinetes de ajuste, aunque la reforma de la Ley Avelino Siñani es otra de las claves. Salud en principio también quedaría como independiente, teniendo por misión coordinar la descentralización hacia las autonomías para cumplir con el 50/50.

Otras fuentes también señalan que el ministerio de Trabajo, Empleo y Previsión Social crecerá para enfocarse más hacia el autoempleo, probablemente uniéndose con algunas de las competencias de Desarrollo Productivo. La COB ya sabe que no tendrá la cartera y no le ha gustado, pero los datos hablan por sí solos.

Obras Públicas parece un ministerio inamovible, al menos de momento.

La cereza de la torta será el ministerio de la Presidencia. Paz debe elegir entre un amplio abanico de perfiles. Por ejemplo, un súper gerente de perfil bajo y alta eficiencia para coordinar los Ministerios y afrontar rápidamente los desafíos urgentes, o bien un vocero experimentado que apuntale los relatos que el nuevo gobierno querrá instalar, o bien, un coordinador legislativo que asista esencialmente a Edmand Lara.

Como sea y como siempre, sean quienes sean los elegidos, sea en buena hora y sean todos iluminados por la razón y la honestidad para llevar adelante sus difíciles misiones. El país lo necesita.


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