Rodrigo Paz, presidente
Paz tiene una enorme responsabilidad, pero también larga experiencia y una vocación enorme por ejercer justamente este papel. El país necesita confianza y aciertos
Rodrigo Paz Pereira asume este sábado la presidencia de Bolivia después de una larga carrera política y una vida entera preparándose para ello como hijo de expresidente que es. Lo ha logrado al primer intento y lo ha hecho luego de decodificar muy bien los códigos claves para el éxito electoral. Paz Pereira se colocó al centro, se abrazó a los valores tradicionales, habló de “capitalismo para todos” a un país eminentemente comercial donde su gente sabe lo que es no esperar nada de nadie y sin generar miedos ni alergias, sumó todo el voto posible.
Después de 20 años de poder del Movimiento Al Socialismo (MAS), es normal que el escenario se plantee de “cambio de época”, como todos los titulares de la prensa internacional llevan un mes señalando, pero lo cierto es que Paz ha prometido un post - masismo con cambios moderados pero sin revoluciones. También sin revanchas.
Paz ha hecho compromisos con “las grandes mayorías del país” y los “sectores más necesitados” y la coyuntura hoy no es peor que hace seis meses
El giro más notable e inmediato ha sido el de la política internacional, pero por motivos obvios y tan tácticos como estratégicos. Después de dos meses de guerra electoral, salirse del ALBA, pelear con Maduro y reunirse con Marco Rubio es la prueba del algodón sobre las raíces ideológicas de Rodrigo Paz, que en muchas ocasiones se le ha querido vincular al socialismo sin explotar su principal hilo conductor, que es el de su padre y su historia.
Es verdad que en una semana ha coqueteado con incumplir algunos compromisos de campaña, pero lo cierto es que la incierta situación económica del país le obligaba a dar algunas certezas, y lo ha hecho eligiendo la vía de Estados Unidos, que desde luego no atraviesa su etapa de mayor confiabilidad y respeto por las relaciones diplomáticas y los acuerdos, pero es la potencia más “ilusionada” de que Bolivia vuelva a alinearse tras años siendo cabeza de playa “antiimperialista”.
Creer sin embargo que Paz Pereira se volcará con los planteamientos más liberal – libertarios solo por esta señal es ligero, entre otras cosas porque Trump no está en esos planteamientos, sino en otros mucho más pragmáticos vinculados a los negocios y el poder.
Paz ha hecho compromisos con “las grandes mayorías del país” y los “sectores más necesitados” y la coyuntura hoy no es peor que hace seis meses. Sus primeros pasos dentro de la “batalla cultural” que necesariamente deberá librar y que lo puede llevar a rincones insospechados, tendrá que acompañarla con medidas económicas que no haga que la crisis la paguen los de abajo. El “capitalismo para todos” es un oxímoron, pero funcionó bien entre gente trabajadora que quiere igualdad de oportunidades, que se ha cansado de la nueva burguesía enriquecida anidada al MAS y que quiere ir por otro camino. En cualquier caso, reemplazarlos no va a ser fácil.
Paz tiene una enorme responsabilidad, pero también larga experiencia y una vocación enorme por ejercer justamente este papel. El país necesita confianza y aciertos. Se abre una nueva etapa que el tiempo pondrá en su lugar, por lo que solo resta, desde estas páginas, desearle los mayores de los éxitos al nuevo ejecutivo que hoy arranca. Bolivia lo necesita.


