Acoso escolar, padres y el mirar para otro lado
El acoso escolar no se combate solo con discursos, sino con responsabilidad compartida: cada padre, maestro y estudiante tiene un papel ineludible en frenar la violencia
Este jueves se conmemora el Día Internacional contra la Violencia y el Acoso Escolar, incluido el Ciberacoso, una fecha que debería servirnos no sólo para hablar del problema, sino para asumirlo. Porque el acoso no es una estadística ni una moda educativa: es una forma de violencia silenciosa que destruye infancias, hiere autoestimas y deja marcas que duran toda la vida.
En Bolivia, los casos de acoso escolar están creciendo. La Defensoría del Pueblo y otras instituciones lo advierten con datos alarmantes, pero el diagnóstico más preocupante es otro: la falta de un compromiso real de la comunidad educativa, incluyendo a los padres y madres de familia. En demasiadas ocasiones, las escuelas actúan tarde, los docentes callan por miedo o desinterés, y las familias – y esto es muy importante - reaccionan sólo cuando sus hijos son víctimas, no cuando son verdugos.
Esa es quizá la raíz más incómoda del problema. Nos cuesta asumir que el acoso también nace en casa, en los modelos de conducta que transmitimos, en los silencios cómplices, en la risa cuando se humilla a otro, en la impunidad cotidiana de las pequeñas violencias. Educar no es solo proteger a los nuestros, sino enseñarles a convivir, a respetar, a ponerse en el lugar del otro.
No basta con indignarse cuando nuestros hijos son víctimas; también debemos actuar cuando son ellos quienes lastiman.
El acoso no se combate con discursos ni castigos ejemplarizantes, sino con cultura: la cultura del respeto, de la empatía y de la responsabilidad compartida. No basta con que las escuelas tengan protocolos si las familias no los refuerzan en casa. No basta con que los docentes sensibilicen si la sociedad premia el sarcasmo y la humillación en redes sociales. Y no basta con indignarse ante un caso viral, si al día siguiente seguimos mirando para otro lado cuando el agresor es “nuestro hijo” o “el hijo de un amigo”.
La prevención empieza en los pequeños gestos: escuchar, acompañar, corregir, enseñar a pedir perdón y, sobre todo, a reconocer el daño causado. Esas son las bases de una convivencia sana, tanto dentro como fuera del aula.
Por eso, en este Día Internacional contra el Acoso Escolar, vale la pena recordarlo con claridad: no hay neutralidad posible frente al maltrato. Cada vez que justificamos, minimizamos o callamos ante una burla cruel, estamos educando en la violencia.
Bolivia necesita una alianza real entre Estado, escuelas y familias para poner fin a esta cadena de dolor que se repite generación tras generación. Pero esa alianza empieza en casa, con la valentía de mirar de frente a nuestros hijos —víctimas o agresores— y enseñarles que toda forma de violencia es inaceptable.
Porque el acoso no se resuelve con indiferencia. Se resuelve con ejemplo.


