El gabinete que Bolivia necesita
Que nadie se quede afuera, pero que nadie entre sólo por estar cerca. Bolivia necesita ministros que sepan más de gestión que de cálculo, más de futuro que de favores
Gobernar en tiempos de crisis exige algo más que voluntad: requiere un equipo. El nuevo presidente, Rodrigo Paz, asumirá el sábado el desafío de reconstruir un país que lleva demasiado tiempo administrando emergencias. No bastará con promesas ni con la inercia de los discursos; el éxito o el fracaso de su mandato dependerán, en buena medida, de la conformación de su primer gabinete.
Bolivia necesita un equipo técnico, sólido, con la cabeza fría y las manos limpias. La situación económica es demasiado grave como para dejarla en manos improvisadas o de meros operadores políticos, pero también de extremistas o de aquellos que han anticipado criterios y se muestran dogmáticos. El abastecimiento de combustibles, la estabilización del tipo de cambio, la reconstrucción de las reservas internacionales y la atención a los niveles crecientes de pobreza exigen profesionales capaces de actuar con rapidez, pero también con prudencia y visión de Estado. Las soluciones no llegarán de la noche a la mañana, pero sí pueden empezar a construirse con decisiones acertadas, sostenibles y bien comunicadas.
El reto de Rodrigo Paz será, pues, doble: formar un equipo técnico que actúe con eficacia y un gabinete político que hable con empatía
Al mismo tiempo, un gobierno no se sostiene sólo con técnicos. La política, en el sentido más noble del término, es el arte de sumar y de convencer. El presidente necesita ministros y ministras que sepan explicar las decisiones, escuchar a la ciudadanía, tender puentes con la Asamblea y generar confianza en los distintos sectores. Un gabinete eficaz no sólo resuelve problemas: los anticipa, los comunica y los comparte con la sociedad. Nada de esto viene pasando desde hace una década o más.
En este punto, la comunicación y la negociación no son accesorios: son condiciones de gobernabilidad. El país no puede permitirse otra etapa de desencuentros, ni de gobiernos encerrados en sí mismos o dominados por la ansiedad de las redes sociales. Gobernar hoy implica también saber comunicar certezas en medio del ruido, sin ocultar las dificultades pero sin alimentar el pesimismo.
El reto de Rodrigo Paz será, pues, doble: formar un equipo técnico que actúe con eficacia y un gabinete político que hable con empatía. La combinación entre conocimiento y sensibilidad puede ser el gran activo de un gobierno que empieza con expectativas altas y con un mandato de cambio responsable.
Elegir bien es, además, una señal. En un país cansado de los cuoteos y las reparticiones de poder, el nuevo gabinete debe representar a la sociedad sin ser un botín de los partidos ni de los sectores de poder. La inclusión no debe confundirse con el reparto, ni la pluralidad con el desorden. Hay espacio para el talento en todas las regiones y corrientes, y sería un error no aprovecharlo.
Que nadie se quede afuera, pero que nadie entre sólo por estar cerca. Bolivia necesita ministros que sepan más de gestión que de cálculo, más de futuro que de favores. Si el presidente logra ese equilibrio —entre la técnica y la política, entre la cabeza y el corazón— podrá iniciar una etapa distinta, de reconstrucción y confianza.
El país ha dado un paso en las ánforas. Ahora toca darlo en la práctica. Que el nuevo gabinete sea el reflejo de un tiempo nuevo, donde la capacidad, la honestidad y el sentido de servicio sean los verdaderos nombres del cambio.


