El futuro y el 45%

Más allá de las cifras, el acuerdo del 45% es un Pacto Fiscal que no ha dado los resultados esperados, por lo que urge su reformulación global, no la reiteración del error

Una vez más, el oportunismo político ha reactivado la demanda de redistribuir las regalías del departamento por provincias en función a su producción fiscalizada de hidrocarburos. El asunto no es nuevo: cada cierto tiempo estaba volviendo al pleno sin que siquiera llegue a su estadio inicial, que sería corroborar si la Asamblea Legislativa Departamental tiene competencias para modificar una Ley Nacional. De momento la Ley se ha aprobado e inicia así un recorrido jurídico que necesariamente debe ser validada por el Tribunal Constitucional.

Y es que la distribución de regalías a nivel departamental está blindada con la Ley 3038, que es nacional, pero que es el reflejo de un pacto fiscal alcanzado en el departamento hace ya unas décadas con la intención de continuar unidos desde el respeto, algo que cada vez se pone en cuestión.

La cifra del 45% no es una cifra casual o capricho de nadie. El territorio de la provincia Gran Chaco es más o menos del 50% y su población rondaba más o menos el 40% en el momento del acuerdo. A eso se sumaba un abandono sistemático y un olvido que no remedió ni la Guerra, y que solo empezó a subsanar el petróleo: sus caminos se abrieron para que pasaran los petroleros y sus asentamientos se hicieron en base a esas necesidades.

En algún momento en Tarija se ha intentado tener 11 Sedecas licitando obras y 11 servicios de Salud planeando hospitales de tercer nivel.

El acuerdo es de otros tiempos, cuando los recursos eran escasos. Los grandes proyectos los decidía el Gobierno Nacional (como ahora). Las regalías eran esencialmente para proyectos puntuales y complementarios, hasta que hicieron boom con el gas y todo se multiplicó. Sin embargo para entonces ya había esa base de acuerdo que tenía un  origen: el convencimiento de los chaqueños, como de los tarijeños, de que los recursos se administran mejor desde la propia casa donde se conocen las necesidades y no desde la casa del vecino, que está a la suya.

El acuerdo se vuelve a poner sobre la mesa básicamente porque se ha aprobado la exploración en Tariquía – que la Asamblea alguna vez ha prometido rechazar – y también en campos aledaños como Churumas. Unas operaciones están en Entre Ríos, las otras en Arce, las unas son inciertas, las otras muy inferiores a cualquier proyecto anterior.

El razonamiento de dejar un porcentaje de las regalías en el municipio productor puede tener cierto sentido, sobre todo en regiones que históricamente han luchado contra el centralismo, pero no se debe olvidar el principio rector de la unidad ni el enfoque de utilidad de los mismos. En algún momento en Tarija se ha intentado tener 11 Sedecas licitando obras y 11 servicios de Salud planeando hospitales de tercer nivel. El fiasco económico está a la vista.

El asunto no se trata solo de tamaños o de qué harían municipios de 15.000 habitantes con diez o cien millones de dólares entrando directamente en su caja, de lo que se trata es de entender el momento y proyectar el futuro de Tarija de forma ordenada y cohesionada. Nos toca pensar en el futuro sin gas, no insistir en las reducciones ni en formatos que ya fracasaron. Tarija necesita una hoja de ruta clara y un pacto fiscal acorde, no seguir peleando por las migajas de un sector que siempre será efímero. Es tiempo de construir nuevos pactos con nuevas ideas. No de seguir raspando la olla sin que al final nadie proponga otra solución que la de redistribuir migajas para construir elefantes.


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