Tarija después de elecciones

El departamento de Tarija ha sido tradicionalmente maltratado a pesar de ser en términos netos el que más ha aportado en los últimos 20 años

Tarija ha sido uno de los tres departamentos, junto a Beni y Santa Cruz, donde no ha ganado Rodrigo Paz. No lo ha hecho pese a ganar en cinco de las seis provincias del departamento y no lo ha hecho, precisamente porque a pesar de la remontada lograda con el apoyo del Alcalde Municipal Johnny Torres y la movilización de la vieja guardia mirista, la brecha en la capital del departamento fue de casi 20 puntos.

La distancia a nivel departamental ha sido mínima 49,69% para el PDC por 50,31% para Libre; 157.237 votos por 159.195. Menos de dos mil votos. La distancia en Cercado, municipio del que fue alcalde, es sin embargo de 25.000.

El asunto no es nuevo: El municipio de Tarija ha votado recurrentemente a los candidatos de la oposición tradicional mejor situados en todas las elecciones desde 2005 – excepto en 2014 cuando ganó el MAS aprovechando la división de fuerzas entre la UD de Samuel Doria Medina y el PDC que entonces proponía a Tuto Quiroga -, y precisamente por el peso de la capital, los resultados en el departamento han tenido ese signo – aunque en 2009 también ganó Evo Morales.

La última ocurrencia ha sido impulsar un impuesto al vino, justamente la cadena productiva que venimos construyendo a pulmón desde Tarija para sustituir el desastre del gas

En ese contexto obviamente, no hay nada que temer y sí mucho por ganar. El departamento de Tarija ha sido tradicionalmente maltratado a pesar de ser en términos netos el que más ha aportado en los últimos 20 años al Tesoro General de la Nación. De nuestras entrañas han salido trillones de pies cúbicos de gas y miles de barriles de petróleo con todos sus pasivos, y a cambio hemos tenido que pagar, por ejemplo, hasta el último céntimo de la Interconexión al Sistema Eléctrico Nacional: Fuimos los últimos y más por la necesidad de conectar con la termoeléctrica de Villa Montes; también cada 30% o más de las vías fundamentales que hasta hoy no se acaban, como la del Chaco, y otras se empiezan a caer a pedazos; hasta el último céntimo del préstamo con el que se construyó la represa San Jacinto.

Con la plata de Tarija se han construido aeropuertos en lugares remotos donde no operan dos vuelos a la semana; pero el Oriel Lea Plaza lleva cuatro años en obras para una refacción; hace una década se prometió la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales y ahí sigue. El corredor bioceánico va a pasar a unos kilómetros de Bermejo y nadie ha manifestado interés en la oportunidad…

La última ocurrencia ha sido impulsar un impuesto al vino, justamente la cadena productiva que venimos construyendo a pulmón desde Tarija para sustituir el desastre que ha dejado el declive del gas por las malas decisiones tomadas en La Paz.

Lo normal es que el nuevo gobierno, y no solo porque lo dirija un tarijeño, muestre una sensibilidad diferente hacia los problemas de Tarija y se intente construir una relación distinta que genere confianza y oportunidades de desarrollo. La experiencia que ganó Rodrigo Paz en Tarija y que le ha servido para alcanzar la presidencia dejó también heridas y el tiempo ha dado una oportunidad para reparar. Las apuestas por la redistribución de recursos y el compromiso con proyectos concretos es sin duda una buena ocasión.

Con todo y como siempre, Tarija, la muy fiel y muy leal, seguirá batallando en su cotidianeidad por sumar y seguir. Asumiendo sus compromisos, sus decisiones y los resultados de sus actos. Es tiempo de construir nuevas relaciones y hay que estar preparados para ello.


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