La democracia y la ignorancia

La RAE define la ignorancia como “la falta de conocimiento”, es decir, un estado transitivo del que se puede salir, con más o menos esfuerzo, pero como mínimo, voluntad

Hay una frase popular que dice que si quieres obtener resultados diferentes, no se debe hacer lo mismo. La frase se le atribuye comúnmente a Albert Einstein, aunque no hay evidencia de que él la haya dicho. La idea central es que para cambiar el desenlace de algo, supongamos unas elecciones, es necesario modificar el proceso o la acción, ya que la repetición sin cambios suele llevar a los mismos resultados.

El asunto no es difícil de entender, pero exige, claro, un análisis sereno, sin victimismos, y con cierta capacidad de autocrítica. En Bolivia van como seis elecciones con resultados similares para una fracción de la población que busca representación en espacios de la derecha tradicional – más o menos liberal, más o menos conservadora – y que obtiene resultados idénticos: derrota.

Tuto Quiroga, un demócrata convencido y de conducta consecuente, aceptó los resultados con absoluta deportividad, felicitó a su contrincante – nunca fue de verdad rival, pues son más de 30 años haciendo política juntos – y se lo comunicó a sus bases, donde siempre anidan algunos “radicalizados”.

Después de una campaña encerrada en la burbuja de las redes, enmarcada en la lógica de la polarización, atacando sin piedad (ni argumentos) a todo lo que no muestre una adhesión inquebrantable y defendiendo a capa y espada cualquier atisbo de crítica hacia sus candidatos, aceptar una derrota sin más no estaba en los planes. La negación es la doctrina.

El “comodín del público” es gritar “fraude”, pero cuando esta razón acaba por agotarse por simple falta de evidencia y respaldo de los líderes, lo siguiente es despreciar el resultado, también con argumentos clásicos: racismo y clasismo. En estos tiempos de redes sociales, la osadía se ha puesto de moda, y no falta quienes exigen reponer el “voto censitario” o impedir el voto a aquellos que no tengan estudios superiores, además de por supuesto ilegalizar todas las opciones distintas. En el quién da más, no faltan los que “amenazan” con irse de Bolivia y aprovechan para tirar todo el “hate” posible sobre su propio país y sus gentes.

Rodrigo Paz ha entendido mucho mejor las claves sociales del país – no en vano lleva una vida entera en esto – y ha sabido decodificar mejor sus mensajes para las grandes mayorías del país. No es justo atribuirle toda la votación a Edmand Lara en ese sentido, pero mucho menos lo es negarlo como sujeto político y considerarlo una mera extensión de un masismo que orgánicamente ha desaparecido y que físicamente nunca ha sido más que el círculo rojo de Evo Morales y una enorme variedad de movimientos sociales cohesionados a través de intereses sectoriales que no desaparecen porque el partido azul colapse.

Paz – Lara lo han entendido al primer intento y les han ofrecido alternativas: capitalismo para todos, pues no son solo pegas y beneficios, sino un lenguaje de reconocimiento y respeto que no se enseña en la U ni en los cuartos oscuros de los estrategas internacionales.

La RAE define la ignorancia como “la falta de conocimiento”, es decir, un estado transitivo del que se puede salir, claro, si es que se accede al conocimiento, para lo que hace falta más o menos esfuerzo, pero como mínimo, voluntad. A partir de ahí define una enorme cantidad de grados. Por lo general la ignorancia es atrevida y suele subestimar a quienes no piensan como ellos. Como si no supieran que el IVA es igual para los que ganan mucho o los que ganan poco, que las deudas se pagan entre todos pero no a todos les cuesta igual, o que lo importante es mantener la paz para que el país sea viable.

La autocrítica siempre será importante antes de empezar a repartir calificativos.


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