Arce Catacora, el “socialista” disonante

A contadas semanas del final de su mandato, el Presidente saliente deja un legado marcadamente contradictorio. Sus referentes políticos se ubican en las antípodas de sus acciones gubernamentales. La crisis llega a sintetizarse en un escándalo familiar.   

-En el siguiente párrafo, copiamos partes de una de las, probablemente, más impactantes demandas contra los responsables de un gobierno extremadamente incapaz, irresponsable y corrupto. Un gobierno que, gracias a la Nacionalización de los Hidrocarburos, una coyuntura internacional favorable y baja deuda externa gozó de condiciones óptimas para transformar Bolivia. Sin embargo, condujo al país a una catastrófica crisis. Precisamente, la actual crítica coyuntura valida mucho más aquella vehemente demanda, nada menos que de un Juicio de Responsabilidades, expresada por un diputado nacional.  

El parlamentario, que durante tres días fundamentó su postura, aclaró entonces la naturaleza de su casi solitaria decisión: “No es verdad que el Juicio de Responsabilidades sea un instrumento en manos del poderoso porque, en este caso, quienes estamos demandando el juicio no tenemos el poder en nuestras manos (…). Estoy hablando de quienes demandan Juicio de Responsabilidades a través de nosotros, porque no somos cinco parlamentarios los demandantes, sino todo el pueblo de Bolivia… Hay, desde luego, un gran temor, no solamente entre los imputados, porque este es el calificativo que corresponde, hay también un gran temor en todos aquellos que no han sido mencionados hasta hoy. En todos aquellos que de alguna manera se hicieron cómplices en la comisión de delitos o usufructuaron de manera delictiva de situaciones de poder. Hay un temor muy grande, no solamente en quienes ejercieron funciones públicas, sino en aquellos que las utilizaron en beneficio propio…”.

Por obvias razones de espacio, no transcribimos el detalle de las acusaciones, pero estas fueron respaldadas con cifras y documentos oficiales. La primera parte del pliego acusatorio incluyó los delitos de lesa humanidad que citó asesinatos y violaciones de derechos fundamentales a cientos de personas. La segunda abarcó los “delitos contra la soberanía e integridad nacionales”, cuya parte destacada fue el fracaso en el diferendo marítimo con Chile. Y la tercera sumó los “delitos contra la economía nacional y popular”.

En esta última pormenorizó inicialmente el despilfarro de los recursos que ingresaron durante la bonanza y la forma en que se quintuplicó la deuda externa. También denunció diversos escándalos de corrupción en el manejo de las empresas públicas y el surgimiento de millonarias castas privilegiadas. Y, al final, llegó a los descalabros que se desataron en las áreas de la agroindustria, la minería y, especialmente, Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB). En este caso, incluyó la caída exportadora, la crisis de la provisión interna de carburantes y el servilismo hacia las transnacionales y el estado brasileño. Es más, llegó hasta un sonado escándalo de compra – venta de combustibles en Paraguay que involucró a allegados muy cercanos al régimen.        

¿Recuerda, amable lector, quién lanzó esta demanda de juicio, pronunció esas palabras y a quiénes aludió? ¿Reconoce a ese temerario acusador? ¿Identifica a aquellos corruptos personajes demandados que derrocharon una notable bonanza económica y mal gobernaron para desgracia de los bolivianos? La respuesta nos lleva a un momento singular en la historia política boliviana.

Se trata de Marcelo Quiroga Santa Cruz, el líder del Partido Socialista-1 (PS-1), en la presentación de Juicio de Responsabilidades contra el Gobierno de Hugo Banzer Suárez. El libro que transcribe aquel proceso (“Bolivia recupera la palabra”), iniciado el 9 de agosto de 1979, permite comprobar lo mencionado líneas arriba.  La vida suele traer tales grandes paradojas que pronto bien podría calcarse la figura y colocarse en el banquillo de los acusados a varias autoridades masistas. Eso sí, no vemos a ningún Quiroga Santa Cruz a miles de millas a la redonda. Pero valga evocar su memoria y por más de una razón.    

Arce, un ejemplo de consecuencia 

Por ejemplo, otras razones para recordar a Marcelo hoy surgen al revisar el perfil, conducta y diversas expresiones del presidente Luis Arce Catacora. Como el propio Quiroga Santa Cruz menciona en su libro Hablemos de los que mueren: “Veamos no tanto si se dice lo que se piensa, sino si se hace lo que se dice…”.   

Inicialmente, valga destacar que Arce Catacora, en diversas ocasiones, se ufanó de haber pertenecido al PS-1 y expresó su admiración por Quiroga Santa Cruz. Por ejemplo, una entrevista – perfil que en 2014 le realizó la revista Datos se iniciaba con el siguiente relato: “El ministro Arce me deja como primera tarea identificar a las personas de una foto no muy nítida en la testera de una asamblea política. Junto a él aparecen Roger Cortez, Chaly Borth y Gustavo Rodríguez. ‘Es una foto histórica de la dirección de juventudes del Partido Socialista’, explica. Después del asesinato de Marcelo Quiroga Santa Cruz en 1980 se compactó la formación ideológica del ministro Arce en nuevas tareas políticas. ‘Los que lo mataron no sabían que recién empezaba la lucha. Marcelo demostró que uno puede morir por sus ideales’”.Y aunque no precisamente en línea política, Luis Arce Catacora en algo sí fue consecuente: una carrera con probablemente características récord como funcionario público. Salvo dos años de forzosa ausencia, uno por salud (2017-2018) y otro por violento cambio de régimen (2019 – 2020), desde 1987 trabajó para el Estado. Es decir, durante 36 años cobró sueldos del aparato público, a lo largo además de 11 gobiernos de diverso tinte y color.

Su carrera empezó dos años después del inicio de la llamada era neoliberal, en 1987, cuando ingresó a trabajar al Banco Central de Bolivia (BCB). “Yo era uno de los últimos técnicos del banco, hacía un trabajo rutinario con un salario de 400 bolivianos -relata en la mencionada entrevista-. Era un funcionario casi imperceptible. Trabajé 19 años en el BCB desde 1987 y veía como otras personas subían y subían de sueldo y entraban del MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria) y ADN (Acción Democrática Nacionalista) y se repartían las gerencias y cargos jerárquicos…”.

Una vida junto a mega alcancías

Al parecer, una concepción modesta de “imperceptibilidad”, al menos desde 1992, cuando fue designado subgerente de Reservas en la Gerencia de Operaciones Internacionales del BCB. Es más, permaneció en el cargo durante ocho años, hasta 2005, con dos paréntesis: entre 1994 y 1995, fue jefe del Departamento de Información y Publicaciones de la Subgerencia de Investigación Y Análisis y, entre 1996 y 1997, fue becado a la universidad de Warwick, Inglaterra.

Y en cuanto a salarios humildes, en esa década el sueldo promedio, para los subgerentes del BCB, fue de 15.500 bolivianos. Décadas, además, en las que tener un corazón socialista debió ser especialmente doloroso para un subgerente del BCB porque tres partidos monopolizaron en poder en Bolivia: el MIR, liderado por Jaime Paz Zamora; el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), encabezado por Gonzalo Sánchez de Lozada y ADN, liderada nada menos que por el ex dictador Hugo Banzer Suárez.     

Huelga decir que, tal cual demuestran diversos análisis, las palabras “Izquierda”, “Nacionalista” e incluso “Democrática” resultaron meramente decorativas para estas fuerzas políticas. En suma, pese a su pregonado socialismo, Luis Arce fue funcionario de los dos Gobiernos del más renombrado neoliberal boliviano (Sánchez de Lozada, alias Goni). Y, pese a sus añoranzas y fotografías, fue también funcionario del ex dictador señalado como autor intelectual de la muerte de Quiroga Santa Cruz.

Otro factor crónico en la vida del actual mandatario boliviano fue su proximidad a los fondos más importantes del país y a diversas entidades bancarias. Durante cerca de tres décadas gozó de crecientes atribuciones en el manejo de los más importantes fondos nacionales. En su ascenso de “último técnico” a Presidente o, por lo menos, de subgerente a Presidente, fue más que testigo del alza y caída de los dineros que marcan la vida del país.   

Al revisar el Manual de Funciones, queda también claro que un subgerente de Reservas no es precisamente “uno de los últimos técnicos del banco”. Por ejemplo, a los “últimos técnicos” no les competería supervisar que las Reservas Internacionales sean invertidas conforme a lo dispuesto por el Directorio del BCB. No es tampoco un “último técnico” el responsable de “verificar que las inversiones cumplan con los criterios de riesgo, liquidez, retorno y otros límites”. Es más, si se considera la función definida como Operaciones especializadas relacionadas con reservas”. Allí a este singular “último técnico” se le encarga: “la compra de oro en el mercado interno para fortalecer reservas, operaciones de custodia de activos, depósito de reservas con instituciones financieras del exterior, etc.”.  

Hasta ese punto, previo a los mayores saltos en su carrera laboral, la carrera académica de Arce avanzó tres grados: en 1987, año de su ingreso al BCB, recibió su diploma de contador general del Instituto Bancario. En 1991, meses antes de ascender en el Banco a subgerente de Reservas, obtuvo el título de economista en la Universidad Mayor de San Andrés. En 1997, año del inicio de la segunda presidencia de Banzer, Arce retornó de Inglaterra con su grado de maestría y recuperó su conocida subgerencia. Cargo que ejerció hasta fines de 2005.     

Arce, un “duende” “socialista”

Eso sí, la carrera política de Luis Arce hasta 2006 fue mucho menos clara y algo traumática. “Fui simpatizante del Partido Socialista 1 (PS-1) de Quiroga Santa Cruz y después dirigente del ´Trinchera Socialista Universitaria Revolucionaria´ (T-SUR) en la UMSA -declaró a Datos-. Esa es quizá la parte de mi formación ideológica que no ha cambiado”. T-SUR fue el frente universitario del PS-1 y tuvo una vida fugaz entre 1982 y 1985. Eran tiempos en que, tras la muerte de Quiroga, el PS-1 se fraccionó en cuatro frentes, primero, y luego se atomizó.

En ese marco, que se sepa, la pertenencia de Arce a la facción de una de las fracciones del PS-1 sólo tuvo un hecho relativamente público. A principios del Gobierno del Movimiento Al Socialismo (MAS), el “PS-1 MQSC Reconstitución” expulsó de sus filas Gustavo Blacutt, Eduardo Pardo y Luis Arce Catacora. Como es sabido, durante el Gobierno de Evo Morales los tres irían a ocupar destacadas carteras en el área económica. Este hecho es remarcado y fundamentado en un documento de la mencionada organización. Allí se acusa a los expulsados de haberse afiliado a uno de los grupos que más poder irían a alcanzar en el Gobierno masista: el grupo “Los Duendes”.

El texto, titulado “Declaración política del PS-1 MQSC Reconstitución”, acusa a los tres expulsados de múltiples colaboraciones al gobierno de Goni. Más adelante, tras remarcar que fueron “excluidos y expulsados definitivamente” y citar una lista de operadores añade: “… tratan de mantenerse en los cargos que desempeñan en la Administración Pública e incluirnos por la sigla PS-1; o la figura de BMQ, para la campaña EVISTA y se convierta en un manto de impunidad con piel de cordero INDIGENA electoral para confundir a la verdadera militancia socialista”. El texto aún circula en sitios web como Kaosenlared.net, inmediaciones.org y quierenlasilla.org. Esta firmado, entre otros, por Jaime Alcocer, Gonzalo Valdivia y Salvador Rodríguez.          

“Yo tenía un grupo que se llamaba ´Duende´ que se reunía para debatir temas políticos -declaró Arce a Datos-. Éramos en su mayoría exdirigentes del PS-1, al que se sumaron en 2005 intelectuales comprometidos con la izquierda como el vicepresidente García Linera, Chato Prada y otros profesionales. Allí decidimos apoyar el binomio Evo – Álvaro y comenzamos a trabajar por encargo del vicepresidente con Carlos Villegas; redactamos el primer plan de desarrollo que se plasmó en el modelo comunitario productivo, por eso digo que somos los autores del modelo. En enero de 2006 me llaman para que me haga cargo del ministerio. Acepté porque nosotros habíamos hecho el plan de Gobierno y seguramente Evo pensaba que éramos los llamados para ejecutarlo”.

Un ministro neoliberal en el MAS

A partir del 21 enero de 2006, las carreras laboral, académica y política de Luis Arce se volvieron aún más contradictorias. En el discurso, desde sus funciones ministeriales y luego las que desempeñó como Presidente de Bolivia, a partir noviembre de 2020 hasta el presente, se ha adscrito al programa político de Evo Morales. Un programa elaborado por una amplia base de organizaciones, en un proceso político gestado desde la década de los 90 del siglo XX. Movimiento que desembocó en la expulsión de Bolivia del entonces presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, en octubre de 2003, a través de una insurrección popular.

Y justo ahí se marca la probablemente mayor contradicción entre el discurso y las acciones de Luis Arce Catacora. Valga subrayar que Sánchez de Lozada, de la mano de asesores enviados por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y Banco Mundial (BM), fue el impulsor del proceso privatizador de las empresas estratégicas más importantes de Bolivia, como YPFB, ENDE, ENFE, LAB, y otras. Asimismo, el Gobierno de Goni impulsó la aprobación y puesta en marcha de la Ley del Banco Central de Bolivia No. 1670, publicada en octubre de 1995, cuando Arce Catacora fungía como subgerente de Reservas.

Sánchez de Lozada instituyó también cambios en el sistema de pensiones, adoptando el sistema de ahorro individual y contratando a Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP). Empresas a las que encarga la administración del ahorro previsional de los trabajadores bolivianos. La privatización (llamada eufemísticamente “capitalización”) sumió a Bolivia desde 1997 en una crisis profunda y progresiva. Por ello aquel octubre de 2003 la población expulsó a quien consideró causante de una pobreza y caos extendidos. No sobra remarcar que aquella confrontación tuvo un costo de 67 vidas que fue precedido, seis meses antes, por otra masacre donde murieron 32 bolivianos.    

Sin embargo, pese a semejante escenario de cambio y radicalización, un hecho llama la atención de más de un analista: no se conoce una sola publicación de un libro, ensayo o nota de opinión en algún medio de comunicación, ni declaración pública alguna de Arce Catacora que haya cuestionado uno de los ejes del modelo neoliberal impulsado por Sánchez de Lozada. Arce Catacora, como funcionario del BCB, no expresó nunca nada que haya puesto en duda o cuestionado el nuevo carácter (el perfil exigido por el FMI) del Banco Central regulado por la citada ley del fugado empresario-presidente.

Apoyo a política gonista

Todo lo contrario, apoya la norma sin ningún resquemor socialista. En un texto de 2001, Arce valora positivamente medidas adoptadas en ese gobierno sobre la dolarización concluyendo que: "las medidas de política monetaria y cambiaria adoptadas por el BCB en 1994 con el objetivo de remonetizar la economía (…) fueron efectivas. Para continuar con este proceso es importante coordinar un conjunto de medidas dirigidas a remonetizar la economía como se hizo anteriormente, antes que adoptar políticas aisladas”.

Y con esas convicciones Arce llegó al principal cargo en cuanto a política económica del MAS en enero de 2006. Habrá que considerar, además, su formación académica reforzada en Reino Unido, cuna del neoliberalismo. Añádase a ello la casi década de práctica de manejo de reservas de divisas bajo las líneas básicas dictadas por el FMI y el Banco Mundial, inspiradores de la Ley del BCB puesta en vigencia a fines de 1995.

Ése el singular perfil de quien asumió el Ministerio de Hacienda, luego denominado Ministerio de Economía y Finanzas Públicas (2009), entidad que ejerce tuición y nombra a los funcionarios responsables del sistema financiero, regulación bancaria, mercado de valores, impuestos nacionales, aduana y otros.

Eje de la contradicción masista

Fue cuando agravó las contradicciones en el propio Gobierno. Luis Arce heredó, en los hechos, el modelo neoliberal, pero no lo cambió, sino que lo prorrogó y profundizó. Mientras tanto, Evo Morales y su vicepresidente Álvaro García Linera sonaban estridentes con un discurso indigenista, nacionalista, pachamamista y de los matices que las propias organizaciones y bases sociales demandaban. Pero el modelo financiero gonista, gestionado por Arce Catacora, no se movió.

Los resultados de sus gestiones, como Ministro y como Presidente, resultan muy parecidos a los de los gobiernos de Sánchez de Lozada y Banzer: empresas estatales quebradas e intereses transnacionales trabajando ventajosamente en la explotación de los recursos naturales y humanos de los bolivianos. Para ello, basta revisar las diversas evaluaciones y reportajes sobre minería, hidrocarburos y agroindustria. Y se suman la administración de los recursos económicos tanto estatales como los pertenecientes a los jubilados bolivianos.   

La disonancia discursiva de Arce

Curiosamente, pese a esos y otros hechos, la disonancia discursiva de Arce se ha mantenido como si hubiese generado históricas transformaciones en Bolivia. “Cuba hizo eso, ¿verdad? -dijo Arce el 17 de octubre de 2020- Fidel agarró, construyó el socialismo. Empezó a mostrar las bondades: la educación, la salud, en fin…Y les preguntó a los cubanos en un referéndum: ‘¿Quieren ustedes esto? Esto se llama socialismo’. ¿Ah? Y lo mismo va a ocurrir acá”.      

Realizó homenajes o se refirió elogiosamente a Fidel en otras dos o tres oportunidades, también al Che y a Hugo Chávez. Pero sin duda a quien más mencionó fue a Marcelo Quiroga Santa Cruz. Citó en al menos 12 oportunidades la memoria de Marcelo. Allí suma una incumplida promesa: hallar los restos del líder socialista asesinado, por el grupo de seguridad de la familia Banzer, el 17 de julio de 1980. Como es sabido, aquel día, a 9 meses del inicio del Juicio de Responsabilidades contra la dictadura banzerista, el general Luis García Meza asaltó el poder.

Bajo la óptica de Marcelo Quiroga

A la luz de los hechos y de los dichos, valga recordar algunas de las reflexiones de Marcelo Quiroga para evaluar la hoy agonizante gestión de Arce. Bien se podría iniciar con la ya mencionada frase vertida en Hablemos de los que mueren: “Veamos no tanto si se dice lo que se piensa, sino si se hace lo que se dice….”. A la misma, se podría añadir aquellas conclusiones a las que llegó el caudillo socialista al evaluar a otro de los históricamente desastrosos gobiernos de los aquellas décadas. Se trata de lo que señaló en una conferencia brindada en la Universidad Mayor de San Simón, en Cochabamba, el 28 de noviembre de 1967, titulada: “El gas que no tenemos”, citada por Editorial Hora 25.  

 “Quienes llegan a altas esferas del gobierno, para llegar a ellas comienzan por enajenar su independencia, su dignidad personal y cuando continúan en esta tarea terminan comprometiendo la dignidad misma del país”- señalaba Quiroga-. “Hay en los hombres de gobierno una necesidad casi compulsiva de dividir al pueblo de Bolivia…A nosotros nos sitúan en el conjunto de los ilusos, de los líricos, de lo que ellos suelen llamar los ‘tontos útiles’. Nosotros aceptamos complacidos esta última definición y retribuimos con otra que expresa también una verdad: ellos están en el grupo de los ‘tontos inútiles’, inútiles al interés del país”.

El legado de Arce Catacora

Bajo ese parámetro, entre discursos y hechos, ¿dónde, objetivamente, debería ubicarse a Arce Catacora? A contadas semanas del cese de sus funciones presidenciales, el 8 de noviembre, el legado de Luis Arce suma varias marcas en la memoria de los bolivianos:

En lo político, la mayor fuerza política de los últimos 60 años, el Movimiento al Socialismo, de trabajosa articulación desde 1997, hoy bordea su extinción. La facción de Arce cayó en una irreconciliable pelea con el líder de ese instrumento político al que, además, incluso busca aprehender. Según más de una voz, Arce se va enfrentado frente precisamente a quien lo sacó del anonimato y mediocridad burocrática, al margen de los cuestionamientos que le afectan.

En lo económico, Arce gobierna un país cuya población no dispone de divisas, sufre una inflación a la que no se ataca con medida alguna y carece de energía para mover su aparato productivo y de servicios. Sin embargo, simultáneamente, la entidad supervisora del sistema financiero (ASFI) reporta récords en ganancias de los bancos, récords en el valor de las acciones de los propietarios de los bancos y récords en los ingresos por cambio de divisas y comisiones bancarias de esas entidades. En suma, uno de los sectores más cuestionados por Quiroga Santa Cruz se convirtió en uno de los más mimados por su auto pregonado admirador. 

Los mayores beneficiados del “proceso”

La contradicción se agudiza al evaluar el legado financiero del gobierno arcista. Cual impecable gestor, o neo gerente, de las políticas impuestas en los 90 por Sánchez de Lozada, benefició a los íconos del capitalismo mundial. Las Reservas Internacionales Netas de divisas han continuado, silenciosamente y sin pausa alguna, prestadas durante los últimos 20 años, a tasas de interés simbólicas, a la banca de países como EEUU, Japón, Alemania, Reino Unido y Francia. Para ello basta ver los informes de las asignaciones que los responsables del BCB realizaron regularmente. 

 Fueron prestadas incluso a entidades vinculadas al financiamiento de producción de armas utilizadas para intervenciones militares en Libia, Siria, Irak y hasta para el genocidio palestino. Peor aún, dicha conducta expone a Bolivia a la voracidad “sancionadora” de EEUU, por ejemplo, con pretexto de combate a las drogas. Esa voracidad se traduce, en términos prácticos, en el robo puro y simple de las reservas enviadas a esos países, tal cual pasó con Libia.

Por el contrario, los trabajadores bolivianos no tuvieron un trato preferencial ni mucho menos. El Fondo de ahorro previsional, en 2006 sumaba aproximadamente 6 mil millones de dólares y el 2025 pasó a más de 28 mil millones de dólares en 2025. Es decir, se constituyó en el mayor fondo de divisas de la historia boliviana, un ahorro proveniente del sacrificio de obreros, mineros, docentes, etc. Sorprendentemente este fondo se mantuvo bajo administración de las AFP (dos destacados miembros de la banca internacional) contratadas por Sánchez de Lozada hasta 2023, sin modificaciones en las políticas de inversión y administración.

Para mayor perjuicio, su traspaso, retrasado por 13 años a la Gestora Pública, tampoco involucró cambios en las políticas de inversión de las mismas. Lo que derivó en mayúsculas contradicciones para los gobiernos de Evo Morales-García Linera y de Arce Catacora-David Choquehuanca. Es así que quienes lucraron con el ahorro de los trabajadores bolivianos fueron:

Las empresas mineras de Gonzalo Sánchez de Lozada, enmascaradas como empresas extranjeras en paraísos fiscales, se beneficiaron con centenas de millones de dólares depositados en las AFP/Gestora. El mega escándalo financiero se extendió a un mercado de valores regulado por Arce, primero como ministro y luego como presidente. Un mercado que, al más puro (y nada socialista) capitalismo salvaje, financia con el ahorro previsional al agronegocio transnacional afincado en Bolivia; y a empresas de telecomunicaciones transnacionales que reciben moneda nacional y prestan dólares a sus casas matrices…

Todo lo anterior ha sido revelado, sin mayores desmentidos, por decenas de trabajos de investigación periodística que paulatinamente suman una virtual antología del extravío masista protagonizado especialmente por Arce Catacora. Un extravío que presenta un escenario crítico, consecuencia de la aplicación y efectos de unas políticas multisectoriales basadas en el financiamiento de las mismas con ahorro interno dirigido a empresas extranjeras asentadas bajo el pretexto de “inversión extranjera directa”. Lo cual es, simple y llanamente, aquello que, en función a las demandas populares del año 2003, se debían cambiar desde 2006.

Pachamamismo incendiario e intoxicador

A propósito del vicepresidente de Luis Arce, el pachamamismo tampoco deja alguna huella medioambiental positiva como recuerdo. Los pueblos indígenas de las tierras bajas, parte de los sectores más desposeídos de la sociedad boliviana fueron víctimas, en 2024, del mayor ecocidio de la historia nacional. Un pacto Gobierno-empresarios agroindustriales para ampliar la frontera agrícola derivó en la quema de más de 12,6 millones de hectáreas (según Fundación Tierra). Una superficie algo mayor a Cuba y casi igual a Nicaragua, para mayores referencias. Aquel operativo, según la Global Forest Watch, convirtió a Bolivia en el segundo país del mundo en cuanto a destrucción de bosques.   

El legado ambiental también cobró más récords negativos. Durante el Gobierno de Arce y Choquehuanca, Bolivia, según datos oficiales se convirtió en el mayor importador de mercurio del mundo, mercurio destinado a la explotación desregulada de oro. Ello, junto a otras prácticas mineras contrarias al medioambiente en diversas regiones del país, así como el uso de agrotóxicos en la agroindustria contamina la mayor parte de los cuerpos de agua bolivianos. Diversas investigaciones especializadas revelaron, por ejemplo, que los indígenas amazónicos presentan niveles de contaminación por mercurio seis veces mayores al máximo tolerable por el cuerpo humano.      

Pero, nuevamente, fue patente la disonancia discursiva, tanto de Arce como de Choquehuanca. Basta realizar una revisión de los discursos ambientalistas que ambos realizaron en las cumbres de Naciones Unidas y otros foros internacionales.

Un ejemplo, en la Conferencia del Agua de Naciones Unidas del 22 de marzo de 2023, Arce Catacora puso a Bolivia como un ejemplo en la valoración del vital elemento. Citó la declaración constitucional que “reconoce al agua como un derecho fundamentalísimo para la vida, en el marco de la soberanía de nuestros pueblos y sobre la base de los principios del Vivir Bien en armonía con nuestra Madre Tierra; que constituyen el aporte de nuestros pueblos a la emancipación de la humanidad”.

Tras diez minutos de argumentaciones semejantes, cerró su intervención y planteó: “Finalmente, proponemos que se declare el año 2024 como el ‘Año internacional del agua para la vida’(…) para hacer frente a la crisis mundial del agua. Somos hijas e hijos de nuestra Madre Tierra, nuestros cuerpos están compuestos aproximadamente en un 65 por ciento de agua y nuestro cerebro se compone en un 70 por ciento de agua, por lo que somos agua y toda forma de vida depende del agua. ¡Es ahora! ¡Jallalla la Madre Tierra!”.

Valga recordar que el mayor ecocidio de la historia boliviana se produjo precisamente a lo largo de seis meses del 2024. Las repercusiones trascendieron las fronteras bolivianas. Pero algo sorprendió más que la cuasi indiferencia del gobierno arcista con los incendios y su creciente acercamiento a los agroempresarios beneficiados: el ingreso precoz y poco explicable de dos de sus hijos al área empresarial de la agroindustria.

Asuntos de la familia

En efecto, Rafael y Camila Arce Mosqueira, de 25 y 20 años respectivamente, parecen sintetizar todas las áreas del legado que el actual gobierno deja. Uno de los bancos (Ganadero) beneficiados por la cuasi discrecional política financiera del Gobierno les concedió créditos por 9,3 millones de dólares, virtualmente a sola firma. El objetivo: la compra, en noviembre de 2021, de un predio de 2.187 hectáreas, destinado a producción forestal permanente y sobrepuesto a un área protegida en Santa Cruz. No sólo eso, el plan de los Arce Mosqueira fue convertir todo en un campo de producción de soya y maíz. Para ello, fueron parte de quienes en 2024 incendiaron los bosques de la Amazonía boliviana en 2024 violando diversas leyes.

En suma, un escándalo que sintetiza del legado arcista completamente con el añadido del elemento aún no citado: la corrupción. Sí, para variar, también hay un legado en el campo moral, de ética política y personal, crecientemente cuestionada y que, a estas alturas, afecta a la dignidad del cargo, a la dignidad del pueblo boliviano y, también, al peligro que siga afectando el uso de recursos públicos para el enriquecimiento personal y familiar. Eso, al margen de múltiples casos que involucran al esquema gubernamental.

Cuando empezaron a multiplicarse las denuncias contra la familia presidencial ya en el tercer año de su gobierno, Arce lanzó una altisonante expresión que repitió varias veces: “Con mi familia no se (te) metan (tas)”. Pero en meses recientes la cambió por: “Mis hijos son mayores de edad, ellos tienen su vida propia, tienen su familia, son casados y tienen sus hijos (...) hay que ser muy claros, ellos tendrán su defensa en cualquier instancia legal que sea necesaria, de acuerdo a lo que corresponda”.   

Para mayores complicaciones, al margen de las acusaciones sobre polémicos manejos en importantes empresas estatales, Luis Arce y su otro hijo, Marcelo Arce Mosqueira, fueron denunciados por dos indignadas damas. Los procesos por irresponsabilidad paterna y violencia contra la mujer, les afectan respectivamente.

Los Duende y la “opción socialista” 

Sin embargo, queda claro que si algo más ha sido funcional a la gestión de Arce y sus aliados eso fueron los operadores de justicia. Lo que se ha llegado a denominar como el “sicariato judicial” en diversas áreas y niveles respondió al Gobierno. Curiosamente, según más de una versión, esos operadores evitaron la última intención de Arce por usufructuar, una vez más, el legado de Quiroga Santa Cruz. Sucedió hace algo más de un año, durante la disputa que se desató entre Luis Arce y Evo Morales por la personería jurídica del MAS.

Por entonces, los operadores gubernamentales, básicamente el eje de “Los Duendes” buscaron un plan “B” en caso de que Evo se quedase con la sigla. “Quieren presentarse con la sigla del PS-1 rehabilitándola ante el Tribunal Electoral -explica uno de los documentos del PS-1 MQSC Restauración-. Para ello se reúnen en dependencias del Ministerio de Hacienda y en la Facultad de Derecho”. Pero la disputa fue ganada pírricamente por Arce, cuya imagen cayó a niveles impresentables electoralmente.

En los hechos, no le habría sido nada fácil al hipotético candidato Luis Alberto Arce Catacora usar la bandera del PS-1. ¿Qué tipo de justificativos habría podido esgrimir para explicar todas las negaciones, contrasentidos y contradicciones de su carrera política frente a las ideas y postulados de Marcelo Quiroga Santa Cruz?

Queda claro que sus hechos y políticas resultan mucho más afines a los de quienes fueron acusados por el caudillo socialista en agosto de 1979. Ese diputado que el 3 de septiembre de aquel año terminaba su desafío al esquema de corrupción minera, agroindustrial, bancaria y militar con las siguientes palabras:

“No es el odio, lo hemos dicho desde el primer día, que guía nuestros pasos, es una pasión por la justicia. Sabemos, por el contrario, que todo está en contra nuestra. No controlamos los medios de comunicación, no disponemos de protección alguna, sabemos que estamos hiriendo, y profundamente, a ese sector de la clase intermediaria, a esa oligarquía que tuvo en Banzer a su administrador, que tuvo en el expresidente Banzer al administrador de sus intereses, y sabemos ¡que más pronto que tarde se cobrarán esto que estamos haciendo! ¡Estamos dispuestos a pagar ese precio! ¡Siempre estuvimos dispuestos! ¡Jamás vamos a rehuir el peligro, porque mucho más temible que ese enemigo que está buscando anularnos, aún físicamente, es una consciencia culpable! ¡Y no podríamos soportarnos a nosotros mismos si no cumpliéramos nuestro deber!


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