Mujeres en lucha, país en deuda

Cada 11 de octubre, Bolivia homenajea a Adela Zamudio y a todas las mujeres que rompieron silencios. Pero la igualdad real aún no llega, y el país sigue mirando hacia otro lado

Bolivia celebra cada 11 de octubre el Día de la Mujer Boliviana, en homenaje al nacimiento de Adela Zamudio, pionera en la defensa de los derechos femeninos. Pero más de un siglo después, su voz sigue resonando con la misma vigencia. Porque si bien las mujeres han conquistado espacios impensados hace apenas unas décadas, el país todavía les debe algo más profundo: igualdad real y condiciones dignas para desarrollarse en todos los ámbitos de la vida.

Las cifras lo confirman. Bolivia exhibe leyes de avanzada —una Constitución paritaria, cuotas de género en los legislativos, normas contra la violencia—, pero en la práctica el poder sigue siendo masculino, vertical y excluyente. Las mujeres cargan con la doble o triple jornada, invisibilizadas en el trabajo doméstico y de cuidado, mientras el discurso oficial las aplaude en público pero las abandona en la cotidianidad. No hay política efectiva de conciliación familiar, ni servicios de guardería suficientes, ni una estrategia seria para reconocer el valor económico del cuidado. Se predica la igualdad, pero se gobierna desde el patriarcado.

La lucha de las mujeres bolivianas no se resuelve con homenajes ni leyes formales, sino con políticas que valoren el cuidado, repartan las cargas y transformen el poder

La economía también reproduce esta desigualdad. Las mujeres son mayoría en el sector informal, donde no hay seguro de salud, estabilidad ni jubilación. En el campo, sostienen la producción agrícola y el cuidado de los hogares sin acceso pleno a la tierra ni al crédito. En las ciudades, soportan la precarización laboral y la discriminación salarial. Todo esto ocurre en un país que se proclama plurinacional, pero que sigue asignando roles tradicionales bajo una fachada de modernidad.

En Tarija, como en el resto de Bolivia, las mujeres sostienen buena parte de la estructura social: son madres, trabajadoras, maestras, funcionarias, emprendedoras, cuidadoras. Sin embargo, rara vez son escuchadas cuando se toman decisiones sobre educación, salud o economía. La dinámica de la última campaña lo confirma. Las políticas públicas parecen diseñadas desde escritorios distantes, sin una mirada sensible al tiempo, el esfuerzo y las cargas emocionales que implica ser mujer en una sociedad desigual.

Es hora de poner el cuidado —esa tarea silenciosa y esencial— en el centro de la agenda pública. No como un gesto simbólico, sino como una cuestión estructural que atraviesa la justicia social, la productividad y la sostenibilidad de cualquier modelo de desarrollo.

El Día de la Mujer Boliviana no puede ser solo una fecha para flores, discursos y condecoraciones. Debe ser un llamado a revisar los pactos políticos, económicos y culturales que sostienen la desigualdad. A reconocer que sin políticas de equidad en el empleo, en la educación, en la representación y en el acceso a servicios básicos, la paridad seguirá siendo un eslogan vacío.

El país necesita un nuevo pacto social que reconozca el valor de las mujeres más allá de su resistencia, que las vea como protagonistas del presente y no solo como símbolos de lucha. Mientras la política siga secuestrada por el cálculo partidario y las estructuras machistas, Bolivia seguirá en deuda con la mitad de su población.

El 11 de octubre debe recordarnos que la revolución pendiente no es la del voto o del cargo, sino la del respeto, la corresponsabilidad y la libertad.


Más del autor
El castigo de los avaros
El castigo de los avaros
Tema del día
Tema del día
La salud también se educa
La salud también se educa