Educación vial: una deuda que mata cada día

El 5 de octubre se recuerda el Día Internacional de la Educación Vial, una fecha que interpela a Bolivia con cifras que muestran un aumento sostenido de accidentes y muertes en las carreteras

Cada 5 de octubre se conmemora el Día Internacional de la Educación Vial, una fecha que debería servirnos para mirarnos en el espejo y reconocer una verdad incómoda: Bolivia está fracasando en materia de seguridad vial. Las cifras oficiales de la Dirección de Tránsito son contundentes. Hasta junio de 2025, el país registró 9.731 accidentes de tránsito, lo que supone un incremento del 10,45% respecto al mismo periodo del año anterior. Dicho de otra manera, cada día ocurren en promedio 54 hechos de tránsito, muchos de ellos prevenibles, muchos de ellos fatales.

Lo más alarmante es que la tendencia va en sentido contrario a lo que ocurre en países vecinos. Mientras en Argentina y Chile los accidentes y muertes por siniestros viales muestran una reducción sostenida, en Bolivia los números escalan año tras año, con la única excepción del 2024, cuando se registró una leve baja. Sin embargo, incluso en ese año la cantidad de fallecidos se incrementó un 15,3%, alcanzando 1.748 muertes, un índice de casi cinco personas al día.

La comparación duele: Bolivia, con 11,3 millones de habitantes, tuvo más muertes por accidentes que Chile, que cuenta con 19,6 millones de personas y reportó 1.439 decesos en 2024. La brecha poblacional no deja lugar a excusas; es un problema de gestión, de educación, de cultura vial. Argentina, con cuatro veces nuestra población, tuvo 4.027 muertes, pero en un marco de reducción constante que lleva ya una década. En cambio, nosotros seguimos atrapados en la lógica del accidente inevitable, como si la imprudencia y la tragedia fueran parte del paisaje.

El 57% de los casos en Bolivia tiene como causa principal la imprudencia del conductor. Y lo que muestra la evidencia es aún más revelador: al contrario de la percepción común, apenas un 6% de los accidentes estuvo vinculado al consumo de alcohol. La mayor parte se debe a conductores que ignoran las normas, motociclistas que circulan sin casco, vehículos sin SOAT, sin ITV, incluso sin placas. No son hechos fortuitos, sino síntomas de un Estado débil y una ciudadanía que no asume responsabilidades básicas.

La Educación Vial, que da nombre a la efeméride de este 5 de octubre, no puede seguir siendo un enunciado vacío en los currículos escolares ni una campaña esporádica de afiches y spots radiales. Debe convertirse en política pública transversal, desde la escuela hasta los exámenes de licencia, desde la fiscalización rigurosa hasta la sanción efectiva. Educar no es solo enseñar a memorizar señales, sino formar conductores conscientes, peatones responsables y autoridades que hagan cumplir la ley.

Bolivia necesita un plan nacional de seguridad vial con metas verificables, que combine prevención, educación y control. Santa Cruz concentra casi la mitad de los accidentes del país; La Paz y Cochabamba completan un panorama donde las ciudades más grandes cargan con la mayoría de la siniestralidad. Allí debe priorizarse la acción, sin descuidar a las demás regiones. Y Tarija no puede mirar de costado: aunque sus cifras son menores en términos absolutos, cada víctima es una vida arrebatada que pudo salvarse con casco, con freno, con educación.

No hay excusas para la inacción. Bolivia no puede seguir tolerando que la imprudencia y la indiferencia cobren más vidas que muchas enfermedades o desastres naturales. El Día Internacional de la Educación Vial debe recordarnos que los accidentes no son accidentes: son la consecuencia directa de la falta de educación, de fiscalización y de compromiso con la vida.

Es tiempo de asumirlo.


Más del autor
El castigo de los avaros
El castigo de los avaros
Tema del día
Tema del día
La salud también se educa
La salud también se educa