Cosaalt después de Cosett

La diferencia es que la Cooperativa de Agua es un monopolio en mercado cautivo, pero la eficiencia del servicio hace tiempo que dejó de ser aceptable

Nadie duda de que el cooperativismo fue una respuesta necesaria para garantizar buena parte de los servicios públicos para todos los ciudadanos. Más aún aquí lejos del eje central, todos los departamentos periféricos como Tarija, con poca población y muchas necesidades, tuvieron que organizarse para garantizarse el agua, muchas veces la luz y también el teléfono. Todavía es la esencia del desarrollo periurbano en zonas de bajos recursos y alta demanda poblacional, aunque nunca pudo cumplir un rol en el área rural.

El problema vino después, con los servicios instalados y la capacidad técnica ajustada con sobreesfuerzos, las memorias se fueron volviendo frágiles, los intereses políticos y personales sobrevolaron por sus órganos directivos y la corrupción se instaló en casi todas sus parcelas. Las cooperativas se convirtieron a menudo en refugios y cajas chicas para intereses oscuros, sobreviviendo gracias a que se seguía brindando el servicio, aunque la calidad técnica fuera cada vez peor.

Es en las Cooperativas donde se ha aplicado con mayor rigor en todo el país las rigideces de la Ley Laboral, ajena a la realidad social de Bolivia

Un denominador común de las Cooperativas tiene que ver con el desastre en la gestión de personal. Su carácter participado por los socios y la condición electa de sus principales cargos siempre hizo que los trabajadores se convirtieran en el nudo gordiano de la negociación. A veces guardianes de secretos, otras veces movilizadores de masas. Es en las Cooperativas donde se ha aplicado con mayor rigor en todo el país las rigideces de la Ley Laboral, ajena a la realidad social de Bolivia y capaz de hacer quebrar a cualquiera, más con una Justicia que solo entiende un idioma.

La Cooperativa de Servicios Telefónicos de Tarija (Cosett) es uno de los grandes ejemplos de un manejo negligente, aun cuando el fracaso de la institución se debe a malas decisiones técnicas tomadas en el momento clave - nunca entendieron el verdadero rol que la telefonía celular y el propio internet iba a tomar en el mundo – y también a la despiadada competencia en un sector en el no pudieron rivalizar nunca.

La corrupción galopante desde hace años y la rigidez de la norma laboral han agudizado el desastre y seguramente, alargada la agonía de una Cooperativa que ya no tiene razón de ser y en la que sus socios – la mayor parte gente mayor y parte de un mercado semicautivo que no tiene ganas de abordar muchos cambios – no deberían demorar en tomar las decisiones de fondo antes de que la catástrofe les salpique… o les arrastre.

El ejemplo de Cosett que se ha aireado estos días por el anuncio de remate de su emblemático edificio en la plazuela Sucre para cubrir deudas con trabajadores y que no es el principio del fin, sino un hito más en el descenso a los infiernos que empezó hace muchos años, obliga a mirar a la otra Cooperativa central en Tarija, la que administra el servicio de Alcantarillado y Agua (Cosaalt) y que hace tiempo da muestras de la misma agonía a pesar de las diferencias sustanciales: administra un bien público como el agua, protegido constitucionalmente, esencial para la vida y dentro de un monopolio aparentemente irremplazable.

El riesgo en cualquier caso es similar: acabar prestando un mal servicio que dañe a los ciudadanos, pues no en vano, Tarija sigue sin tener una Planta de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR) que afecta a la salud y también a parte importante de su principal cadena productiva. La diferencia es que en caso de que llegue el desastre, el mercado es cautivo, y elevar las tarifas será la salida fácil.

En estos tiempos de participación interactiva, es urgente poner el foco en ello y tomar la atención precisa. Tarija no puede permitirse un nuevo descalabro con Cosaalt.


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