Turismo para la paz y el desarrollo en Tarija
Sin aeropuertos modernos, carreteras seguras y pasos fronterizos funcionales, el flujo de turistas seguirá siendo limitado
Cada 27 de septiembre el mundo conmemora el Día Mundial del Turismo, recordando que este sector no es solamente un motor económico, sino también una herramienta de diálogo, entendimiento y paz. En 2024, el lema de la Organización Mundial del Turismo es claro: “Turismo, herramienta de paz”. Una consigna que invita a pensar cómo las comunidades pueden aprovechar esta actividad no solo para generar ingresos, sino también para tejer puentes entre culturas y promover una convivencia respetuosa y enriquecedora.
En Bolivia, el turismo sigue siendo un potencial más que una realidad consolidada. Y en Tarija, con sus dos fronteras —la del norte con Argentina y la del este con Paraguay—, las oportunidades están a la vista, aunque también los desafíos. Contamos con paisajes únicos que van desde los viñedos más altos del mundo hasta serranías y valles que deslumbran a los visitantes. Nuestra cultura, que mezcla raíces andinas, chaqueñas y criollas, es también un atractivo que podría posicionar a Tarija como un destino diferenciado en la región.
Tarija tiene todas las condiciones para ser un destino de paz y de desarrollo sostenible, pero requiere planificación, inversión y visión de futuro
Sin embargo, para que ese potencial se convierta en política de Estado y en motor sostenible de desarrollo, debemos mirar más allá de la coyuntura y apostar a medidas concretas. El turismo no se construye únicamente con campañas publicitarias o ferias internacionales: requiere planificación, infraestructura y, sobre todo, respeto por la comunidad que lo recibe.
Tarija necesita, en primer lugar, mejorar su conectividad. Sin aeropuertos modernos, carreteras seguras y pasos fronterizos funcionales, el flujo de turistas seguirá siendo limitado. Apostar por un transporte más eficiente es clave para que tanto el turismo interno como el extranjero puedan desarrollarse de manera sostenida.
En segundo lugar, urge un plan de turismo sostenible. No podemos cometer los errores de otras ciudades del mundo que, en nombre del crecimiento, vieron colapsar sus espacios naturales o vieron deteriorarse la calidad de vida de sus habitantes. En Tarija, la preservación de nuestros ecosistemas —desde la Reserva de Sama hasta el bosque chaqueño— debe ser una prioridad. Promover rutas ecológicas, senderismo responsable, visitas guiadas a comunidades rurales y actividades de bajo impacto ambiental permitirá atraer a un turismo de calidad, interesado en la experiencia y no en la depredación.
Además, el turismo debe ser inclusivo. Incluir a las comunidades locales, capacitarlas y garantizar que los beneficios económicos lleguen a las familias es fundamental. El visitante debe llevarse no solo la imagen de nuestros paisajes, sino también la calidez de nuestra gente, reflejada en gastronomía, artesanía y experiencias culturales vivas.
Por último, la educación juega un rol esencial. La hospitalidad se aprende y se profesionaliza. Es necesario que Tarija invierta en formación de guías, en escuelas de hotelería y en capacitaciones que fortalezcan al sector. La improvisación puede servir a corto plazo, pero si queremos un turismo de calidad, necesitamos profesionales preparados y comprometidos.
El Día Mundial del Turismo nos recuerda que viajar no es solo desplazarse: es encontrarse con otros, aprender y transformar realidades. Tarija tiene todas las condiciones para ser un destino de paz y de desarrollo sostenible, pero requiere planificación, inversión y visión de futuro. Si no se toman decisiones ahora, perderemos una oportunidad histórica. Si lo hacemos, en cambio, podremos mostrar al mundo que aquí, en el sur de Bolivia, el turismo es mucho más que un eslogan: es una verdadera política de paz y progreso.


