San Roque: orgullo y compromiso
La Fiesta Grande de San Roque concluye este martes, dejando emociones, aprendizajes y un compromiso renovado con la tradición tarijeña
Las Fiestas Grandes de San Roque llegan este martes a su desenlace tras varias jornadas de música, tradición, devoción y convivencia popular que han vuelto a llenar las calles de Tarija. Como cada septiembre, San Roque se convierte en ese espacio colectivo donde lo cotidiano se suspende para dar lugar al encuentro, a la memoria compartida y a la reafirmación de una identidad que se renueva con cada generación.
En tiempos de incertidumbre como las que se viven en Bolivia, no es menor la importancia de disfrutar del momento y concentrar esfuerzos en empresas comunes para que salgan bien. La fiesta es también un respiro, un recordatorio de que la vida se compone de instantes luminosos que merecen ser vividos con intensidad y gratitud. En ese marco es importante no perder el foco: es importante que se mantengan las tradiciones y que haya una comisión que vele por que se observen de la manera adecuada, pero todo debe llevarse en el marco de la Fe y el respeto: nadie sale a danzar junto al Santo intentando hacerlas cosas mal, sino todo lo contrario. Aprender de los mayores y cuidar la fiesta debe ser principio rector, y es el diálogo el mejor camino, pues las actitudes autoritarias no ayudarán.
El Encierro debe ser motivo de orgullo colectivo, al tiempo que los errores sirvan de lección para que la fiesta crezca cada año con más fuerza y mejor organización.
El Encierro, símbolo mayor de estas jornadas, debe volver a demostrarnos que la tradición no es un peso del pasado, sino un orgullo vivo que nos distingue como tarijeños y nos une como pueblo. Su fuerza no está solo en el rito, sino en la emoción colectiva que despierta y en la certeza de que, pese a las dificultades, la comunidad es capaz de encontrarse y celebrarse por encima de todas las diferencias. Recordar estas cosas en estos tiempos de tantos extremos es especialmente importante, y esa debe ser la prioridad.
Al mismo tiempo, una fiesta tan grande y diversa como la de San Roque no está exenta de errores ni de tensiones. Es responsabilidad de todos —autoridades, organizadores, promesantes y ciudadanía— asumirlos con humildad y transformarlos en aprendizajes. Solo así será posible que las Fiestas sigan creciendo, con más seguridad, mejor organización y mayor proyección cultural y turística. Porque San Roque no es únicamente una devoción local: es un patrimonio que debe ser cuidado, enriquecido y compartido con el país y el mundo. Hoy más que nunca el turismo es una de las grandes fuentes de futuro y las cosas extraordinarias, como la Fiesta de San Roque, Patrimonio Mundial de la Humanidad según la UNESCO, es uno de esos elementos que no se pueden olvidar.
El desafío, pues, es doble: conservar la esencia de la tradición y, a la vez, mejorar cada detalle para que la fiesta siga siendo motivo de orgullo. Este martes, cuando el último repique de campanas anuncie el cierre y los chunchos cierren su canto, recordemos que lo vivido es más que una celebración: es un compromiso renovado con la comunidad y con el futuro de nuestra cultura.


