Bolivia y su democracia herida
El problema es más profundo: cuando la gente deja de creer en la democracia, queda un vacío que puede ser ocupado por la apatía, el autoritarismo o incluso la violencia
Cada 15 de septiembre el mundo recuerda el valor universal de la democracia, entendida no como un sistema perfecto, sino como el marco que nos permite convivir en libertad, resolver nuestras diferencias de manera pacífica y garantizar los derechos fundamentales. El Día Internacional de la Democracia nace para recordarnos que no hay un único modelo válido, pero sí hay principios irrenunciables: elecciones libres, instituciones independientes, equilibrio de poderes y ciudadanía activa. La democracia no atraviesa su mejor momento a nivel mundial, donde se multiplican los líderes vociferantes y autoritarios, pero aun así sigue siendo el mejor sistema de los probados para vivir en paz.
En Bolivia este recordatorio llega en un momento delicado. No basta con acudir a las urnas cada cierto tiempo si el resultado se percibe como manipulado, si el fantasma del fraude planea sobre cada proceso electoral o si amplios sectores de la población no confían en las instituciones llamadas a garantizar la transparencia, que se han ganado a pulso esa desconfianza con acciones concretas. La democracia se erosiona cuando los tribunales constitucionales actúan al servicio del poder de turno, cuando los órganos legislativos se convierten en trincheras partidarias y cuando los organismos electorales son incapaces de transmitir confianza a la ciudadanía.
Se trata de garantizar que cualquier ciudadano pueda expresarse sin miedo, que los votos cuenten y que los derechos no dependan de la cercanía con el poder
El problema es más profundo: cuando la gente deja de creer en la democracia, queda un vacío que puede ser ocupado por la apatía, el autoritarismo o incluso la violencia. Recuperar la fe en las instituciones exige reformas reales, compromiso político y, sobre todo, participación ciudadana. No hay democracia posible si los ciudadanos se convierten en espectadores resignados. No la hay si los ciudadanos solo son números, trols, hinchas irracionales que repiten consignas y defienden modelos tramposos. No hay democracia cuando su ejercicio queda restringido a votar sin poder siquiera protestar.
Hoy, el gran desafío en Bolivia no es solo organizar elecciones, sino volver a darle a la democracia un contenido real y vital. Se trata de garantizar que cualquier ciudadano pueda expresarse sin miedo, que los votos cuenten y que los derechos no dependan de la cercanía con el poder. La democracia se ejerce cada día: en la prensa libre que fiscaliza, en la comunidad que se organiza, en el joven que exige transparencia, en el ciudadano que defiende sus derechos y cumple sus deberes.
En este Día Internacional de la Democracia, el llamado es claro: necesitamos creer de nuevo en la democracia y practicarla con responsabilidad. No hay otro camino para construir un país más justo, libre y digno para todos.


