Una jubilación digna sin bonos

Bolivia necesita debatir con seriedad un monto mínimo de jubilación universal que garantice vida y dignidad a sus adultos mayores, más allá de parches como la “Renta Dignidad”

Bolivia enfrenta un desafío social que no admite más dilaciones: garantizar a sus adultos mayores una jubilación que les permita vivir con dignidad. La mayoría de los trabajadores no alcanza a tener una pensión suficiente, y la alternativa que el Estado ha ofrecido durante años —la Renta Dignidad— se ha convertido en un paliativo insuficiente y, a la larga, indigno. Un monto de 350 bolivianos, que incluso se concede a quienes ya cuentan con jubilación, es una cifra que apenas cubre necesidades básicas y refleja la urgencia de un debate profundo sobre cómo proteger a quienes han trabajado toda la vida.

En la campaña electoral, donde todo vale, se han escuchado propuestas para elevar este bono a 2.000 bolivianos, algo que la ortodoxia liberal – y también Evo Morales - no ha tardado en criticar con dureza. Pero la discusión no debería centrarse en un parche temporal, sino en cómo garantizar una jubilación mínima universal, basada en criterios de equidad, sostenibilidad y justicia social. La pregunta fundamental no es cuánto subir el bono, sino cómo estructurar un sistema de pensiones que permita que todos los trabajadores reciban una renta digna al final de su vida laboral, con montos que reflejen los años de contribución y el costo real de la vida.

La verdadera Renta Dignidad es una jubilación mínima universal, financiable y justa, no un bono de emergencia que solo disimula la precariedad de nuestros mayores

Este debate es complejo porque involucra la sostenibilidad fiscal, el papel de la seguridad social, la informalidad laboral y los recursos del Estado. Sin embargo, postergar la solución solo genera desigualdad y precariedad. Bolivia necesita políticas públicas que aseguren ingresos dignos para todos los jubilados, independientemente de su historia laboral, pero dentro de un marco que permita financiar el sistema de forma responsable y sostenible.

La Renta Dignidad, concebida como un bono, ha cumplido escasamente su función social, pero no puede sustituir un sistema de pensiones robusto. Mantenerla como referencia mínima o recurrir a incrementos puntuales no resuelve el problema estructural. Por el contrario, distrae la atención de lo esencial: diseñar un esquema universal que respete la dignidad de los adultos mayores, sin favoritismos ni inequidades.

En este contexto, corresponde a los futuros legisladores y al próximo gobierno asumir la responsabilidad de construir un marco legal y financiero que haga posible la jubilación universal. La sociedad boliviana está observando, y los adultos mayores, que dieron su vida al trabajo y a la comunidad, merecen claridad, seriedad y compromiso. Es hora de pasar de los bonos parciales a una solución definitiva, que garantice seguridad, bienestar y justicia.


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