A Chaguaya

La peregrinación juvenil a Chaguaya es más que una caminata: es símbolo de fe, voluntad y compromiso.

Este viernes, como desde hace décadas,  Tarija se ilumina con una energía joven, vibrante y profundamente significativa: la Peregrinación a Chaguaya. Organizada por la Pastoral Juvenil, esta caminata, que reúne a cientos de jóvenes —y otros tantos adultos comprometidos—, trasciende lo religioso, y en estos tiempos individualistas, altamente politizados y con la fiebre electoral a flor de piel, donde la incertidumbre manda, se convierte fácilmente en metáfora de un país capaz de caminar hacia su propio renacer. No estamos frente a un rito cualquiera: es un ejercicio colectivo de fe, esperanza y perseverancia.

En estos tiempos tan intensos como los que vivimos, donde se alimenta la división o la desconfianza, la decisión de salir a pie desde Tarija hasta el Santuario de Chaguaya —más de 60 kilómetros que serán más de 10 horas de caminata— es una lección de templanza. La fisonomía moderna del activismo, construida sobre la urgencia, la prisa y generalmente líquida, puede aprender mucho de este ejemplo: caminar juntos, paso a paso, en comunidad, en silencio y con propósito, es un acto de madurez colectiva.

Tarija y Bolivia entera necesita encontrar esa fuerza: caminar junta, construir y llegar, con esfuerzo y sacrificio, con dedicación y amor.

Esta peregrinación es también una llamada para que los jóvenes se reconozcan como actores de cambio reales. No es solo fe lo que los mueve, sino la convicción de que el compromiso no termina en un voto o un post, sino en la participación constante, en el paso sostenido para cumplir lo que se prometió. En una coyuntura donde la política parece frecuente en la palabra y escasa en el acto, esta peregrinación nos recuerda que los cambios sólidos siempre empiezan por acciones cotidianas pero sostenidas y por la integridad de mantener promesas.

Tarija y Bolivia entera necesita encontrar esa fuerza: caminar junta sin depender de las cámaras, demostrar que nuestros territorios conocen el valor de caminar, construir y llegar, con esfuerzo y sacrificio, con dedicación y amor.

Sumarse a la peregrinación de Chaguaya es una decisión personal. Hay motivos religiosos, culturales, tradicionales. Hay convicciones personales y motivaciones colectivas, pero efectivamente nadie camina tanto solo para “estar con los amigos”. El desafío personal, el cumplir la promesa, el llegar a la meta – al primer intento, o al segundo, o al octavo, o simplemente seguir intentándolo – es un ejercicio de superación que deja enseñanzas positivas.

Y aunque pareciera que todo está claro, siempre es bueno reiterar en la recomendación de cuidar la carga en la mochila y prepararse el calzado adecuado, y además, sumarse con atención al fervor, con respeto a la historia y con disposición para dejar huella. Porque estos días, el sentido comunitario es más poderoso que cualquier otra consigna.

A todos quienes emprendan ese largo camino: buen camino. Que cada paso lleve fe, fuerza y propósito. Que al llegar a la iglesia, con los pies cansados y el corazón henchido, se comprenda que muchas veces cumplir lo prometido es la mejor forma de renovar la esperanza.


Más del autor
Tema del día
Tema del día
Fronteras que no resuelven
Fronteras que no resuelven