El misterioso “bloque popular”

Las estrategias se redefinen, los mensajes también, dentro de nuevos marcos y con nuevos miedos y apuestas

La inmensa mayoría de los analistas sostenía que el clivaje principal de esta elección iba a ser la economía. Que los bolivianos decidirían su voto en función de quién tuviera la mejor oferta para sacar de la crisis al conjunto del país. En esas, (casi) todos los candidatos se esforzaron en dar una respuesta simple aunque fuera incierta: Llegará el FMI, ahorrar, titular el litio, repatriar los dólares ocultados en el extranjero… casi todos pedían una buena dosis de fe mientras exprimían recetas importadas, pero lo cierto es que, al menos la primera vuelta, no se ha definido en esos términos, sino, una vez más, en los aspectos más emocionales de la política, que van incluso más allá de lo identitario.

Los dos candidatos que han pasado a la segunda vuelta han tendido marcos sobre ese aspecto, apoyándose sobre todo en sus vicepresidentes. Libre apelaba a lo aspiracional a través de JP Velasco: lo que los bolivianos quieren ser; el PDC a lo relacional a través de Edman Lara: lo que los bolivianos somos, y sobre eso, se han ido desarrollando las campañas y propuestas con todos sus hitos.

El “bloque popular” no es un sujeto externo o inanimado; es – somos -, simplemente, el grueso de los votantes bolivianos a los que muchos candidatos ni siquiera se han tomado el tiempo de escuchar

El otro factor clave que muchos pasaron por alto es eso que llamamos “el bloque popular”, algunos como categoría de análisis y otros con mucho desprecio. Muchos análisis preveían que con el Movimiento Al Socialismo disuelto tras una acción de gobierno calamitosa, y con Evo Morales proscrito por instrucción del Tribunal Constitucional Plurinacional y acción del Tribunal Supremo Electoral, ese enorme bloque de votantes acabaría por tomar posiciones dentro de las opciones tradicionales de una forma más o menos proporcional, algo que efectivamente no ha pasado, pero que ya las encuestas venían advirtiendo durante semanas: las campañas electorales no solo no han beneficiado a los candidatos, que se han mantenido en el entorno del 20% durante seis meses, sino que indicaban que el voto blanco, nulo e indeciso seguía creciendo y representaba más de un 30% del electorado, que además, todo hay que decirlo, es justo aquel que menos representado está en las “muestras estadísticas” diseñadas y seleccionadas por las encuestadoras.

Ese “bloque popular” que conforman no solo el área rural, sino gremiales, mineros, choferes, indígenas, obreros, etc., y que alguna vez optó por votar al MAS, pero que no es propiedad de nadie, sigue tan vigente como siempre: 1,6 millones de votos del PDC, 1,2 millones de voto nulo, 400.000 de Alianza Popular, 160.000 del MAS, etc., son más de la mitad de los 6,4 millones de votos emitidos, y efectivamente, nadie debe creerse propietario de ellos, ni querer definirlos a la izquierda o a la derecha, socialistas o capitalistas, porque evidentemente, lo son todos, porque evidentemente, no son un “bloque popular” como sujeto externo o inanimado, son, somos, simplemente, el grueso de los votantes bolivianos a los que muchos candidatos ni siquiera se han tomado el tiempo de escuchar.

La campaña empieza de nuevo, y ha empezado muy fuerte. Las estrategias se redefinen, los mensajes también, dentro de nuevos marcos y con nuevos miedos y apuestas. Veremos su desarrollo hasta el 19 de octubre.


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