La campaña que viene

El análisis frío de los datos, más allá de la sorpresa de Paz o la desaparición casi total del MAS de la Asamblea, deja un escenario recurrente pero abierto

La democracia es sin duda la mejor de las formas para resolver los problemas y marcar los caminos, y el domingo, una vez más, los bolivianos acudieron masivamente a los colegios para expresar su voz fuerte, libre y nítidamente, aunque serán después los políticos los que saquen las conclusiones pertinentes de lo votado, pues ese es su trabajo.

De momento acudiremos en octubre a una segunda vuelta inédita entre dos candidatos que tampoco eran los favoritos en las ánforas. Tuto Quiroga apareció arriba en casi todas las encuestas, pero superado por Samuel Doria Medina; Rodrigo Paz voló bajo el radar durante meses hasta las dos últimas semanas, donde inició un crecimiento vigoroso. Tuto reclamó su liderazgo del espectro de la derecha y logró superar a Samuel en esas últimas semanas clave; Paz se proclamó de centro y apeló a los sectores populares junto a su candidato a vicepresidente Edman Lara, y cosechó los votos moderados del sector popular y también de clases medias que buscaban un cambio tanto de políticas como de actores.

Nada está dicho, de hecho, la campaña para la segunda vuelta ya ha empezado, además con buen tono entre ambos candidatos, aunque no sin matiz táctico: Tuto no quiere ser el líder de los “antiguos” y debe buscar voto en el centro mientras que Paz no quiere correr riesgos de que lo asocien con el MAS, aunque está dispuesto a dar la pelea por su herencia política. La guerra sucia, por cierto, también ha empezado.

Los candidatos se han cruzado buenas palabras, pero la guerra sucia ya ha empezado

Las elecciones han dejado algunos otros titulares y aspectos a reflexionar. La vigorosa campaña de Samuel Doria Medina ha acabado en un fracaso considerable, y después de 20 años ligando campañas, parece que anunció un paso al costado. Como sea, no le ayudaron algunas incoherencias entre sus palabras y sus programas ni, por supuesto, el apoyo del empresario Marcelo Claure, que desde Estados Unidos se arrojó una influencia que nunca tuvo ni tendrá, pues si algo no quieren los bolivianos, son patrones.

Los datos hay que analizarlos con reposo. El anunciado vuelco a la derecha parece no haberse dado, pues después de la batalla abierta entre tutistas y samuelistas para forzar la definición ideológica de los votantes, apenas se pueden contar en ese lado los votos de Libre y de ADN. Por otro lado, el bloque popular – que nunca fue demasiado izquierdista, por cierto, aunque eso es otro debate – sigue intacto: Buena parte del voto del PDC, el millón largo de votos que sumó el nulo pedido de Evo Morales y que muchos quieren ignorar, los 400.000 de Andrónico, los 150.000 de Eduardo del Castillo y hasta los 80.000 de Johnny Fernández conforman un solo bloque mayoritario que rechaza una forma de hacer las cosas y que esta vez ha concurrido separado, pero que ha sido clave en la definición de los resultados, una vez más.

Siguen quedando dos meses más de campaña y los problemas del país siguen ahí. Es importante no perderlo de vista en este tiempo.


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