Votar siempre sin miedo

Las elecciones del 17 de agosto son una oportunidad para que Bolivia se reencuentre consigo misma y reafirme que la democracia es el camino común

Este 17 de agosto, los bolivianos tenemos una cita crucial con las ánforas. No se trata solo de elegir un presidente o un grupo de legisladores; se trata de reafirmar, una vez más, que la democracia sigue siendo nuestro mejor camino para resolver las diferencias y construir consensos, incluso si la voluntad es la de impugnar todo el proceso. En un momento en que la incertidumbre política, económica y social se siente en cada esquina, el voto consciente y libre se convierte en un acto de coraje y de esperanza y en la herramienta principal para sostener la unidad de la Patria.

Estas son, probablemente, las elecciones más abiertas del siglo XXI en Bolivia. No hay un ganador predeterminado, no hay un resultado escrito, y eso es precisamente lo que les da valor. El país entero observa, expectante, cómo se cruzan las propuestas, las promesas y las tensiones. En este escenario, el miedo es un mal consejero. Quedarse en casa o el voto dictado por la bronca momentánea pueden convertirse en armas que otros utilicen para decidir por nosotros, por eso resulta imprescindible participar.

En democracia, la victoria no es de un candidato: es de todo un pueblo que se respeta a sí mismo

Votar en conciencia significa informarse, comparar, evaluar, pensar no solo en el presente, sino en el país que queremos dejar a las próximas generaciones. No se trata de elegir a quien nos grite más fuerte al oído, sino a quien tenga la capacidad, la honestidad y la visión para afrontar los enormes retos que tenemos por delante, conociendo el país y sus gentes y pensando en el bienestar de todos y cada uno de ellos.

La democracia no es perfecta; está hecha de acuerdos, de concesiones y de respeto mutuo. A veces nos frustra, a veces nos decepciona. Pero en democracia, incluso cuando nuestro candidato pierde, ganamos todos si se respeta la voluntad popular. Ganamos porque las reglas siguen en pie, porque la palabra del ciudadano sigue teniendo peso, y porque las instituciones mantienen su legitimidad o, como en este caso, se da el primer paso para recuperar una institucionalidad absolutamente pisoteada con el paso del tiempo.

Por eso, este 17 de agosto no votemos con miedo ni con rabia: votemos con la serenidad de quien sabe que su decisión cuenta, y que cada voto es una pieza de un país que se construye día a día. Votemos recordando que, en democracia, la victoria no es de un candidato, sino de un pueblo entero que se respeta a sí mismo.

El futuro no se adivina: se decide. Bolivia se asoma a un periodo nuevo, abierto y plural, donde todas las voces serán importantes, donde se requerirá del diálogo de todos y con todos, y por ello no debe haber complejos ni pasos atrás. Es tiempo de que Bolivia se reencuentre y pacte sus mínimos acuerdos de convivencia.

Este domingo, cada boliviano tiene en sus manos la herramienta más poderosa para hacerlo: el voto.


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