El ajuste de Tarija
Tarija necesita algo más que una permanente visión pesimista y lastimera que no condice con su rol histórico ni su carácter
Llegados a este punto de la crisis económica y política nacional, el descalabro es cuestión de tiempo. La víctima inmediata va a ser la Autonomía, tanto en su concepto como en su aplicación práctica y sin embargo, siempre ha resultado muy imposible echarle la culpa a algo que nunca tuvo las espaldas suficientes para funcionar como se deseaba.
En general el Gobierno Autónomo Departamental está al borde de la bancarrota, y efectivamente no se puede decir que todo es culpa de los demás. También se han hecho muchos méritos para llegar a esta situación, y sobre todo, muchos deméritos: hace tiempo que nadie asume la gravedad del asunto y se pasa el tiempo esperando a que pase un milagro, pues ni siquiera se hacen las gestiones oportunas ante los niveles competentes para revertir o corregir la situación.
Efectivamente se cometieron muchos errores desde el propio diseño de la autonomía, sobrecargado de autoridades intermedias superpuestas para el mismo fin, como los ejecutivos seccionales que para colmo se definieron como electos, pero también queriendo influir en todos los niveles involucrando a los municipios en la gestión de fondos y tratando de cubrir responsabilidades que no tocaban.
La Ley Marco de Autonomías fue estudiada al milímetro para aniquilar cualquier atisbo de autonomía económica y financiera desde la panificación
Claro que hay un problema de diseño en la Constitución, agravado después por la Ley Marco de Autonomías, estudiada al milímetro para aniquilar cualquier atisbo de autonomía económica y financiera desde la panificación, lo que a todas luces es una agresión al objeto mismo, pero eso no quita que los sucesivos gobiernos que pasaron por los mandos de la Gobernación, y sobre todo el interino de Lino Condori, hayan empleado más tiempo en crear mecanismos óptimos para agilizar los gastos que para planificar la eficiencia del mismo.
La autonomía tarijeña se construyó sobre los recursos del gas obedeciendo a la promesa del “mar de gas”, ya que no se trataba solo de una ilusión o una fe ciega en los planes del gobierno, sino en la cadena infinita de certificados de disponibilidad presupuestaria firmados por el Ministerio de Economía de aquel tiempo que permitió empezar obras de lo más dispares en los confines del departamento, pero que no generaron ninguna responsabilidad después, cuando la disponibilidad presupuestaria, junto algas de San Alberto y San Antonio, se volatilizó.
En la coyuntura actual, la falta de liderazgo y creatividad es agobiante. El gobierno de Adrián Oliva buscó aire planteando un plan de rescate global al Gobierno y buscando crédito a mediano plazo con entidades financieras, mismos que hoy cuesta pagar. La de Óscar Montes se ha dedicado desde el principio y durante cinco años a tratar de recortar y recortar, incurriendo en tremendas chapuzas como la del pretendido cierre del Servicio Departamental de Caminos (Sedeca), pero que en el global no ha logrado encauzar ninguna recuperación.
Sea quien venga después de la actual gestión deberá traer propuestas creativas para el departamento, propuestas que permitan sostener el anhelo del autogobierno y darle ilusión a sus ciudadanos, profesionales y empresarios. Tarija necesita algo más que una permanente visión pesimista y lastimera que no condice con su rol histórico ni su carácter.


