Elegir a los buenos
El próximo parlamento estará ciertamente fraccionado, por lo que será imprescindible una buena plancha de diputados y senadores que sean capaces de pactar y crear soluciones
Este lunes acaba el plazo para inscribir a los candidatos y la atención se centra sobre los candidatos a presidente y sobre sus “acompañantes” a la vicepresidencia, cuyo rol es vital en este sistema presidencialista, ya que le da amplios poderes sobre el sistema legislativo, pero de los que se habla prácticamente nada.
De la misma forma, este lunes también acaba el plazo para inscribir a los diputados y senadores de cada partido y por cada circunscripción, candidatos a los que se les da todavía menos atención, pero que serán más decisivos que nunca. Todas las encuestas prevén un parlamento ciertamente dividido con al menos cuatro o cinco grandes fuerzas, por lo que cualquier tipo de mayoría simple requerirá del acuerdo de al menos dos fuerzas políticas, lo que exigirá, por lo tanto, mucha capacidad de diálogo y de acuerdo, dos temas que a nivel internacional están en claro declive.
Bolivia no es la excepción, de hecho es algo así como pionero en esta forma de hacer política desde el ordeno y mando, desde la imposición: ya en el primer mandato el MAS tuvo mayoría; los dos siguientes tuvieron la mayoría de dos tercios, lo que le permitió acomodar el reglamento de sesiones a la nueva realidad en 2020 tras haber perdido esa cualidad, sin embargo, la prematura ruptura de la bancada del MAS hizo que tampoco eso sirviera para respaldar la gestión, que por otro lado, no debería basarse en eso.
La última legislatura hizo aguas ni bien se rompió la bancada, a pesar de que el cambio propiciado en el reglamento daba diferentes posibilidades aritméticas
La última legislatura hizo aguas ni bien se rompió la bancada, a pesar de que el cambio propiciado en el reglamento daba diferentes posibilidades aritméticas para conformar mayorías y cumplir con la verdadera misión de la Asamblea Plurinacional, que más allá de fiscalizar, es tener la iniciativa política para generar acuerdos que mejoren la calidad de vida de la gente.
Lo cierto es que nada de eso ha sucedido: la primera parte de la legislatura apenas se renovaron algunas instituciones como la Defensoría del Pueblo, pero pronto llegaron los roces con las leyes y decretos relativos a la integración del sistema financiero en las normativas internacionales y que se bautizaron como planes “contra el enriquecimiento ilícito” y que de igual forma salieron derrotadas. Además hubo algunas interpelaciones a Ministros que finalmente el Tribunal Constitucional vetó y el presidente eludió evidenciando el escaso respeto a la división de poderes.
La segunda parte ya ha sido un querer y no poder: El gobierno no ha previsto ninguna reforma de calado y apostó por los créditos internacionales y los contratos del litio, que tal como se preveía, no salieron adelante bajo ningún concepto por mero cálculo político inmediatista, aunque el gobierno tenga razón en que el bloqueo a los créditos ha acabado perjudicando a todos los bolivianos y que el propio MAS hay perdido la perspectiva más soberanista en el desarrollo de la industria del litio en su nueva técnica.
Como sea, serán los próximos parlamentarios quienes tengan la llave de la gobernabilidad en la mano, los que perfilen el horizonte del país y los que acaben por encontrar los espacios necesarios para superar la crisis y retornar a Bolivia a la senda del crecimiento y el bienestar. En esas, es imprescindible encontrar a los mejores hombres y mujeres, con mayor capacidad de diálogo y entendimiento, que sean capaces de construir. Toca ser exigentes.


