Volver al gas

Es necesario volver sobre nuestros pasos, evaluar a corazón abierto y sin reproches qué se hizo mal, invertir lo suficiente para reactivarlo y a partir de ahí, planificar el futuro enganchados al siglo XXI y no al XIX

La situación de crisis económica que vive el país tiene una causa principal: la caída de los ingresos por la venta del gas natural a Argentina y Brasil, cuyos contratos han expirado. Este bajón de ingresos, que se empezó a sentir en 2015 cuando temblaron las cotizaciones del barril de petróleo en todo el mundo, y que en Bolivia se mantuvo en el tiempo por la caída de las nominaciones y la pérdida de las reservas ha tenido una traducción específica: Bolivia ha perdido unos 3.500 millones de dólares de ingresos anuales desde entonces.

Hay opiniones para todo y es bastante común en ciertos círculos considerar un fiasco la nacionalización y responsable de este problema. El tiempo ha evidenciado algunos errores no tanto del concepto, sino de cómo se materializó el plan a través de los años, pues era evidente que el país necesitaba los dólares de la nacionalización para apalancar su crecimiento y que las empresas transnacionales reconocieron sus excesos, pues prácticamente ninguna abandonó el país, sin embargo, era YPFB quien debía asumir un rol protagónico en la exploración reinvirtiendo ahí los ingresos obtenidos, pero en lugar de eso, el gobierno prefirió apuntalar su proyecto hegemónico llevando obras a todas las comunidades del país mientras delegaba en esas mismas transnacionales a las que fustigaba - de palabra más que de obra – la tarea clave de encontrar nuevos yacimientos.

Cuando sonaron las alarmas, el gobierno optó por la vía de los incentivos (pagar más por el mismo trabajo si se hacía más rápido) y por levantar la protección en las reservas naturales, pero el mundo de la energía estaba cambiando aceleradamente y Bolivia dejó de ser un país atractivo en ese rubro.

Sin gas, se acabaron los dólares. Los grandes sectores del agro y la minería no han sido capaces de reemplazarlos a pesar de tener escasas obligaciones tributarias y gozar de la subvención

Siempre será una incógnita qué hubiera pasado en el sector si se hubiera administrado de otra manera, si las utilidades se hubieran seguido repatriando a terceros países o si no se hubieran eliminado las obligaciones de explorar a quienes decidían explotar en el país. De la misma forma, siempre será una duda qué debería haber hecho el sector privado en todo este tiempo de bonanza, cuando los dólares circularon por el país fruto del control de las empresas estratégicas del Estado, pero que no sirvieron para articular realmente un sector privado al margen del Estado.

Sin gas, se acabaron los dólares. Los grandes sectores del agro y la minería no han sido capaces de reemplazarlos a pesar de tener escasas obligaciones tributarias y gozar de la subvención en dos de sus principales costos: el diésel y la energía. Tampoco la estrategia del litio ha logrado ser implementada para lograr divisas a gran escala.

Así, probablemente sea necesario volver sobre nuestros pasos, agarrarnos al gas, evaluar a corazón abierto y sin reproches qué se hizo mal, invertir lo suficiente para reactivarlo y a partir de ahí, planificar el diseño del futuro enganchado al siglo XXI, ya no al XIX o al XX.

Bolivia es un país resiliente de gente dura y trabajadora donde rendirse no es una opción, pues nadie vendrá a regalarnos nada.


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