La COP 28 y las vergüenzas de la ONU

El optimismo siempre fue falso porque el planteamiento siempre fue llenar el sur de plantas solares y molinos para salvar sus árboles mientras el norte no paraba de consumir

Arranca en Dubai lo que sin lugar a dudas será la enésima cumbre del clima decepcionante para propios y extraños, pero eso apenas sería noticia porque es lo habitual. Lo que empieza en Dubai puede ser la definitiva capitulación de las Naciones Unidas como elemento central de la gobernanza mundial.

Con el cambio de siglo Estados Unidos decretó la guerra global contra el terrorismo con intervenciones en Afganistán, Irak y aquella mano negra detrás de la romantizada “Primavera Árabe” que básicamente renovó dictaduras – la de Mubarak por Al Sisi en Egipto -, destruyó países como Libia y enquistó otros conflictos como el de Siria alumbrando ni más ni menos que al ISIS. Hoy la diplomacia de aquel país reconoce que la estrategia afectó a su propia hegemonía mundial y se hizo más enemigos que aliados.

Parte de ese fiasco se materializa en la pérdida de influencia de las Naciones Unidas, que dejó de ocuparse de los asuntos de la paz y la gobernanza por el muro infranqueable del Consejo de Seguridad y su capacidad de veto. En busca de su propia utilidad aprovechó el efecto 2000 y el incremento de la evidencia científica sobre el calentamiento global para convertirlo en su razón de vida.

Nunca fue fácil y nunca hubo consensos amplios, pero entre unos y otros se fueron acordando una serie de conceptos básicos en los que todos podían estar de acuerdo, y aunque aquello de los “objetivos del Milenio” fue papel mojado, en París, en 2015, se acordó “hacer esfuerzos” para “mantener el aumento de la temperatura global promedio por debajo de los 2 °C por encima de los niveles preindustriales” y el mecanismo consistió en que cada país hacía su propia contribución nacional, sin fiscalizadores ni mayor exigencia que la palabra dada.

Que iba a ser un fracaso estaba cantado, aunque en esto del márketing moderno y la dependencia absoluta de las Organizaciones No Gubernamentales de los Gobiernos – fíjate tú qué paradoja – a todos les pareció un éxito.

Luego vino una pandemia, una guerra sistémica con Rusia y muchas tensiones en el Oriente Medio, entre esos países que nadan en petróleo y que han desarrollado una capacidad de lobby casi infinita.

La credibilidad de la institución está en juego, y esta vez no bastará con frases apocalípticas que arrancan titulares

La COP 27 se celebró en los confines de Egipto, una dictadura de las de toda la vida donde no hubo posibilidad de que la “sociedad civil organizada” – que en estas cumbres suele ir con billete pagado por las mismas ONG y gobiernos que participan – escenificaran su descontento o ejercieran algo de presión, que aunque siempre resulta teatral, al menos se escuchan algunas cosas interesantes. En cambio, se contabilizaron hasta 600 lobistas de empresas petroleras, gasíferas, automotrices, carboneras, etc., haciendo lobby y mostrando al mundo los esfuerzos que hacen por ser “más verdes”.

Como la cosa salió bien, la COP 28 se instala de nuevo en una dictadura aún más férrea, en los Emiratos Árabes, y colocan como presidente de la plenaria ni más ni menos que al ministro de Industria de Emiratos y presidente del gigante petrolero ADNOC (Abu Dhabi National Oil Company), el Sultán Ahmed al Jaber. Básicamente todo está dicho con eso.

El optimismo siempre fue falso porque el planteamiento siempre fue llenar el sur de plantas solares y molinos de vientos sin tocar sus bosques mientras en el norte, que lo quemaron todo en ese desarrollo que nos sometió y nos sigue sometiendo a través de un comercio mundial injusto, siguen consumiendo sin parar, y así no se cambian las cosas.

La credibilidad de la institución está en juego, y esta vez no bastará con frases apocalípticas que arrancan titulares. La gente está ya curada de espanto y esto parece un sálvese quien pueda. Y en esas, o se modifica el enfoque, o no habrá ninguna batalla que dar.


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