Motín policial

En general, la institución policial en Bolivia es una de las instituciones que genera menos confianza entre la población

Estos días se cumple el aniversario de aquellos hechos históricos, sea cual sea el prisma desde el que se los juzgue, que llevaron a Evo Morales al exilio en México y a Jeanine Áñez a una presidencia con la que ni siquiera soñaba dos semanas antes.

De aquellas jornadas hay varios detalles todavía por analizar y depurar, y uno de ellos es precisamente el motín policial que arrancó en la Unidad Táctica de Operaciones Policiales (UTOP) en Cochabamba y que se extendió por todo el país. Ese y no otro fue el desencadenante de los hechos finales: la plaza Murillo quedó desierta y Morales prefirió recogerse en El Alto y huir unas horas después a Chimoré el 10 de noviembre para finalmente, a pesar de estar rodeado de sus leales, acabar saliendo al exilio hacia México.

El cuerpo necesita una modernización urgente, acabando con la militarización y algunas prácticas que solo tienen fines recaudatorios

La historia la cuentan los vencedores, y por ende, en primera instancia aquel movimiento policial fue catalogado de “heroico” y el gobierno de Jeanine Áñez no dudó en condecorar a los responsables, pero lo cierto es que ninguna democracia liberal moderna podría tolerar siquiera esa posibilidad, pues supone una amenaza a todo el Estado de Derecho.

El hecho fue clave en la caída de Morales y hasta hoy resulta inexplicable que el ministro de Gobierno de aquel entonces, Carlos Romero, se encontrara rezando de la mano con el comandante policial Vladimir Calderón a la hora exacta en la que el gobierno se resquebrajaba: solo 24 horas después salió la resolución de la OEA en la que cuestionaba las elecciones y que resultó ser el disparadero final: los que protestaban habían marcado muy claramente sus objetivos en Palacio Quemado y los que debían protegerlo se retiraron.

Se trató entonces de una insubordinación y un atentado a la cadena de mando grave, pero curiosamente, desde que el Movimiento Al Socialismo recuperó el gobierno a través de la legitimidad de las ánforas tampoco ha tomado medidas drásticas sobre la institución verdeolivo.

En general, la institución policial en Bolivia es una de las instituciones que genera menos confianza entre la población, algo grave cuando se supone son quienes deben protegerla. Varios expertos en la materia han señalado que el cuerpo necesita una modernización urgente, acabando con algunas prácticas que solo tienen fines recaudatorios, como los batallones de Seguridad Física, actualizando su estructura y desterrando las prácticas más militaristas que no conducen a una mejor protección y defensa de los derechos humanos, sino más bien a todo lo contrario.

Reformar la institución policial es uno de los grandes desafíos de este gobierno o del que venga. Profesionalizar el cuerpo es algo que va más allá de dotar de buenos uniformes y mejores herramientas de trabajo, que ya han mejorado mucho, sino que se trata en incidir en la formación de los agentes y en los mecanismos que permitan eliminar a los malos policías sin vuelta. 

Los bolivianos necesitamos alguien en quien confiar, los bolivianos necesitamos una mejor policía.


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