Petro y el desafío de la integración continental

Petro ha sabido mutar de la “izquierda jurásica” hacia posiciones más modernas y democráticas. ¿Qué papel es el que quiere desempeñar Bolivia en este nuevo ecosistema?

Después de una vida preparándose para gobernar, Gustavo Petro logró el domingo 19 de junio una brillante victoria en un escenario que no habían previsto. El ingeniero Rodolfo Hernández había roto todas las previsiones con un discurso populista por la derecha que desmontó los planes clásicos, pero aun así, la campaña fue capaz de adaptarse, poniendo el foco en el rival para que sus propias contradicciones los desnudaran: Petro logró dos millones de votos más que en la primera vuelta mientras que Rodolfo, que había recibido el apoyo explícito de Federico Gutiérrez “Fico”, perdió un millón de los que hubieran supuesto la suma automática de los votos de ambos. El voto no se endosa.

Así, Colombia, el único país de Sudamérica que nunca encaró una reforma agraria y que ha sido gobernado por los conservadores desde siempre da un giro histórico hacia una propuesta radicalmente diferente a la que estaba acostumbrada: justicia social, equidad, igualdad de oportunidades, etc. O al menos ese es el plan.

Petro ha tenido que hacer muchas concesiones y emprender un camino hacia la moderación. Ya hay quien lo considera un político de centro, aun así, su discurso ha sido capaz de movilizar a los jóvenes y a las clases más pobres además de a una clase media progresista incubada en Colombia, aunque quizá lo que le dio el último empujón para acabar con el establecimiento fue la portada de la revista Semana, en jornada de reflexión, que invitaba a analizar si se votaría por el “ingeniero” o por el “exguerrillero”, como si Petro no tuviera profesión.

Lo bueno de la carrera de fondo que emprendió Petro es que todos los estigmas que se le han colgado desde que empezó en esto se han ido cayendo. Fue guerrillero del M-19, un grupo urbano y progresista que participó de la negociación de la Constitución del 91 y dejó las armas, pero siempre hay quien se lo recuerda, igual que sus flirteos con Hugo Chávez y Fidel Castro, con quien ha marcado diferencias en lo democrático. Su defensa habitual en esto es recordar que Colombia ya es Venezuela en tanto depende del petróleo y hay enormes bolsones de pobreza y grandes diferencias.

El giro en Colombia es igual de inédito que el desembarco de Gabriel Boric en La Moneda y el triunfo de un populista rural como Pedro Castillo en Perú, tres cambios de los últimos meses que le están imprimiendo un nuevo carácter político al continente, más soberanista y más socialista, en el continente más desigual y probablemente más “libertario”, y aunque se espera que el círculo se acabe de cerrar con un triunfo de Lula da Silva en Brasil en la próxima primavera, conviene que se avance ya en un sentido común que de frutos para consolidar todos los proyectos de integración que algún día se hablaron y acabaron quedando en el aire.

El triunfo de Petro también es un mensaje para el boliviano Luis Arce. Petro ha sabido mutar de la “izquierda jurásica” hacia posiciones más modernas y democráticas. ¿Qué papel es el que quiere desempeñar Bolivia en este nuevo ecosistema continental? Sin duda no hay márgenes para malas decisiones.


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