Con el ojo en los niños y las mujeres
Las condiciones de aislamiento social han puesto en evidencia que la mayor parte de la violencia se ha producido al interior de las propias familias
Antes del confinamiento ya se supo que uno de los mayores peligros para las mujeres víctimas de violencia y para los niños era el hogar. Lamentablemente esto se corroboró, pues a más de tres meses de aislamiento los casos nos han dejado de subir.
De acuerdo a las estadísticas, entre el 1 de enero y el 22 de julio del 2020 se registraron 67 feminicidios y 39 infanticidios en Bolivia. Las autoridades coinciden en que las condiciones de aislamiento social han puesto en evidencia que la mayor parte de estos casos se han producido al interior de las propias familias.
De acuerdo al Ministerio Público de los 67 hechos de feminicidio 27 se registraron en La Paz, seguido de Santa Cruz con 11 y Cochabamba con 7. También hay reporte de estos crímenes en Oruro (6), Beni (5), Potosí (4), Chuquisaca (3), Tarija (2) y Pando (2).
Mientras que los 39 casos de infanticidio, se reportaron 13 en el departamento de La Paz; siete en Oruro y siete en Cochabamba. Santa Cruz reportó 6 casos; Potosí, 4; Beni, 1; y Chuquisaca. 1.
Esto nos demuestra que, pese a todas las acciones realizadas, sobre todo respecto a las mujeres, la violencia continúa. Desde nuestros escritos y desde hace mucho tiempo hemos apelado por soluciones de fondo muy ligadas a la educación, pero también por la creación de un plan nacional concreto que suprima la burocracia y endurezca las penas contra los agresores.
En estos tiempos es primordial idear algo urgente y centrar también los ojos en esto, pues claro está que la situación de pandemia no se irá de un día para otro. Mientras ésta transcurre las mujeres y los niños corren gran riesgo, muestra de ello los elevados números de fallecimientos.
“La nueva normalidad” que implica aprender a vivir con la pandemia, también debe significar el brindar atención a otros problemas no menos importantes como éste. Pero si bien pedimos un plan nacional de acción conjunta e intensa, también nos debe quedar en claro la importancia de la educación y es ahí donde recordamos el concepto de nuevas masculinidades que mucho hemos promovido.
Entonces nos preguntamos ¿Se puede cambiar el pensamiento machista que ha perdurado por años en nuestra sociedad?
Lo masculino siempre se ha asociado con la violencia, el dominio y la fuerza; se tiene la idea de que los hombres son los que proveen a la mujer y desde niños les enseñan que deben actuar de acuerdo a estereotipos, por ejemplo: jugar a los carritos, realizar deportes rudos y vestir de azul. Hoy en día esto está cambiando, las nuevas masculinidades proponen la idea de promover el trato igualitario entre los hombres y las mujeres.
Pero, ¿Cómo se aprende a ser hombre con esta visión? ¡Se debe actuar, no pensar! Pensar en la igualdad no lava los platos, no cambia pañales y no limpia la casa. Lo mejor es llevarlo a cabo, y compartir todas las tareas entre hombres y mujeres.
De manera paralela será fundamental trabajar en la educación desde la visión de las nuevas masculinidades
En México existe una asociación que participa activamente en la construcción de las masculinidades alternativas se trata de Género y Desarrollo A.C, (Gendes) especializada en el trabajo con hombres impulsando procesos de reflexión, intervención, investigación e incidencia desde la perspectiva de género.
Ésta es una manera de aportar a la construcción de estas nuevas masculinidades y en el futuro seguro tendrá grandes frutos. Más aún, la coyuntura en primera instancia exige algo urgente que como primer punto acerque los canales de denuncia a las víctimas, tanto niños como mujeres, y no los dejemos a su suerte.
Posterior a ello será importante el plan concreto que comience con la revisión de todos los errores, rescate lo mejor y replantee lo hecho hasta ahora. Y finalmente de manera paralela será fundamental trabajar en la educación desde la visión de las nuevas masculinidades.


