Compras, decisiones y otros asuntos de la coordinación en pandemia

En un país empobrecido como Bolivia, no debería existir la posibilidad de malgastar recursos al calor de los acontecimientos ni guiados por las estrictas urgencias tantas veces más políticas que médicas. En ese sentido, coordinar esfuerzos entre los diferentes niveles de Gobierno es...

En un país empobrecido como Bolivia, no debería existir la posibilidad de malgastar recursos al calor de los acontecimientos ni guiados por las estrictas urgencias tantas veces más políticas que médicas. En ese sentido, coordinar esfuerzos entre los diferentes niveles de Gobierno es fundamental, y lograrlos con las diferentes fuerzas políticas y movimientos sociales pasa por ser muy recomendable.

Nada de esto ha pasado desde hace más de dos meses que se inició la emergencia en el país luego de detectar los dos primeros casos de coronavirus en marzo. El Gobierno, tras los buenos propósitos iniciales, se replegó en sus cuarteles de invierno para calcular cada paso desde la óptica propia, quién sabe si electoral.
Al final fue el flamante embajador Mohammed Mostajo, al parecer al frente de este tipo de decisiones, quien acabó desmintiéndolos a todos, Presidenta, Ministra de Comunicación y Ministro de Salud incluidos.
Semanas después, la falta de coordinación se convirtió en un pulso soterrado y finalmente, en un despropósito que escondía un afán por eludir un asunto tan espinoso como la decisión sobre las cuarentenas. Resulta que todos consideran que la misma es el único método efectivo para ralentizar la expansión del virus, pero nadie quiere cargar con la responsabilidad de definirlo por aquello del qué dirán. Esperpentos como el de El Alto y figuras imposibles como el cambio de calificación de alto riesgo a riesgo moderado de Villa Montes - 0 casos, 0 muertos, 0 sospechosos y una sola prueba realizada - en solo una semana dan cuenta de esos extraños cálculos. Ni siquiera la muy autonómica España o el muy Federal Estados Unidos han dispersado así las responsabilidades.

Desde el Gobierno también se apunta a Gobernaciones y Alcaldías cuando surgen los reclamos por la falta de equipos de protección individual, mientras que la FAM le recuerda que lo habitual en estos casos es gestionar compras de gran tamaño por aquello de mejorar precios, y no pretender que Yunchará o Curahuara de Carangas tengan que entrar en esas pugnas. De hecho, sí existen las agencias de compra creadas con ese fin, aunque se hayan dedicado a otros proyectos.

El despropósito de la semana pasada no es tolerable y no debería volverse a repetir. No necesitamos comprar respiradores a bulto ni repartirlos a partes iguales, como si Salomón en persona estuviera gobernando este país. Necesitamos comprar las cosas que realmente necesitamos.

Después de media docena de intentos, la explicación del Gobierno parece ser que los ambus recibidos por parte de la empresa española – recién ingresada en estos rubros con la crisis – no son parte de los 500 respiradores que desde hace dos meses se vienen prometiendo y que nunca llegan.

Antes, el Gobierno había promocionado la entrega como si de esos respiradores de Terapia Intensiva se tratara, y cuando los médicos y especialistas cuestionaron la utilidad, otros voceros intentaron defender la adquisición como muy útil, incluido el propio Ministro. A Tarija, ayer, ya solo llegaron “insumos”, según rezaba la convocatoria de prensa.

Al final fue el flamante embajador Mohammed Mostajo, al parecer al frente de este tipo de decisiones, quien acabó desmintiéndolos a todos, Presidenta, Ministra de Comunicación y Ministro de Salud incluidos.

La situación es complicada y las urgencias apremian, pero el Gobierno debe rendir cuentas de lo que compra y de lo que decide en estos tiempos de pandemia, pues no hay posibilidad de errar, no hay margen de error, no hay “estamos aprendiendo”. Es tiempo de hacer las cosas bien.

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