La desconcertante respuesta Sudamericana a la Covid-19

El virus se ha volcado en las últimas semanas sobre Sudamérica, donde la pandemia está golpeando con extrema seriedad en la mayor parte de los países, que comparten algunas características de salud, sin embargo, no se puede hablar de una respuesta coordinada a la emergencia, sino más bien...

El virus se ha volcado en las últimas semanas sobre Sudamérica, donde la pandemia está golpeando con extrema seriedad en la mayor parte de los países, que comparten algunas características de salud, sin embargo, no se puede hablar de una respuesta coordinada a la emergencia, sino más bien todo lo contrario.

Dos de los diez países sudamericanos ya están entre los 15 con más contagios. Es el caso de Brasil, que supera los 200.000 contagios y suma más de 13.000 muertos, pero también de Perú, que con apenas 31 millones de habitantes suma más de 76.000 contagios y recorta distancias a los dos gigantes de los mil millones: China e India.
Dos de los diez países sudamericanos ya están entre los 15 con más contagios. Es el caso de Brasil, que supera los 200.000, pero también de Perú, que con apenas 31 millones de habitantes suma más de 76.000
No son los únicos países con problemas. Chile, que levantó sus restricciones hace tres semanas, ha tenido que volver a instaurar la cuarentena tras sumar 10.000 nuevos casos en tres días. Otros como Ecuador han protagonizado bochornosos momentos duplicando sus datos en un momento dado y después, reduciendo el número de contagios e incluso de fallecidos por Covid en otro.

Por lo general, las características del continente más desigual del mundo, con grandes nichos de pobreza, barrios populosos y la informalidad como denominador común del sector laboral, no ha contribuido a que funcionen las medidas de contención comúnmente establecidas. Por otro lado, la debilidad de los sistemas médicos, generalmente privados, no contribuye a “creer” en la estadística que cada país genera.

Que los índices de letalidad sean más bajos que en otros continentes sugiere que el criterio de toma de muestras no es homogéneo: En Europa, por ejemplo, solo se confirman los que requieren atención hospitalaria, mientras los pacientes de síntomas leves se aíslan en casa y no cuentan en las cifras oficiales.

Por lo general, en Argentina, Colombia, Bolivia y también Brasil, se acepta que el número de pruebas es muy insuficiente para tener una imagen real del impacto en la sociedad. Otros como Venezuela o Paraguay ni se consideran. A eso se suma una gran cantidad de muertes que, se sospecha, no engrosan tampoco en los datos.

De todo, quizá lo más preocupante haya sido la falta de cooperación continental para tratar de sobreponerse a la crisis donde no solo se juega la salud, sino también lo económico.

China – Estado continente – logró aislar el virus al paralizar completamente la región de Wuhan mientras el resto del enorme país la abastecía; Estados Unidos, con sus pulsos, ha brindado recursos para coordinar estrategias; en Europa se discute la reconstrucción económica conjunta, aunque con poco éxito e incluso África se ha plantado en bloque para anunciar el no pago de la deuda externa, exigir insumos y la liberación de las patentes de los futuros medicamentos y vacunas que de la crisis salgan.

De Sudamérica, sin embargo, no solo no hay proyectos de reconstrucción conjuntos ni posiciones de lobby, sino que no hay siquiera una intención de diálogo y solidaridad interna para lo más inmediato.

Más allá de las ideologías, el tiempo de la política gruesa ha llegado. Convendría que los líderes sudamericanos lo tuvieran en cuenta, pues la pandemia puede ser un momento de salir fortalecidos, o no salir.

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